Monumento a los cereceros

El alcalde de Navaconcejo y el escultor, junto al monumento. :: e. ll./
El alcalde de Navaconcejo y el escultor, junto al monumento. :: e. ll.

Está en Navaconcejo, lo ha hecho el escultor extremeño Antonio Morán Martín y ha costado 50.000 euros

EMILIO LLORENTE

En esta época en que en distintas ciudades aparecen esculturas ensalzando oficios en calles, plazas o rotondas, el Ayuntamiento de Navaconcejo, que preside José Antonio Moreno Rama (por unos días, después de cuatro legislaturas), ha hecho realidad que los cereceros tengan su reconocimiento. Podría haber estado en muchos pueblos, pero como pasó con el instituto, Upanvalle o la plaza de toros, Navaconcejo va a tener el privilegio de ser el primer pueblo en reconocer a estos agricultores.

Cuando los vecinos de la localidad y los turistas que paseen junto a la travesía de la N-110 verán un monumento realizado por el escultor extremeño Antonio Morán Martín (director del EMAD de Casas del Castañar y que ha realizado múltiples exposiciones) y en la obra verán lo que fue la tarea de aquellos hombres y mujeres del valle en los años sesenta y setenta en la labor principal que representa la cerecera. Aparecen el agricultor cogiendo cerezas, la mujer escogiendo en la estera o en la manta, el mulo cargado con las jaulas y todo ello retrotrae a los que ya peinan canas a aquella época en que el valle era el 70% de la producción nacional de cerezas y ahora el 30%.

Cuando la comarca era un ejemplo cooperativo agrícola, época en que había que levantarse a las cinco de la mañana, aparejar las bestias, cargar las jaulas, gatear en muchos casos por fincas escarpadas a las que se llegaba por caminos de herradura, apareciendo más tarde los primeros carriles y algunos vehículos aislados. Años en los que había que ir a cortar los helechos para la cama de las jaulas a primera hora para que estuvieran frescos.

Se subían los labriegos a cerezos de ocho o diez metros, provistos de una larga soga para, gateando hasta la cogolla y atando los ramos, tirar las primeras cestas de la mañana «a ver quién la tiraba primero». Había pique hasta para trabajar. No había tendales y se escogían las cerezas en el suelo en las mantas o la estera de las caballerías, realizada por las mujeres generalmente.

Pues eso y mucho más encierra este monumento mural de resina de poliéster con polvo de mármol y patinado con bronce cuyo coste ha sido de 50.000 euros, según el alcalde Moreno Rama, que se siente muy orgulloso de haberlo encargado y que los agricultores tengan este reconocimiento, los de antes y ahora que también hay que estar peleando con la tierra para sacar las cosechas adelante. El mural lo realza la poeta vallense, premio Adonais y Cereza de Oro del Valle del Jerte, profesora y colaboradora de HOY Irene Sánchez Carrón, cuando sobre el granito deja su saber: «Para coger cerezas es preciso, una luna de enero que injerte la esperanza, los dedos de febrero que cierren las heridas y el aliento de marzo que haga brotar la flor. Una mujer, un hombre, su herida, su esperanza, su determinación. Un hombre, una mujer, firmes como raíces, ligeros como hojas».