Amor en imágenes

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Los álbumes de fotografías preboda arrasan en China. Las parejas invierten fortunas y los estudios se hacen de oro

IRMA CUESTA

Mao Zedong debe de estar removiéndose en su tumba ante la determinación de China de demostrarle al resto del mundo que puede ser más burguesa que nadie. Y no solo porque avance con paso firme a la conquista del planeta, el dinero lleve décadas entrando a espuertas y la lista de potentados patrios siga creciendo a la velocidad de la luz. Al Gran Timonel se le pondrían los pelos de punta si se enterara de que, mientras el país camina hacia la superabundancia, sus compatriotas se afianzan con el mismo desparpajo en la senda de la extravagancia, el consumo desmedido y el despilfarro. Una carrera imparable que acaba de incorporar las sesiones fotográficas previas a la boda a la lista de 'imprescindibles' de cualquier chino que se precie.

Atrás quedaron los días en que las parejas se daban con un canto en los dientes si atesoraban una foto en blanco y negro para recordar el día más importante de su vida. Puestos a demostrar de lo que son capaces, el casamiento no estará a altura si los novios no pueden presumir de una acaramelada instantánea delante de la torre Eiffel, acunados por las ramas de los árboles de un frondoso bosque, a punto de ser abducidos por un enjambre de rosas o en medio de un idílico paisaje mientras un enorme ciervo es testigo de su pasión.

De que el asunto va en serio da idea el dineral que los futuros esposos se gastan en perpetuar fotográficamente su amor y, en paralelo, las fortunas que de un tiempo a esta parte amasan los grandes estudios de fotografía. Y es que una sesión de este tipo puede costar desde unos pocos cientos de euros hasta el sueldo de varios años de un trabajador medio. Eso sí, la pareja solo tiene que preocuparse de seguir enamorada, porque ellos se encargan de todo lo demás: desde los atuendos hasta el maquillaje y el transporte, sin olvidar la ambientación.

Como cabía esperar, dada la trascendencia del acontecimiento, a las novias no les vale con fotografiarse con un solo vestido, de modo que lo habitual es que se cambien no menos de tres veces por sesión dejándose llevar por sus gustos, que pueden ir desde el clásico traje blanco al más puro estilo occidental hasta el rojo chino tradicional, pasando por una versión barata de Chanel.

En cualquier caso, y por más que el Partido Comunista, que no ha soltado las riendas del gigante asiático desde que creó la República Popular hace casi setenta años, ande preocupado con tanto despilfarro, el reportaje fotográfico se lleva sólo una parte del dineral que gastan los ciudadanos el día de su boda. El precio de un enlace chino ronda por término medio los 25.000 euros, pero la mayoría aspira a demostrar que es capaz de gastarse mucho más y todo aquel que puede lo consigue. Porque las fotografías de estudio, por mucho que cuesten, son una ganga comparadas con la factura que deberán afrontar las parejas que se hacen el álbum nupcial en una réplica de los Campos Elíseos, ante un falso Coliseo de Roma o a bordo de una góndola en el corazón de una Venecia de cartón piedra. Ese deseo irrefrenable de tirar la casa por la ventan el día del 'sí quiero' ha convertido a la industria en una de las más potentes del país, con un volumen de negocio de 300.000 millones de euros y la previsión de seguir creciendo en los próximos años.

Por eso, tanto o más contentos que los novios están los empresarios de restaurantes, tiendas de alquiler de trajes de etiqueta, agencias de viajes y, por supuesto, los fotógrafos. «Las fotos de boda en China se personalizan cada vez más», explica Zhao Rongchang, director de uno de los estudios que de un tiempo a esta parte pueblan Shanghái. «Los chinos adoraban irse de viaje para las fotografías de boda, pero ahora prefieren hacerlo al abrigo del estudio y con un estilo más preciso. Nosotros acogemos cada día a entre 50 y 60 parejas. Es cómodo, les ofrecemos de todo», dice Rongchang, encantado con la idea de hacerse rico.