El 15M vuelve a las calles

Todo indica que en el ‘revival’ de hoy hay un deje nostálgico que se aprovechará para reafirmar la idea originaria sin querer volver atrás

ANTONIO PAPELLMADRID

Nutridas manifestaciones en Madrid y otras capitales permiten hoy constatar que el movimiento del 15M se ha transformado pero no ha desaparecido. De hecho, la desafección política que se desprende de las encuestas, que reflejan un grave alejamiento de la ciudadanía con respecto a los partidos tradicionales, tiene su cauce natural en los movimientos informales que han ido surgiendo sucesivamente, a modo de ramificaciones y derivaciones, de aquella gran apoteosis popular: el PAH, los escraches, las okupaciones, los movimientos de toma del Congreso, etc., no se entenderían sin el precedente de aquella movilización que tomó posesión durante semanas de la madrileña Puerta del Sol y que, con su exigencia de democracia real, confrontó a los partidos y a las instituciones con la cruda realidad de un descrédito sin precedentes.

Los episodios de hoy suponen, si se quiere, una recentralización del movimiento originario, que se dispersó por las ciudades y los barrios para adaptarse a la realidad de los problemas derivados de la pésima coyuntura de este país. Pero ni la confluencia de las marchas en Sol ni las asambleas convocadas representarán un retorno al pasado: muchos de los activistas que se dieron a conocer hace dos años ya no están en el movimiento algunos de ellos, simplemente, han emigrado para buscar trabajo- y quienes han tomado su lugar apuestan cada vez más por el anonimato, por la autoría gregaria de las iniciativas. Todo indica, en fin, que en el revival de hoy hay un deje nostálgico que se aprovechará para reafirmar la idea originaria, aunque sin tentaciones de volver atrás: el activismo ha perdido si se quiere sus ingredientes más estéticos y se ha vuelto utilitarista: va adonde se le necesita y trata de actuar frente a los problemas reales.

Con todo, no puede descartarse que la pérdida de apoyo de los partidos convencionales no termine desembocando en la formación de algunas organizaciones políticas dispuestas a reformar el modelo mediante un nuevo proceso constituyente. A día de hoy, están en marcha varias iniciativas, todavía muy incipientes, como la del Partido X, formado por un grupo de personalidades sin identificar, o la de Confluencia, que intenta conectar a los partidos de izquierdas con sectores de indignados. Es claro que el desencanto social y la desconfianza hacia la política convencional han abierto grandes vacíos que podrían ser llenados fácilmente por alguna nueva propuesta política capaz de colmar las más directas demandas populares.

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