Los pioneros de la vejez feliz

La primera promoción de agentes de la salud vive en Granadilla su particular viaje de fin de curso

A la derecha, Gloria Cerrudo (76 años, de Cáceres) haciendo prácticas de albañilería junto a otros mayores de la región./DAVID PALMA
A la derecha, Gloria Cerrudo (76 años, de Cáceres) haciendo prácticas de albañilería junto a otros mayores de la región. / DAVID PALMA
Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

La ternura es esta foto de Gloria (76 años) y Ana María (81) cogidas de la mano y sonriendo como si acabaran de bajarse del podio reservado a las tres personas más felices del planeta. Gloria Cerrudo (centro de mayores Cervantes, de Cáceres) viste mono de pintor marrón repleto de salpicaduras de todos los colores que en el mundo existen; Ana María Tirado (centro de mayores San Andrés, de Badajoz) luce mono blanco sin mácula, lo que no quiere decir que no se haya fajado en las labores de albañilería junto a su amiga. «Yo he hecho lo que he podido, que tengo una hernia discal», se disculpa Gloria, que diez minutos antes, paleta en mano, se esforzaba en agacharse para echar cemento sobre la base de un muro de piedra. Ella y su amiga –hace poco más de un día que se conocen– son dos de las sesenta integrantes de la primera promoción de agentes de la salud del aula de envejecimiento activo de la Escuela de cuidados y salud de la Junta de Extremadura.

El nombre es largo, pero tiene su explicación. La Escuela de cuidados y salud es un servicio que la administración autonómica creó el año pasado, como una herramienta destinada a mejorar la salud de la población en general y de modo particular la calidad de vida de las personas con una enfermedad crónica. De una manera u otra, en ella participan pacientes, familiares, profesionales, asociaciones y ciudadanos en genera. La iniciativa implica al SES (Servicio Extremeño de Salud) y al Sepad (Servicio Extremeño de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia).

Captación de voluntarios

Como la atención sanitaria es un campo gigantesco, se crearon distintas áreas específicas, bautizadas como aulas dado que estamos en una escuela. Y una de ellas es la de envejecimiento activo, que hace unos meses inició un proceso de captación de voluntarios entre varios centros de mayores de la comunidad autónoma. La idea era encontrar personas que por su perfil y su disposición pudieran recibir una formación que les permitiera convertirse después en promotores de salud entre sus iguales. Esa formación a cargo de profesionales en cada materia la han estado recibiendo durante el último año, y como una especie de viaje de fin de curso, los sesenta pioneros se han juntado esta semana en Granadilla, el pueblo expropiado por el gobierno franquista en 1955 para construir el embalse de Gabriel y Galán, a media hora en coche de Plasencia en dirección a Salamanca.

Tras la entrega de diplomas, con José María Vergeles (centro). :
Tras la entrega de diplomas, con José María Vergeles (centro). : / DAVID PALMA

Hasta el pueblo-museo viajaron mayores de tres centros de Cáceres (el Cervantes, el de Peña del Cura y el de la Plaza Mayor), dos de Badajoz (San Andrés y Campomayor), el del Calvario en Mérida y por último, el centro de mayores de Miajadas. Llegaron el lunes al mediodía y se marcharon el miércoles por la tarde. Dos noches de estancia en los alojamientos comunitarios que hay repartidos por Granadilla, con un plan de trabajo que comenzaba con la diana a las ocho de la mañana. Desayuno a las ocho y media, bocata y pieza de fruta a las once y media, comida sobre las tres seguida de una hora de descanso, y a medianoche, vuelta a las habitaciones. Y repartido a lo largo de todo del día, un catálogo de actividades para no aburrirse: rally fotográfico, una charla sobre sexualidad saludable y otra sobre consumo y los talleres sobre oficios de toda la vida. O sea: ganadería (trasegar con los cerdos, dar de comer a un burro o echarle un ojo a las ovejas), agricultura (atender al huerto), albañilería, jardinería, recogida de plantas silvestres, panadería, cestería...

Durante dos días y medio han hecho de albañiles, jardineros o ganaderos, y les han hablado de consumo o sexualidad

Un esquema que se parece bastante al que siguen los jóvenes que participan cada año en el programa de recuperación y utilización educativa de pueblos abandonados, una iniciativa que implica a tres ministerios (el de Agricultura, Pesca y Alimentación, el de Fomento y el de Educación, Cultura y Deporte) y que solo se puede vivir en tres sitios en España, uno de ellos el pueblo extremeños desalojado en los 50 y al que Pedro Almodóvar sacó en su película 'Átame'.

Esta vez, los protagonistas no tienen 16 años, sino sesenta, setenta, ochenta... «Cuando me jubilé, decidí que quería hacer cosas y no quedarme en casa», explica Felisa Sanromán, que tiene 66 años y ha trabajado como psicóloga en el comité antisida de Extremadura. Al poco de dejar de trabajar, conoció el centro de mayores, le hablaron del programa de agentes de salud y se apuntó, relata sentada frente al comedor de Granadilla. Su compañera de banco es Consolación Ruiz (71 años, de Miajadas), que según cuenta, ha trabajado toda la vida. «Tuve primero un bar y luego una frutería, y he tenido cinco hijos, así que nunca he podido hacer casi nada», resume la mujer.

Aprendiendo nociones de carpintería.
Aprendiendo nociones de carpintería. / David Palma

Como si tratara de recuperar el tiempo perdido, ahora sí que hace cosas. Y también su marido, que la acompaña en esta aventura para mayores pioneros. Los sesenta que abrirán camino. En menos tiempo del que ellos piensan, estarán dando charlas en centros de salud, en institutos y puede que también en la Universidad de Extremadura. Explicando a los que tienen más o menos su edad cómo hacer para ir sumándole años a la vida sin restarle calidad.