EE UU mata a Bin Laden en una mansión de Pakistán

EE UU mata a Bin Laden en una mansión de Pakistán

Las tropas estadounidenses han recuperado el cadáver y lo han identificado

MERCEDES GALLEGONUEVA YORK

«Se ha hecho justicia». Con esas palabras Barack Obama anunció a su país al filo de la medianoche -5.35 de la madrugada en España- que las fuerzas especiales estadounidenses mataron ayer a Osama Bin Laden. No fue en una cueva de Afganistán sino en una impresionante mansión construida a medida para hacerle de fortaleza en Abbottabad, a 56 kilómetros de la capital pakistaní. Las reacciones de júbilo y esperanza no se han hecho esperar en un día que pasará a la historia. Horas después, en la entrega dela Medalla de Honor -el más alto galardón al mérito militar- a un veterano, el presidente norteamericano, que se ha apuntado el tanto más importante de su gestión, ha afirmado afirmó que "hoy es un buen día para Estados Unidos".

La operación quedó en manos de un pequeño comando de élite en dos helicópteros, que no se comunicó en ningún momento con las autoridades pakistaníes. De hecho, fuentes de la inteligencia estadounidense contaron anoche que «poca gente en el gobierno lo sabía. No se informó a ningún otro país» , dijo un alto cargo. Bin Laden resistió el ataque antes de ser abatido de un disparo en la cabeza, y un responsable de seguridad estadounidense ha asegurado que la misión del comando era la de matarle y no la de apresarle.

El comando que descendió ayer a la fortaleza donde estaba Bin Laden y su familia tardó menos de 40 minutos en completar la misión y dejó atrás apenas cuatro cadáveres: un hijo adulto de Bin Laden, una mujer que según EE UU fue utilizada como escudo humano por uno de los combatientes y los dos hermanos propietarios de la mansión, que sin saberlo llevaron a EE UU hasta su jefe. Dos esposas y cuatro hijos del terrorista han sido además detenidos. La CIA les seguía la pista desde hace cuatro años con pistas proporcionadas por otros prisioneros, pero no fue hasta agosto pasado cuando se descubrió la impresionante mansión que habían construido.

«Cuando la vimos por primera vez nos quedamos impresionados», contó una fuente de la inteligencia. «Era ocho veces el tamaño de cualquier casa de la zona y estaba construida con el evidente propósito de albergar a alguien muy valioso: tenía un muro de entre cuatro y seis metros de altura coronado por una alambrada, tres pisos de altura pero pocas ventanas al exterior y acceso restringido por dos garitas. En lugar de dejar la basura fuera para la recolección, como el resto de sus vecinos, la quemaban, y pese a costar un millón de dólares no tenía teléfono ni internet».

El intensivo rastreo que comenzó en septiembre empezó a dar frutos en febrero, pero no fue hasta el viernes por la mañana, el mismo día en que el mundo admiraba ensimismado la boda real, cuando Obama dio la orden de entrar en acción y capturar a Osama bin Laden vivo o muerto. El líder de Al-Qaida, símbolo del fundamentalismo islámico, «murió en el curso de un enfrentamiento armado». Las fuerzas especiales cumplieron con el encargo de llevarse su cadáver para asegurar la identificación del mismo, pese a que uno de los dos helicópteros estadounidenses no pudo despegar del campamento de por un fallo mecánico. Después de huir todos en el otro aparato que quedaba en funcionamiento hicieron volar el que dejaron en tierra, dejando la mansión en llamas.

Arrojado al mar

Fuentes de la Casa Blanca aseguraron que el líder de Al-Qaida será enterrado de acuerdo «a las prácticas y tradiciones musulmanas». «Nos lo tomamos muy en serio». Y así se ha hecho. El cuerpo de Bin Laden ha sido arrojado al mar de acuerdo con la ley y tradición islámicas, según han informado a la cadena de televisión local NBC fuentes oficiales estadounidenses. Las prácticas islámicas requieren que el cuerpo se entierre en las 24 horas posteriores a su fallecimiento y, según fuentes oficiales en el canal ABC, la decisión se ha tomado debido a que encontrar un país dispuesto a sepultar al terrorista más buscado del mundo parecía una misión demasiado complicada.

La noticia que siempre quiso dar George W. Bush ha llegado casi diez años después de que la organización terrorista matase a casi 3.000 personas en ese fatífico 11-S de 2001 que cambió el mundo. Miles de personas descendieron anoche hasta las inexistentes ruinas de las Torres Gemelas para celebrar entre vítores y lágrimas la muerte de Bin Laden, que a estas alturas ya no esperaban. «Permitidme decir a las familias que perdieron a sus seres queridos el 11-S que nunca hemos olvidado sus pérdidas», dijo anoche Obama. Su siguiente reto será proteger a sus ciudadanos de la temida revancha de Al-Qaida, que, como dijo, «no hay duda de que seguirá perpetrando ataques contra nosotros».