Rouco alerta de «rupturas insolidarias» de la nación española

El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, onversa con el vicepresidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez/
El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, onversa con el vicepresidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez

El cardenal lamenta el “pobre discurso” de la clase política en su intervención de despedida en la Conferencia Episcopal

ANTONIO PANIAGUAMADRID

El cardenal Antonio María Rouco ha pronunciado hoy su último discurso como presidente de la Conferencia Episcopal y ha insistido en lo que ha sido una obsesión durante su mandato: la identificación de la unidad de España con el bien común. Rouco lamentó los graves problemas de identidad de la nación, que a su entender se traducen en posibles rupturas insolidarias.

La era Rouco se extingue

Conferencia episcopal

La era Rouco toca a su fin. Después de haberlo encarnado el poder eclesial durante dos décadas, el presidente de la Conferencia Episcopal abandona su cargo al frente de la jerarquía eclesiástica. Ha cumplido los 77 años, dos más de los preceptivos para jubilarse. Le sucederá un hombre que habrá de trasladar a España el magisterio del papa Francisco. La asamblea plenaria del episcopado elegirá el miércoles al sucesor de Antonio María Rouco, quien ha permanecido doce años -cuatro trienios, aunque no consecutivos- al frente de la jefatura de la Iglesia católica española.

El cardenal gallego, que se ha mostrado un fiel colaborador de los pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI, se va sin dejar las cosas atadas. Rouco no dará la batalla por imponer un delfín. Entre los prelados cuyos nombres se citan para tomar el relevo de uno de los eclesiásticos más poderosos en la historia de España figuran el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez; el titular de Valencia, Carlos Osoro, y el arzobispo castrense, Juan del Río. No obstante, puede haber sorpresas. Libres de las obediencias a Rouco, los obispos tendrán más libertad que en otras ocasiones para votar.

En su alocución de despedida desgranó con detalle los 50 años de la Conferencia Episcopal y sus principales documentos. Solo al final cargó contra el hedonismo y el relativismo moral, las acechanzas que se ciernen sobre la familia y el matrimonio y el mediocre discurso de la clase política. "Sufrimos el envejecimiento alarmante de nuestra sociedad, con el matrimonio y la familia atravesando una crisis profunda; la cultura disgregadora y materialista del tener y disfrutar se percibe en muchos campos, en particular, respecto de los inmigrantes, afectados, como también las clases medias, por la crisis cultural y económica; la misma nación española se encuentra con graves problemas de identidad, amenazada por posibles rupturas insolidarias; el nivel intelectual del discurso público es más bien pobre, afectado por el relativismo y el emotivismo"

Todo ello permite hablar a Rouco de una fase cultural poscristiana. Para el arzobispo de Madrid, gran parte de los males de la sociedad española radican en el olvido de Dios. La situación no es fácil. Nos encontramos ante una cultura mundana, que arrincona a Dios en la vida privada y lo excluye del ámbito público.

Rouco, que abandona en cargo de la jerarquía católica tras 12 años al frente de ella (de 1999 a 2005 y de 2008 hasta ahora), repasó alguno de los textos más relevantes que ha alumbrado el episcopado, entre los que destacó uno de 2002 referido al terrorismo. En esa reflexión se apuntaba a "un cierto nacionalismo totalitario como matriz ideológica del terrorismo de ETA". También evocó otro de 2006 en el que los obispos censuraban "las propuestas políticas encaminadas a la desintegración unilateral de la unidad cultural y política de esa antigua nación que es España".

Los prelados elegirán mañana al sustituto de Rouco. Entre los obispos que pueden sucederles figuran el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez; de Valencia; Carlos Osoro, y el arzobispo castrense, Juan del Río. Blázquez parte como favorito. Ya fue presidente de la Conferencia Episcopal entre 2005 y 2008, hasta que le desbancó Rouco. Ahora los obispos pueden reparar el agravio y auparle de nuevo a la presidencia de la jerarquía eclesiástica.

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