El 'Houston' de los perros

Laika, con Tono, su dueño, y en una sesión de radioterapia. :: R. C./
Laika, con Tono, su dueño, y en una sesión de radioterapia. :: R. C.

Mascotas de toda España se someten en una clínica veterinaria cordobesa a un tratamiento de radioterapia contra el cáncer que ronda los 3.000 euros.«Me llaman loco, pero 'Laika' es de la familia»

CARLOTA EZQUIAGA

Cuando a Tono Calleja, periodista asturiano afincado en Madrid, le dijeron que había una opción para tratar a su perrita, no lo dudó. 'Laika' tenía cinco años y le habían detectado un tumor intracraneal que no se podía operar. El can no dormía, respiraba con dificultad y un sábado por la tarde, en un TAC de urgencia, se confirmó lo peor: su tumor no era tratable. Pero la veterinaria le propuso una alternativa: en Cabra, un pueblo de Córdoba, había una clínica con una técnica muy novedosa. No había garantías; había que hacer el tratamiento un poco a ciegas, pero podía salir bien. Era un último recurso. Se refería a la clínica Ciovet, que no ha cumplido los dos años y ya se ha convertido en una referencia en España dentro de los tratamientos oncológicos para animales. Sus responsables se enorgullecen de ser el único centro de la península ibérica en el que hay un acelerador lineal y, por tanto, puede aplicar radioterapia a 'pacientes' -perros y gatos- con un cáncer que no admite cirugía o quimioterapia. Cabra, una localidad de 20.000 habitantes, se ha convertido en el 'Houston' de las mascotas: como muchos pacientes oncológicos de todo el mundo peregrinan a la ciudad texana en busca del 'milagro', los enfermos de cuatro patas acuden a este pueblo andaluz.

Lo habitual cuando un perro era diagnosticado de cáncer era ponerlo a dormir. «Todavía hay bastante gente que no los trata por motivos económicos o por simple desconocimiento. Pero cada vez hay más dueños que tienen a sus mascotas como un miembro más de la familia y deciden hacerlo», explica Ana Raya, veterinaria del centro.

No es, desde luego, un procedimiento al alcance de todos los bolsillos. Un tratamiento de dos a tres semanas cuesta 2.783 euros, a lo que hay que sumar la hospitalización en caso de que el dueño no pueda hacerse cargo del perro durante las sesiones. Al fin y al cabo, la mayoría de las mascotas vienen de fuera de Córdoba, muchos del norte de España, pero también de Portugal y Gibraltar.

Hay quienes se alojan en Cabra durante el tratamiento. María José Guerrero, que regenta allí una pensión, ha recibido a más de una docena en su establecimiento, adaptado para animales. «Ayudamos a los dueños, damos de comer a los animales, jugamos con ellos.», cuenta la hostelera. Otros los dejan en manos de los veterinarios de Ciovet, donde hay cuidadores las 24 horas del día que les llaman y les envían'whatsapps' con fotos y vídeos de su mascota cada tarde, después del tratamiento. En la clínica son conscientes de lo duro que es para ellos estar lejos de sus fieles amigos.

De humanos a animales

Ciovet, que forma parte del grupo Oncosur, era hasta hace un par de años un centro oncológico para personas. Cuando abrieron una nueva sede en Córdoba capital decidieron reconvertir la anterior en una clínica veterinaria, mediante un convenio con la facultad de Veterinaria de Córdoba, una de las más prestigiosas del país.

Como el tratamiento de cáncer es el mismo para humanos y animales, pudieron aprovechar todo el equipamiento. Solo tuvieron que incorporar la máquina de anestesia, innecesaria para las personas, pero sí para los canes, a los que hay que mantener completamente quietos. Este es uno de los puntos delicados del proceso: aunque son de corta duración, una anestesia general siempre entraña un riesgo.

Actualmente están tratando solo a perros y gatos, «más perros que gatos, porque el dueño de perro suele estar más apegado a su mascota», explica Raya. «Podríamos tratar muchos tipos de animales, hasta animales exóticos o pequeños mamíferos. Pero también hay problemas logísticos: a un caballo, por ejemplo, no podríamos subirlo a la mesa. Es el tamaño lo que nos limita».

Tomar la decisión no resulta fácil. Tono Calleja tuvo sus dudas. «La noche anterior de llevarla a Cabra me lo pensé seriamente. Era un viaje largo, y 'Laika' estaba muy mal, le costaba respirar, tenía la mirada perdida. yo sinceramente pensaba que iba a morir esa misma noche». Finalmente se decidió, aunque durante el tratamiento seguía dándole vueltas. «No sabía si estaba haciendo bien. Pensaba: '¿Estaré haciendo sufrir al animal?'».

«Ya camina sola»

Ahora, tras once sesiones de radioterapia, la mejoría de 'Laika' es evidente. Tiene las patas traseras muy débiles, y Calleja y su padre le han fabricado una silla, una especie de carrito, para que pueda caminar sola. «Nada elegante, ¿eh?», se ríe el dueño. «Se lo hemos hecho con tuberías de PVC. Pero lo importante es que ahora se las arregla para moverse sin ayuda».

Todavía no se puede hacer balance de cómo ha reaccionado la perrita al tratamiento. En tres meses le harán un TAC para ver cómo ha evolucionado el tumor. Calleja está satisfecho: «¿Que aguanta un mes? Pues mira, un mes que he ganado con ella. Lo importante es que, durante ese mes, ella esté bien».

Él entiende que haya gente que no comparta su opinión. «Muchos compañeros piensan que estoy loco; me dicen: 'Pero si es solo un perro'. Pero no es solo un perro; es parte de mi familia. También entiendo que haya mucha gente que no pueda permitírselo. Es caro. Yo he tenido que recurrir a mis padres, que me han adelantado parte del dinero del tratamiento. Pero al final, te cuesta lo mismo que unas vacaciones en Vietnam. Pues mira, este año no me voy de vacaciones».

 

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