Aprender a ahorrar

En una hucha o en una cuenta corriente, el ahorro es el pilar básico de una buena educación financiera. :: r. c./
En una hucha o en una cuenta corriente, el ahorro es el pilar básico de una buena educación financiera. :: r. c.

Los jóvenes españoles suspenden en educación financiera, que se imparte voluntariamente en colegios e institutos. «No valoran el dinero ni saben lo que cuesta ganarlo»

SUSANA ZAMORA

Tenía solo siete años cuando en su Arequipa natal, al sur de Perú, José Adolfo Quisocala imaginó una vida mejor para sus compañeros de clase, que malgastaban en golosinas y cromos el dinero que recibían para el bocadillo o el material escolar. Sus familias vivían al día, sin apenas recursos para salir adelante y, en la mayoría de los casos, endeudadas hasta el cuello. Los chavales no solo no eran ajenos a la dura realidad doméstica, sino que empezaban a reproducir los mismos comportamientos, dejándose arrastrar por el consumismo y el gasto superfluo de los mayores. Ahí fue cuando a este niño peruano se le ocurrió lo que hoy es ya una referencia mundial en banca infantil, reconocida con el Premio Internacional de Finanzas Infantiles y Juveniles de Unicef, en 2014, y con el Premio Climático Infantil, en 2018, y exportada a otros países, como Ecuador.

José Adolfo tiene hoy 14 años y es presidente de Bartselana, el primer banco cooperativo para niños y jóvenes. Con 50 soles peruanos (unos cinco euros) que le dio su madre Marieta; 20 socios, todos ellos compañeros de clase, y el apoyo del colegio, José Adolfo materializó su idea: que los pequeños lograran sus propios ingresos recogiendo plástico y papel para reciclar. Llegó a acuerdos con empresas papeleras del entorno y desde ese momento, los menores recibían 0,80 soles peruanos (unos 21 céntimos de euro) por cada kilo de plástico o de papel, que iban directamente a su cuenta, pero que no podían tocar hasta tanto no cumplieran con la meta que se habían fijado. Unas 'ecomonedas' con las que los niños han aprendido a ahorrar para el futuro, realizar operaciones financieras y a colaborar con el planeta.

A su corta edad, José Adolfo supo ver una realidad, que es común a la mayoría de las naciones, donde se educa sobre medio ambiente, sexualidad o tráfico, pero no sobre conceptos tan básicos de la economía, como los ingresos, los gastos y la importancia del ahorro como pilar fundamental para alcanzar una meta. Se alineó sin saberlo con la tesis, fuertemente defendida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de que la educación financiera debe comenzar en el escuela, «lo antes posible». Así lo recoge en el documento 'Improving Financial Literacy', donde sostiene que la falta de esta formación en el mundo globalizado hace a los individuos y las familias más proclives al endeudamiento y la quiebra.

Este organismo (que agrupa a 36 países) y la Comisión Europea llevan desde 2005 alertando a los Gobiernos sobre la utilidad de incluir conceptos como el ahorro o el riesgo en la enseñanza reglada, ya que los jóvenes son los consumidores del futuro y son ellos los más receptivos al aprendizaje. En España, el primer paso en esa dirección se dio en 2008 cuando el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) firmaron un convenio, al que también se adhirió el Ministerio de Educación, para impulsar el primer proyecto de formación financiera. Aunque a la vista de los resultados del último informe Pisa, queda mucho por hacer.

Ni usar una tarjeta

El documento, donde se evaluaba por primera vez los conocimientos financieros de los jóvenes de 15 años en 18 países, dejó en evidencia a España. Al menos uno de cada seis alumnos tenía problemas para identificar una factura o utilizar tarjetas de crédito. Sin embargo, en República Checa, Australia, Rusia, Nueva Zelanda y Bélgica, más del 60% de los estudiantes obtenían en competencia financiera un mayor rendimiento del esperado. «Llama la atención que el nivel de educación financiera sea bajo tras todos los esfuerzos realizados a nivel institucional y por los bancos españoles y que no haya mejorado pese a la inquietud por los temas financieros debido a la crisis», lamenta José Luis Martínez, portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB). Destaca que solo el pasado año unos 36.000 alumnos de Secundaria de toda España se beneficiaron del programa que desarrolla su fundación, 'Tus finanzas, tu futuro', que imparten 2.700 voluntarios empleados de entidades financieras.

En el sistema educativo español, salvo la asignatura 'Economía', que es una optativa en cuarto de la ESO, no se imparte educación financiera de forma reglada. Queda en manos de padres y de la voluntariedad de las escuelas de ofrecer talleres formativos. Pero, ¿son los bancos quienes deben impartirlos? «Jamás», zanja rápidamente Borja Martín, coordinador andaluz de Adicae (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros). «Nunca van a ser objetivos y van a barrer para casa. Hablan de sus productos para captar futuros clientes, pero no tienen un fin educativo real», apunta Martín.

Desde esta asociación llevan 30 años volcados en la formación de la ciudadanía a todos los niveles y, desde hace cinco, en centros educativos. Aquí es donde han advertido las carencias reales de los jóvenes, «que no valoran el dinero; desconocen los productos de ahorro; e ignoran sus derechos como consumidores», advierte. Por eso, es importante, abunda Martín, hacer partícipe a los niños de la realidad familiar, «para que se impliquen, por ejemplo, en el ahorro energético. Toman conciencia de ese gasto en la economía doméstica, pero también para el medio ambiente», explica Martín.

Más crítica aún con la educación financiera en España se muestra Adriana Ornella, doctora en Pedagogía en la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), porque se hace de forma «fragmentada». «Los bancos abanderaron esta formación a partir de la crisis, cuando se culpabilizó a la ciudadanía de no haber sabido gestionar sus finanzas». En su opinión, una economía responsable se puede enseñar desde muy pequeños, «siempre que se trabaje de forma transversal y con perspectivas críticas y analíticas».

Los expertos coinciden en el papel fundamental de los padres a la hora de hacer a sus hijos gestores responsables de su dinero. Los hay partidarios de una paga fija semanal, para que se familiaricen con el concepto 'ingreso' y aprendan a planificar el gasto cara a la consecución de un objetivo a corto plazo. «La educación financiera tiene su base en el ahorro, porque es clave para ser libre en la toma de decisiones. Se puede hacer con un cerdito en casa o abriendo una cuenta corriente, cada fórmula tiene sus pros y contras», apunta Blanca Narváez, directora general de la Fundación Junior Achievement, una de las instituciones privadas implicadas en la educación financiera en España desde hace 18 años. Narváez deja en manos de los adultos la decisión de dar una asignación a los hijos, pero en lo que sí es tajante, es que si lo hacen aprovechen para enseñarles a gestionar gastos y distinguir necesidad de capricho.

Cuenta con un plan educativo desarrollado por pedagogos dirigido a alumnos de todas las edades, a partir de los 7 años. En 2018 trabajaron con 500 colegios y 42.000 menores de todos los niveles educativos.

Estos programas, basados en casos reales y en la metodología de aprender haciendo, se imparten por voluntarios (emprendedores y profesionales) dispuestos a contribuir a la formación en valores, actitudes y espíritu emprendedor de los jóvenes. ¿El objetivo? El mismo que llevó a José Adolfo a crear su banca infantil: convertir una idea en realidad para solucionar un problema. «Y para esto es básico potenciar las habilidades no cognitivas desde pequeños, como la perseverancia, la creatividad y la seguridad de que con esfuerzo se puede conseguir todo».

Martín aconseja a los padres que confíen en sus hijos y que los animen a «trabajar cuanto antes mejor». «Se acostumbran a poner la mano y cuando ya pueden hacerlo, están tan acomodados que no tienen ningún interés en hacerse cargo de sus finanzas. A los 16 años ya pueden emplearse como camareros, azafatas o cuidadores de niños. El primer día es una novedad, pero a medida que pasan las semanas se dan cuenta de lo que cuesta ganar el dinero y lo rápido que se va si no lo saben administrar. Además, ven lo importante que son los estudios, porque una menor cualificación te aboca a empleos menos remunerados y eso les anima a seguir estudiando. Es un círculo virtuoso».

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