«Mi mensaje es de unidad, diálogo y respeto»

Eugenio Albalate, en primer término, junto al vicario José Manuel García. :: JSP/
Eugenio Albalate, en primer término, junto al vicario José Manuel García. :: JSP

Su primera misa tendrá lugar mañana, a las seis de la tarde, en la iglesia de San Martín

JAVIER SÁNCHEZ

«Llego con mucha ilusión y ganas de trabajar, que son las mismas que tenía hace unos meses, en mi anterior destino, Guareña». Así se muestra el nuevo párroco de la ciudad trujillana, Eugenio Albalate, que hará su 'toma de posesión', mañana, a las 6 de la tarde, en una misa que tendrá lugar en la iglesia de San Martín, en la plaza Mayor. Se espera una gran afluencia de personas, no solo de Trujillo, sino también de Guareña, donde ha dejado huella.

Este sacerdote afronta su segunda etapa en este municipio. Antes, estuvo como vicario parroquial de San Martín. «Me ha tocado volver a Trujillo de otra forma y en otras circunstancias», explica. Persona querida y cercana, como nuevo responsable religioso tiene por delante retos importantes. Algunos de ellos son la unificación de las dos parroquias, intentar devolver la paz en agrupaciones religiosas, así como estudiar los convenios de las iglesias con el Ayuntamiento en materia de turismo, sin olvidar la conservación de los templos.

Ante esos desafíos, tiene claro cuál es su primer mensaje. «Debe ser el de unidad, diálogo y respeto». No comparte que cada colectivo o persona esté por su lado. «Tenemos que, con nuestro carisma, vivir el servicio de la Iglesia». Para ello, insiste en que hay que remar todos juntos en una misma dirección.

LAS CLAVES «Ahora, habrá en la ciudad una sola parroquia, con diferentes lugares de culto» «Primero hay que escuchar a los movimientos y grupos de las parroquias, uno a uno» «Las iglesias se deben implicar en potenciar el turismo» «Hay que acompañar, escuchar y querer a la gente. Hay dar parte de nuestro testimonio, ejemplo y entrega»

Durante estos primeros días en Trujillo, no para de saludar a vecinos, jóvenes y no tan jóvenes. También está sirviendo de anfitrión al nuevo vicario parroquial, el joven sacerdote José Manuel García. A ambos le tocará ejecutar esa unidad parroquial, ahora dividida en la parroquia de Santa María y San Francisco y la de San Martín. El nuevo responsable señala que esa unidad será tanto pastoral, como jurídica y económica. Matiza que, por ahora, no habrá un decreto hasta que el prelado placentino lo decida. Recuerda que ya, con los anteriores sacerdotes, se venía trabajando de forma unificada en diversas cuestiones, como catequesis, Cáritas y preparación al patrimonio, entre otras. «Ahora, habrá una sola parroquia, con diferentes lugares de culto».

El único cambio inmediato será la reestructuración de misas. «No se pueden hacer todas las de antes», ya que había más sacerdotes. Además, los actuales tienen que atender otras zonas. Ante el resto de decisiones, el nuevo párroco prefiere ser cauto. «Primero hay que escuchar a los movimientos y grupos de las parroquias, uno a uno», reitera una y otra vez. Quiere conocer cuáles son sus anhelos y sus carencias. Además, defiende la labor de sus predecesores. «Todos han aportado», sostiene.

Esa receta es precisamente la que quiere aplicar al conflicto existente entre Junta de Cofradías y el Nazareno. «Hay que reunirse con los grupos y escuchar a todos». Insiste, «a todos». A partir de ahí, «se trabajará y se intentará acompañar e, incluso, descubrir lo que a lo mejor uno no conoce y, al mismo tiempo, enseñar o decir lo que la Iglesia nos está invitando a hacer».

Una vez asentado en Trujillo, también quiere mantener una reunión con el Ayuntamiento para analizar la gestión del turismo en los templos. Ya ha hablado con los anteriores sacerdotes para conocer cuáles eran sus ideas. Ahora, quiere saber lo que piensa el consejo pastoral una vez que se cree. «A partir de ahí, se estudiará, junto con la Diócesis, la fórmula que mejor convenga a todos». Aunque por ahora quiere ser diplomático con todas las partes, reconoce que la tendencia es que la parroquias gestionen directamente el turismo. «Las iglesias se deben implicar en potenciar el turismo», defiende. No tiene dudas de que ese recurso enriquece a todo Trujillo. Por ello, opina que se tiene que poner al servicio de la comunidad. No solo se debe mantener, sino también enriquecerlo.

En esa labor pastoral, Albalate reconoce que existe una carencia de fe en la sociedad. Como receta, «Hay que acompañar, escuchar y querer a la gente». Considera, igualmente, que «hay que dar parte de nuestro testimonio, ejemplo y entrega. A partir de ahí, se pueden cambiar muchas cosas», añade.