Del cielo a las trincheras

El escritor y piloto francés ante el avión de uno de los periódicos para los que trabajó. :: epa/
El escritor y piloto francés ante el avión de uno de los periódicos para los que trabajó. :: epa

El hallazgo del carné de reportero en la Guerra Civil de Antoine de Saint Exupéry saca a la luz la faceta más antibelicista del autor de 'El Principito'

BORJA OLAIZOLA

Escritor o aviador? Antoine de Saint Exupéry (Lyon, 1900-Marsella, 1944) pasó a la historia como autor de un puñado de libros, entre ellos 'El Principito', pero probablemente se sentía más identificado con su condición de piloto, que al fin y al cabo fue su primera actividad y también la que desempeñaba cuando su avión fue abatido por las baterías antiaéreas alemanas en la costa provenzal y desapareció en el Mediterráneo. En la ficha que tuvo que rellenar el 16 de abril de 1937, cuando fue enviado por el periódico 'Paris-Soir' a Madrid para escribir sobre la Guerra Civil, anotó que trabajaba como 'escribano', una traducción poco ortodoxa de 'écrivain', y aviador.

La cédula, en realidad una acreditación de reportero, acaba de ser hallada en el Archivo de Salamanca y desvela algunas curiosidades, entre ellas que Saint Exupéry se alojó en el hotel Florida de la plaza de Callao, el que escogieron también corresponsales ya consagrados como Ernest Hemingway o Robert Capa. Aunque el francés se había ganado una acreditada reputación de bebedor y mujeriego, características que no podían faltar en el currículo de los periodistas de guerra de la época, no hay constancia de que congeniase con ninguno de ellos.

Saint Exupéry tenía 36 años y mucho mundo a sus espaldas cuando llegó a un Madrid asediado por las tropas de Franco. Hijo de una familia acomodada de Lyon, había sido un muchacho inquieto que intentó primero graduarse como oficial naval y luego estudió para convertirse en arquitecto o pintor. Descubrió su verdadera vocación cuando aprendió a volar mientras hacía el servicio militar. Y la aviación le acompañaría a partir de entonces de una u otra forma hasta el fin de sus días. En 1926 empezó a trabajar en la compañía encargada de transportar el correo entre Francia y Senegal, entonces aún colonia de París.

La navegación aérea era en aquellos años una aventura: ni siquiera había partes que anticipasen las condiciones meteorológicas de la ruta. Para completar con éxito un vuelo entre Toulouse y Dakar había que tener mucha intuición y también una buena dosis de suerte. Saint Exupéry dejó constancia de ello en sus primeras novelas, 'Correo del sur' (1929) y 'Vuelo nocturno' (1931), escritas cuando ya se había trasladado a Sudamérica con el encargo de poner en marcha allí una red de correo aéreo. En Buenos Aires conoció a la que sería su esposa, una acaudalada salvadoreña, y fue nombrado director de la filial argentina de la compañía Aéropostale.

Aterrizaje en el desierto

La quiebra de la compañía aérea le devolvió a Francia, donde sus primeros libros habían cosechado un gran éxito. Varios periódicos le encargaron reportajes sobre la Indochina francesa (el actual Vietnam), Moscú o la Barcelona inmediatamente posterior al levantamiento franquista. Simultaneó la escritura con su pasión por el vuelo, que le llevó a participar en unas cuantas tentativas de récord y también a sufrir varios accidentes. El que más le marcó, a tenor de sus escritos posteriores, tuvo lugar cuando intentaba rebajar el tiempo del trayecto entre París y Saigón en 1935 para hacerse con un jugoso premio en metálico. Saint Exupéry y su copiloto tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto de Libia debido a un fallo mecánico. Aunque sobrevivieron a la maniobra, estuvieron a punto de morir por deshidratación. Les salvó un beduino que les descubrió postrados en la arena, después de cuatro días sin ingerir alimento ni bebida.

Aprovechó que 'Paris-Soir' tenía su propio avión para pilotarlo hasta Valencia, a donde llegó el 11 de abril de 1937. Luego se desplazó a Madrid. Había apalabrado con el periódico diez reportajes sobre la guerra cambio de 80.000 francos, una suma en consonancia con la popularidad que tenía en su país. Los contactos de uno de sus colegas franceses con Durruti hicieron posible que le acompañase a una visita por las trincheras de Carabanchel. Los dos viajaron en el Rolls que los anarquistas solían utilizar para trasladar a los periodistas al frente. Lo que vio no le gustó nada: los tres artículos que publicó están llenos de referencias antibelicistas. «Una guerra civil no es una guerra, sino una enfermedad», resumió con amargura. El 27 de abril dejó la capital y regresó a Francia.

El Ejército del aire de su país le movilizó como piloto de reconocimiento aéreo durante la ocupación alemana. En cuanto se consumó la invasión, Saint Exupéry se trasladó a Nueva York y se convirtió en un activista de la causa que defendía la entrada en la contienda de Estados Unidos. Fue allí donde escribió la obra que le consagraría, 'El principito' (1943), que se convertiría con el tiempo en uno de los libros más vendidos de la historia: 140 millones de ejemplares. Reclutado de nuevo por el Ejército francés, Saint Exupéry fue derribado cerca de Marsella mientras realizaba un vuelo de reconocimiento. Era el 31 de julio de 1944. Los restos de su avión fueron localizados en 1998, pero su cadáver no apareció nunca.

 

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