Valdelamatanza, extremeño a medias

El pueblo está situado en Salamanca, pero sus vecinos van al médico en Extremadura, sus niños estudian en la región y su prefijo telefónico es el de Cáceres

Valdelamatanza (157 vecinos) está al sur de la provincia de Salamanca, casi tocando a la de Cáceres. La localidad más cercana es extremeña, Aldeanueva del Camino, a tres kilómetros. /David Palma
Valdelamatanza (157 vecinos) está al sur de la provincia de Salamanca, casi tocando a la de Cáceres. La localidad más cercana es extremeña, Aldeanueva del Camino, a tres kilómetros. / David Palma
Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Valdelamatanza es provincia de Salamanca, comunidad autónoma de Castilla y León, pero sus vecinos van al médico a Aldeanueva del Camino (Cáceres). Y cuando no queda otra que acudir al hospital, la mayoría prefiere el de Plasencia, pudiendo como pueden elegir –que esto es otra rareza– el de Béjar o el de Salamanca. Y sus teléfonos fijos empiezan por 927, que es el prefijo de Cáceres. Para redondear el cuadro, el colegio está en el pueblo, o sea, en Castilla y León, pero lo paga la Junta de Extremadura.

Ahí está el letrero: CRA (Centro Rural Agrupado) Vía de la Plata, con las letras blancas y el fondo verde, idéntico al de un colegio público del centro de Badajoz. Y ese otro cartel, casi una extravagancia, el que identifica al alcornoque de la Fresneda, un fabuloso árbol protegido de 400 años, 21 metros de alto, casi siete de perímetro y 27 de copa. El anuncio a pie de carretera que avisa de su presencia está impoluto, como si lo hubieran colocado esta mañana, y en él pone: 'Alcornoque Fresneda. Árboles singulares de Extremadura. Consejería de Agricultura y Medio Ambiente. Junta de Extremadura. Valdelamatanza'. Y hay que leerlo dos veces y pararse a pensar, porque Valdelamatanza es Castilla y León. Parece claro que este pueblo es una mescolanza.

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«El árbol está en el término de Aldeanueva del Camino, aunque el dueño de la parcela es un vecino de Valdelamatanza», aclara Antonio Rodríguez (69 años), concejal en esta población salmantina que para mayor complicación, depende administrativamente del ayuntamiento de El Cerro (409 habitantes, a diez kilómetros) y está inmersa en un complejo proceso judicial difícil de resumir de forma breve.

En septiembre del año 2017, la Junta de Castilla y León admitió la petición de un grupo de residentes de esta peculiar población, que pedían que esta fuera declarada entidad local menor, para tener una mayor independencia administrativa. Pero el consistorio de El Cerro recurrió ese acuerdo del Gobierno regional y el pasado abril, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León le dio la razón. El grupo vecinal que consiguió la hazaña histórica de dejar de ser un barrio del pueblo vecino –que no equivale a amigo– recurrió esa sentencia, que por lo tanto, no es firme.

Esto significa que a día de hoy, la población castellana que tanto mira a Extremadura tiene el estatus de entidad local menor. Gracias a esto, el pasado 26 de mayo pudieron votar a su propio alcalde, que será Eugenio Javier Britos, del PP. La historia es más intrincada aún, porque Valdelamatanza ya fue entidad local menor hasta poco antes de la Guerra Civil, pero según el TSJ de Castilla y León, no está claro cuándo dejó de serlo.

«Aquí tiramos para abajo (Extremadura) para todo excepto el papeleo, que no nos queda otra que tirar para arriba (Castilla y León)», señalan varios vecinos con un acento que no es ni salmantino ni cacereño

«Aquí tengo un cajón lleno de papeles con toda la historia, para el que la quiera conocer a fondo», invita Antonio Rodríguez, que en una charla de cinco minutos deja un par de ideas claras. La primera es que efectivamente, los vecinos hacen más vida «hacia abajo» (Extremadura) que «hacia arriba» (Castilla y León). Yla segunda: ellos son y se sienten salmantinos. Por si hubiera dudas, su paisano Sigifredo Nieto las despeja: «Aunque en el día a día tiremos más hacia la provincia de Cáceres, yo soy salmantino cien por cien, y la mayoría de los vecinos siente esto mismo. Lo cortés no quita lo valiente».

El roce hace el cariño, pero el amor es otra cosa, viene a decir el vecino de ancho bigote y gorra ganadera, que tiene una hermana que no opina como él. «Mejor nos iría si dependiéramos de Extremadura para todo», afirma Teresa Nieto (54 años), que estudió Educación Social en el centro que la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) tiene en Plasencia y que hasta hace unas pocas semanas trabajaba en Hervás. «Nuestro pueblo está en tierra de nadie, y Extremadura nos ha acogido, debemos estarle muy agradecidos. A mí, me ha dado más que Castilla y León», dice la mujer, que invita a entrar en su casa para charlar con su madre y una amiga.

Sus 157 habitantes pueden elegir entre tres hospitales: Salamanca, Béjar y Plasencia

Ahí están, sentadas a la mesa camilla, junto a un ventanal, Isidora García (86 años) y Claudia Becedas (84), una frente a otra. Se les pregunta por la atención sanitaria que reciben y responde Isidora. «Estamos muy de acuerdo con lo de abajo», dice. O sea, con el hospital de Plasencia y con el centro de salud de Aldeanueva del Camino, que ya es provincia de Cáceres y está a tres kilómetros de Valdelamatanza. El Cerro, que es el ayuntamiento del que siguen dependiendo aunque hayan logrado la declaración de entidad local menor, está al triple de distancia. Física, porque la sentimental parece mucho mayor.

«Estamos ahora un poco tirantes con ellos», ilustra Isidora. «Bueno, lo hemos estado siempre», se corrige de inmediato. La opinión que comparten las dos mujeres, y Teresa y Sigifredo y Antonio y algún otro vecino, es que El Cerro les ignora. Y como prueba, todos señalan al mismo sitio: las calles de Valdelamatanza. Efectivamente, no es necesario ser perito en la materia para certificar que su estado de conservación es mejorable. Sale de ojo que la población necesita unos arreglos.

«Inocentes» equivocados

La enemistad con El Cerro no solo se verbaliza, sino que también se deja por escrito si hace falta. Ahí está el cartel que luce junto a la puerta cerrada de la sede de la asociación de mayores, a la que todos llaman 'el teleclub'.

El comunicado a la vista de cualquiera se titula 'Información a los vecinos de Valdelamatanza', y no se anda por las ramas. «Por la presente –comienza– les informamos que el señor alcalde de El Cerro, don Juan Carlos Garavis González, en compañía de don Fernando Martín Nieto y el resto de concejales, han dejado de pagar la contribución del teleclub desde hace cinco años, coincidiendo con su entrada en el ayuntamiento de El Cerro». «Seguramente –sigue–, pretendían que nos expropiasen por impago y tuviésemos que comprar nuevamente el edificio. Nos hemos enterado gracias a que el organismo que recauda la contribución de la Diputación de Salamanca nos ha informado directamente como ayuntamiento de Valdelamatanza. Esto es lo que nos quieren estos señores, y aún así ha habido 26 personas que inocentemente les han votado». Este último párrafo está subrayado. «Estos señores –arranca el párrafo final, también subrayado y además en negrita– son los mismos que han intentado impedir que seamos una entidad local menor con capacidad de autogobierno, para seguir aprovechándose de nuestro pueblo. Os informamos para que cuando los veáis, los felicitéis por tanta indignidad».

«Aquí nos sentimos casi todos salmantinos, que lo cortés no quita lo valiente» Sigifredo Nieto | Vecino

El polémico cierre del 'teleclub' ha dejado al municipio sin bar de lunes a viernes. «Lo abrimos los pensionistas los sábados y los domingos, para tomar un café y echar la partida», cuenta Eleuterio Martín (63 años), extremeño por nacencia y por convicción. «Yo soy de Hervás, y aunque me gusta mucho Valdelamatanza, que es donde vivo, mi pueblo es y será siempre Hervás (a diez kilómetros, 4.502 empadronados)», dice el hombre, que echa la mañana acompañado por un perro que ya vivió sus mejores días. «Aquí la gente tira sobre todo para Plasencia (a 38 kilómetros, 40.141 habitantes), y a Béjar (a 27 kilómetros, 12.961 residentes) vamos solo a las cosas del agua, la luz y demás papeleos», comenta Eleuterio, un laringectomizado que se toma su enfermedad con el mejor humor. «Llevo diez años jubilado, desde que me cortaron el pescuezo», bromea el hombre. «De la garganta –detalla– me operaron en Plasencia, que tuve unas complicaciones y me pasé allí cuatro meses hospitalizado, y lo de las hernias, que fue entrar y salir del hospital en el mismo día, me lo hicieron en Béjar».

Su caso no es excepcional. Sandra González (30 años) dio luz a su hija de diez años en Béjar y al niño, que tiene cinco, en Plasencia. «Mi impresión es que la sanidad funciona mejor en Extremadura que en Castilla y León», explica la joven, que regenta el único negocio del pueblo. Ella, que habla tras el mostrador, desborda amabilidad, y su tienda, que abre solo por las mañanas, es muchas en una sola. De frente tiene los tomates, y a sus espaldas, las colonias. «A mí me surten la mercancía dos almacenes de Plasencia y uno de Béjar», detalla la joven, que es la madre de dos de los cinco alumnos del colegio local (uno tiene cinco años, otro doce y tres niños tienen diez). Profesores hay también cinco contando a los tres de especialidades (uno para Inglés, otro para Educación Física y un tercero para Música). El CRA agrupa a alumnos de seis localidades: Baños de Montemayor, Aldeanueva del Camino, La Garganta, Gargantilla, Segura de Toro y Valdelamatanza.

«A mi hija la di a luz hace diez años en el hospital de Salamanca, y a mi hijo, de cinco, en el de Plasencia»

«A mi hija la di a luz hace diez años en el hospital de Salamanca, y a mi hijo, de cinco, en el de Plasencia» Sandra gonzález | vecina

«Tenemos mucho que agradecer a Extremadura, mejor nos iría si para todo dependiéramos de ella»

«Tenemos mucho que agradecer a Extremadura, mejor nos iría si para todo dependiéramos de ella» Teresa Nieto | Vecina

De sus cinco escolares, dos son diabéticos. La pareja de maestras les miden la glucosa cada poco y según sean sus niveles de azúcar en sangre, les dan zumos o les dicen que dejen de jugar al baloncesto un rato durante el recreo. «Estoy tranquila, sé que les cuidan bien», dice Sandra González, que si tiene que ir al supermercado o al dentista, elige Plasencia. Y para la sanidad, también prefiere Extremadura. «Funciona mejor que la de Castilla y León, excepto para las radiografías, que en Plasencia tienen mucha lista de espera y en Béjar ninguna». Además, no tiene que andar cambiando de tarjeta sanitaria. Ella y todos los demás empadronados en Valdelamatanza tiene la del SES, y con esa les vale aunque vayan a Béjar, porque los gobiernos autonómicos de Extremadura y Castilla y León tienen firmados convenios de atención sanitaria recíproca.

Dónde tomar el café

«Aquí, para tomar un café o una cerveza, la mayoría de los vecinos vamos a Aldeanueva del Camino o a Hervás –explica Sandra González–. De hecho, a Hervás llevamos la mayoría a los niños a clases particulares, y en Hervás está el instituto al que van los chavales de aquí cuando han acabado la etapa del colegio».

«De las hernias me operaron en Salamanca, y de la laringe,en Plasencia» Eleuterio Martín | Vecino

La vida en Valdelamatanza, en definitiva, se organiza mirando principalmente «hacia abajo». Esto parece tan claro como que una mayoría de los que habitan en esta original localidad rodeada de vaquerías se siente salmantino. «Vamos al hospital a Plasencia en vez de a Salamanca por cercanía, porque una ciudad está a 30 kilómetros y la otra a 100, pero la sanidad es mejor en Salamanca, tiene más prestigio», opina Sigifredo. «A mí me tienen que operar y va a ser en Cáceres, aunque si fuera en Salamanca no me importaría», tercia una vecina. A su lado, otra paisana duda si quedarse a animar la charla porque son ya las dos y hay que comer. «La vida la hacemos en Extremadura», concluye una de las tertulianas a pie de calle maltratada. «El médico es por abajo –detalla–, el sacerdote es por abajo –la población pertenece a la diócesis de Plasencia, al igual que una parte de la provincia de Salamanca–, las escuelas son por abajo...». Una más se suma al corrillo y lo condensa todo en quince segundos. «Mira, escucha. Mi hijo ha estudiado todo en Plasencia. Primero en Las Josefinas (hay colegio e instituto) y luego la Universidad, y ahora trabaja en Cáceres. Yo estoy muy orgullosa de Valdelamatanza, aquí vivo y aquí voy a seguir, pero todo lo que nos llega aquí viene de abajo».