Tras los pasos de Buñuel en Las Hurdes

Los escenarios actuales en los que se grabó el documental 'Tierra sin pan' poco se parecen a los de los años 30

Meandro de Martilandrán; en la parte superior derecha dicen los vecinos que se grabó la caída de la cabra en el documental 'Las Hurdes, tierra sin pan'. ANDY SOLÉ/
Meandro de Martilandrán; en la parte superior derecha dicen los vecinos que se grabó la caída de la cabra en el documental 'Las Hurdes, tierra sin pan'. ANDY SOLÉ
JOSÉ M. MARTÍN

Hasta el paisaje ha cambiado. Evidentemente, el terreno sigue siendo igual de escarpado y las terrazas en las pendientes que posibilitan el aprovechamiento agrícola se mantienen, pero los graves incendios que sufrió Las Hurdes, especialmente el del año 2009, afectaron a la vegetación de los entornos de Aceitunilla, Martilandrán, Fragosa y Nuñomoral, las poblaciones que grabó Luis Buñuel en su documental 'Las Hurdes, tierra sin pan'.

Han pasado casi 90 años desde que el cineasta aragonés rodase en la comarca cacereña y en nada se asemejan las pueblos que aparecen en la cinta a los actuales. Sí se reconocen algunas construcciones antiguas que quedan en pie, aunque en bastante mal estado, en la parte baja de Martilandrán, así como las empinadas y estrechas vías de Fragosa que recuerdan a aquellas «calles que trepan por el flanco de la montaña», que cita Francisco Rabal, encargado de poner voz al documental de 1932.

De la misma forma, los meandros que hace el río Malvellido a su paso por las localidades todavía tienen algunos muros de piedra que quedaron reflejados en la cinta de Buñuel. En el más próximo a Martilandrán el terreno se eleva libre de vegetación en su parte sureste. «Ahí es donde se grabó la caída de la cabra, que no se cayó, que alguien disparó», dice una vecina que va andando entre Fragosa y Martilandrán sobre una de las escenas más recordadas de la obra de Buñuel.

Río Hurdano, en el que desemboca el Malvellido; en el documental por su cauce pasan los habitantes de Las Hurdes el cuerpo de un niño fallecido para llevarlo al cementerio de Nuñomoral.
Río Hurdano, en el que desemboca el Malvellido; en el documental por su cauce pasan los habitantes de Las Hurdes el cuerpo de un niño fallecido para llevarlo al cementerio de Nuñomoral. / ANDY SOLÉ

Ella pasa ante un cartel que indica que se encuentra en un tramo de la ruta senderista Senda Buñuel, que une Nuñomoral y Fragosa. Este es el mismo trayecto, pero en sentido inverso, que en 'Las Hurdes, tierra sin pan' hacen los familiares de un niño fallecido para llevarlo al cementerio. En una de las imágenes icónicas del documental, los vecinos hacen avanzar flotando por las aguas de los ríos de la zona una especie de barca que transporta el cuerpo del infante.

«Que en Las Hurdes se haya nombrado Senda Buñuel a una ruta significa que en estos diez años han cambiado muchas cosas», expone Fermín Solís, ilustrador cacereño que hace precisamente una década publicó el cómic 'Buñuel en el laberinto de las tortugas', en el que recrea el rodaje del documental. Y es que la figura de uno de los máximos exponentes del surrealismo cinematográfico no tiene muchos admiradores en esta comarca cacereña. La realidad que pinta en su documental ha sido muy criticada y en Las Hurdes se considera que hizo mucho daño a la imagen de la zona. «Los hurdanos lo conocieron relativamente tarde; se hizo en los años 30, pero no llegó a las casas de la gente hasta finales de los 80 por un reportaje de Informe Semanal», indica Solís.

La Senda Buñuel une las poblaciones de Fragosa y Nuñomoral.: ANDY SOLÉ
La Senda Buñuel une las poblaciones de Fragosa y Nuñomoral.: ANDY SOLÉ

Mucha gente se quedó con la imágenes que vieron por televisión, sin pensar que en más de medio siglo los pueblos y las gentes habían evolucionado. Así, Las Hurdes quedaron en la mente colectiva como ejemplo de territorio pobre y atrasado.

Para Solís, la intención del cineasta era muy distinta. «Buñuel leyó un libro de Maurice Legendre, que hablaba de la comarca peor que lo que lo hace su película; él quería ver si eso era cierto y pretendía denunciar la situación de la zona, porque no se habían cumplido las promesas de construcción de hospitales y arreglo de carreteras que hizo Alfonso XIII durante su visita a Las Hurdes», informa el ilustrador cacereño, que añade que Buñuel tenía la idea de hacer más documentales similares en otros lugares de España y Europa. Sin embargo, la llegada de la guerra civil en 1936 le impidió hacerlo.

Ficción contra realidad

Para hacer su novela gráfica, Solís visitó Las Hurdes, investigó sobre la cultura popular de la zona y se documentó acerca del creador aragonés. «Descubrí la fuerza que todavía tenía Buñuel; se hacían peleles con su nombre que se quemaban en Carnaval», rememora, a la vez que puntualiza que, pese a su conocimiento sobre la realidad, en su cómic todo es invención.

Quizás por eso, le ha gustado la adaptación libre que se ha hecho de su trabajo en una película de animación, que tiene el mismo título que el cómic y que se estrenó el pasado mes de abril. El proyecto ha sido liderado por la productora extremeña Glow y se ha prolongado durante cuatro años. «El resumen de la historia es el mismo: cuatro personas que van a hacer un documental a Las Hurdes intentando cambiar el mundo. Aunque en la película se hace más hincapié en la amistad entre Ramón y Buñuel, mientras que en el libro hablo más del momento personal del director», comenta Solís, que reconoce que cuando acudió a la comarca para presentar su cómic hace diez años notó a la población algo recelosa. «Al volver, he encontrado con gente que piensa que el mejor dejar atrás esa historia; creo que el cómic y la película pueden servir de punto y final».

No todo el mundo es de la misma opinión y el nombre de Buñuel sigue causando malestar. «Es bueno que se sepa la verdad, pero ese señor habló muy mal de la zona; en más sitios había pobreza, no solo aquí», dice la vecina al pasar ante la señalización de la ruta y antes de continuar su camino.