Valles para cambiar de estilo de vida

En el norte de Cáceres, conviven el regadío con la agricultura de primor, la artesanía tradicional, los neorrurales y el turismo

Piscina natural en Garganta la Olla, pueblo de La Vera./Esperanza Rubio
Piscina natural en Garganta la Olla, pueblo de La Vera. / Esperanza Rubio
J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

¿Por qué razón hay tantos ciudadanos del mundo que escogen el norte de la provincia de Cáceres como espacio ideal para cambiar de vida? Llamémoslos neorrurales, llamémoslos utópicos, incluso llamémoslos desertores del asfalto, pero algo debe de tener el agua cuando la bendicen y algo se esconde entre Valverde del Fresno y Casatejada para que las tierras cacereñas situadas al norte del Tajo ejerzan esta atracción fatal sobre personajes tan variopintos como Adams, un inglés que organiza rutas de la Guerra de Independencia; como Jacinto, un vasco que ha abierto una casa rural en Cadalso, donde se medita y se procura el encuentro con uno mismo; como Philippe, el fallecido fundador de La Lalita, en Acebo, esa aldea naif donde se facilita el crecimiento personal.

Más: la monja budista Tenzi Yótika, el franciscano Padre Pacífico, el actor Juan Manuel Domínguez, 'El Bola', el dramaturgo asturiano José Manuel Corredoira, Lugina y Antonio, que llegaron de Italia, abrieron un restaurante en Hoyos y después, una casa rural, el artista Ángel Sotomayor o el admirable Rafael Girón, don Rafa, maestro de escuela y editor en Perales del Puerto de la mejor revista escolar de España.

¿Por qué se instalan los sufíes en Villanueva de la Vera o hay filólogos que dejan la empresa privada y la enseñanza para montar una ecogranja en la Vera o economistas que abren panaderías ecológicas en el Ambroz? Antes de que los budistas, los soñadores y los neorrurales vinieran al norte de la provincia de Cáceres, ya se habían fijado en estos lugares los franciscanos, que abrieron conventos en San Martín de Trevejoy en Gata, y los gramáticos, los médicos, los juristas, los músicos y los teólogos, que fundaron la Academia del Maestre en el pueblo de Gata en el siglo XVI, bajo el magisterio de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua española, y del maestre de Alcántara, fray Juan de Zúñiga.

Puede ser por la calidad bioclimática de unas comarcas donde se dan turberas con plantas carnívoras, narcisos asturiensis y líquenes. Puede ser la economía emocional del agua, el bosque, la casa, el huerto, el olivo... La aceituna manzanilla cacereña como eje de desarrollo sostenible y calidad excepcional. La cereza en el Jerte desde los años 50-60 del siglo pasado, extendiéndose también hacia el Ambroz y las Hurdes. Y tras la cereza, la frambuesa, la grosella, el arándano, la castaña...

Recorriendo el norte de Extremadura, uno llega a la conclusión de que los territorios preferidos para cambiar radicalmente de vida son la Sierra de Gata y el Valle del Ambroz y las comarcas escogidas para cambiar de vida solo en verano y de viernes a domingo, son La Vera y el Valle del Jerte.

¿Y las Hurdes? He aquí el territorio perfecto para ser feliz. No hay presión de turistas ni «superpoblación» de neorrurales. Tampoco es un destino masivo de veraneantes. Ladrillar: capital municipal con iglesia y lindas casitas de piedra y pizarra, un pueblo donde los vecinos tienen la buena costumbre de ofrecerse al turista para que no se pierda ni un detalle de cada alquería. Los paisanos de Las Hurdes no están maleados ni desconfían de los viajeros como sí sucede en otras zonas.

Las colmenas jalonan las carreteras. Las Hurdes, tierra de flores y plantas, variedad de miel hurdana: la de tomillo para el estómago, la de eucalipto para la garganta, la de brezo, para el corazón, la de azahar, para la ansiedad, la de encina, para todo... Riomalo de Arriba o las Hurdes esenciales. Arquitectura popular. Subimos de Riomalo al mirador de las Carrascas: paisaje con montañas y con los valles de los ríos Ladrillar y Hurdano. Ni un coche, ni un turista... Nadie. Silencio. Belleza. La dicha... Las Hurdes.

Antes de que los soñadores se vinieran a estas tierras, ya se habían fijado en ella los francicanos y los sabios renacentistas

Y al norte del Tajo, el Alagón, el río industrioso y fabril, el que hoy riega tierras feraces y ayer alimentaba molinos, batanes e ingenios que ayudaban a los emprendedores de una cuenca donde aún quedan restos de aquel esplendor. En esa comarca septentrional de Extremadura se conserva en Aceituna la única dehesa de robles de la región: 800 hectáreas de este árbol sagrado que solo crece en tierras húmedas. Dehesa singular que permite que pasten los rebaños de ovejas. Desde Aceituna hacia el sur, la comarca del Alagón cambia y los encinares copan el territorio no regable.

Este río de 215 kilómetros es el afluente más largo del Tajo. En los pueblos ribereños o de su área de influencia se mantienen restos de antiguas profesiones como el herrero, el campanero, la sombrerera, el orive, el alfarero, el zapatero artesano... Gentes emprendedoras de Torrejoncillo, de Ceclavín, Montehermoso y Riolobos.

En medio Coria, capital episcopal y taurina, ciudad de servicios, de divertidos restaurantes junto al río y gastronomía cuidada y auténtica en el casco antiguo. Su catedral contiene un museo de las reliquias único en España. El castillo, las murallas, las puertas medievales, los palacios... Pero también el mercado y el comercio, el hospital, los institutos, la vida cotidiana mañanera, aglutinando a cientos de visitantes de las comarcas cercanas, que vienen a hacer recados y gestiones. Coria, capital del Alagón.

Más al este, en la comarca de Trasierra-Tierras de Granadilla, el agua se convierte en reclamo y en riqueza, se entrevera de leyendas de brujas y animales prodigiosos, de bandoleros y monstruos lacustres. En esta comarca, siempre en torno al pantano de Gabriel y Galán, la historia y el misterio se resumen en las ciudades abandonadas de Cáparra y Granadilla.

En Tierras de Granadilla, aún se manifiesta la sombra lírica y popular del poeta Gabriel y Galán y en el vecino Valle del Ambroz, un regusto a «belle époque» se pasea al atardecer por las terrazas de los hoteles, llenas de bañistas recuperándose del efecto relajante de las aguas salutíferas de Baños de Montemayor.

¡Pasan tantas cosas en el norte de Cáceres! La Garganta es pueblo de tradición ganadera de montaña y por eso mismo, estaban habituados a luchar contra el lobo. Esa historia la han recogido en un centro de interpretación. Más abajo, Hervás, el paraído de quienes huyen del mundanal ruido. Hervás es un pueblo culto e inquieto. Su cineclub, su museo, sus tertulias... Es un sitio que parece creado para la recuperación de la calma.

En Hervás, hasta los azucarillos son herramientas de autoayuda: los que sirven con el café en el bar Divino, situado en «La Peatonal» o calle Braulio Navas, tienen mensajes como estos: «La brevedad es hermana del talento... Hoy voy a conseguir todo lo que me proponga... Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito». Frases hechas, pero que si se mezclan con la armonía del paisaje, el clima nada severo, la sensación del veraneo perpetuo y un entorno de gentes dispuestas a vivir y dejar vivir, pues acaban teniendo su gracia.

El Valle del Ambroz siempre fue la puerta norte de Extremadura. Por aquí entra en la provincia de Cáceres la Via de la Plata, ya fuera como calzada romana, bien conservada en algún tramo por Baños de Montemayor, ya sea hoy como autovía. También irrumpía el ferrocarril en Extremadura por el Ambroz.

Hoy no hay tren, pero no se desiste de que vuelva. Porque el ferrocarril es el mejor medio para viajar sin prisa, leyendo, mirando, disfrutando de esa vida que se quiere distinta buscando acomodo en estas comarcas situadas al norte del Tajo, en estos parajes de castaños, robles, cerezos y gargantas.

La Vera no es solo un buen retiro para los poderosos, sino también un lugar magnífico para recuperar las ganas de ser feliz

El agua de los ríos convertida en reclamo turírtico y en alegría cotidiana. El Jerte descendiendo desde Tornavacas, trazando la línea de la vida en el Valle, en la comarca de la fruta y el bosque, de las casas de veraneo y los pueblos vivos. Pilones, cascadas, miradores, blancura de la flor antes de dar fruto, rojo intenso del árbol al llegar la otoñada. Valle del Jerte, la referencia más popular del norte de Cáceres.

Y en paralelo, al lado, La Vera, donde el síndrome de Stendhal se convierte en agobio emocional cuando uno se dispone a referir tanta belleza, tanto detalle. Por un lado, la naturaleza. Los ríos más bellos y los pueblos con las estampas más auténticas... Entre Gargüera y Madrigal, la EX-203 recorriendo un valle de 80 kilómetros de largo y 18 de ancho. Son 19 pueblos y 10 gargantas descendiendo desde las montañas de Gredos.

Recorrer esta comarca del norte de Extremadura colma las expectativas de cualquier viajero. Es un viaje distinto a todos, entre robles, cerezos y groselleros, salpicado de conjuntos histórico artísticos, de iglesias con retablos y con órganos barrocos, conociendo restaurantes agradables. La Vera no es solo un lugar para retirarse los famosos y los poderosos a descansar o a crear, sino un lugar magnífico para que cualquier extremeño haga un paréntesis en la rutina y recupere las ganas de ser feliz.

Nuestro viaje por el norte de Cáceres llega a su fin. Ha sido un apasionante periplo por todas las comarcas de la provincia que culmina señalando las esencias del Cáceres septentrional, la gracia de las comarcas situadas al norte del Tajo. Y rubricamos la experiencia en el Campo Arañuelo. Son 22 pueblos y cerca de 40.000 habitantes en una comarca marcada por la riqueza del regadío.

El Campo Arañuelo está marcado por su condición de territorio estratégico ya fuera con los romanos, los árabes, los cristianos durante la Reconquista, los franceses durante la Guerra de la Independencia y hasta el ejército de África en su camino hacia Madrid durante la Guerra Civil.

Diversas ciudades perdidas nos recuerdan el esplendor pasado: la romana Talavera la Vieja, la árabe Makhada Albalat, la cristiana Puebla de Enaciados. Pero son los pueblos y las ciudades activas de hoy las que nos ayudan a entender la viveza del norte cacereño: campos de tabaco, secaderos, regadío, pueblos inquietos, ciudades como Navalmoral de la Mata con su nudo de carreteras, sus cines, su teatro, sus bazares gigantes, los servicios, las calles peatonales, la casa de Comillas, la iglesia de San Andrés...

En Los Mármoles, nombre popular de las impresionantes columnas romanas salvadas de las aguas cuando el pantano de Valdecañas anegó Talavera la Vieja, sintiendo el peso de 2.000 años contemplándonos, sobre el Tajo, gozne y frontera del territorio. Aquí, piedra y agua, nos sentamos a contemplar el sol poniente. Su luz dorada ilumina de soslayo la inmensidad de la provincia. Se está bien. Dan ganas de que no pase el tiempo. Esto es la felicidad... Esto es Cáceres.

Propuestas para desarrollar las puertas del norte de Extremadura

Si uno llega desde Castilla a Extremadur,a convendrá en que no hay entrada en la provincia de Cáceres que no sea espectacular. Ya sea bajando por la Sierra de Gata, por las Hurdes o por el Jerte, las vistas de valles que se pierden entre bosques, cursos y láminas de agua permiten al visitante despejar cualquier duda sobre lo correcto de su elección al viajar a esta tierras. Las puertas de Extremadura son convincentes y permiten acceder a comarcas señeras como esas o como el Ambroz, las Tierras de Granadilla o La Vera. Si estas contrastan con las vegas del río Alagón o con el Campo Arañuelo es solo porque en algún sitio hay que poner el contrapunto entre la agricultura de montaña y la de regadío. Justo en el Campo Arañuelo, el sobrenombre de Puerta de Extremadura es la idea nuclear de sus nuevos proyectos a la luz de la iniciativa Diputación Desarrolla de la Diputación Provincial de Cáceres. Estos proyectos focalizados apoyan el Parque Cultural de Sierra de Gata, el Retiro Imperial de La Vera, el destino turístico inteligente en el Valle del Jerte, los proyectos de Biodiversidad Habitable del Ambroz y de Raíz y Autencidad de Las Hurdes, y el aprovechamiento del río Alagón, que se llevará a cabo en las Tierras de Granadilla y en el Valle del Alagón.

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