Malpartida de Cáceres presume de tradición y se entrega a la Patatera

Así estaba la plaza de Malpartida ayer a las 12.30 horas. / Jorge Rey

La fiesta, que evoca una vieja costumbre de los quintos, agota las 1.500 raciones en una jornada marcada por el refuerzo de la seguridad y el tiempo inestable

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Hay un día al año en el que Pilar Redondo rescata el pañuelo portugués que lucía su abuela al cuello y lo incorpora a su indumentaria, dispuesta a pasar una jornada inolvidable, junto a Isabel Patrón, Diego Pulido y José Fajardo. Pilar tiene 73 años y ayer se entregó a la fiesta grande de su pueblo, Malpartida de Cáceres.

Cada Martes de Carnaval, el municipio cacereño se transforma en una romería urbana, que evoca una vieja tradición de los quintos. La fiesta, declarada de Interés Turístico Regional desde 2016, se ha convertido, según señala Alfredo Aguilera, alcalde de la localidad, en la mejor carta de presentación de los habitantes de este pueblo. «Si esto es importante para nosotros es porque simboliza el espíritu malpartideño: la generosidad y la alegría. Dejamos los problemas en casa y venimos a disfrutar de este día tan especial para nosotros», apuntaba el primer edil.

La Pedida de la Patatera –es así como se denomina la celebración– hunde sus raíces en el siglo XIX. Entonces, los quintos salían por las calles pidiendo comida para afrontar el último día del Carnaval, antes de la llegada de la Cuaresma. Su botín gastronómico se nutría principalmente de patatera, ya que esta morcilla abundaba en los hogares y resultaba ser un producto de lo más económico. Los quintos terminaban su ruta en la plaza, donde se comían todos los manjares conseguidos.

Con el paso del tiempo, esta tradición dejó de festejarse hasta que en 1985 un grupo de vecinos se propuso rescatarla. Aquel año participó medio centenar de personas. En la actualidad, la fiesta congrega a 10.000 asistentes, según las estimaciones municipales.

Este martes la Pedida de la Patatera tuvo un día inestable, en lo que a climatología se refiere. El tiempo acompañó durante el pasacalles, de un kilómetro de distancia, que abre la celebración. Durante el recorrido, y al ritmo marcado por las cuatro charangas que animaron el desfile, los malpartideños evocaron su tradición. Ya no piden por las casas. Guardan la comida en cestas y alforjas. Ellas visten el traje negro de percal, rematado con pañuelos de colores como el de la abuela de Pilar. Y ellos rescatan la vestimenta de labrador. Sin embargo, en los últimos años los vestidos más austeros conviven con los trajes de volantes.

El inicio de la fiesta tiene como punto de partida el pregón que el alcalde pronuncia cada año desde el balcón del ayuntamiento. Durante su intervención, Aguilera saludó a visitantes procedentes de Sevilla, Alcalá de Henares o Galicia. Y pidió «sentido común y madurez» para disfrutar de la fiesta con el fin de evitar altercados como el ocurrido el año pasado, cuando un varón rompió la nariz a una joven que esperaba en la cola del autobús para volver a Cáceres al recriminarle que se había colado. Tras este incidente, Malpartida ha reforzado en esta edición la seguridad en la parada de autobús con una patrulla de la Policía Local, Guardia Civil y la presencia de vigilancia jurada.

«La vida son cuatro días y uno de ellos... la Patatera». Con esta frase, coreada por la multitud que a las 12.35 horas se reunió en la plaza Mayor, se dio el pistoletazo de salida a una fiesta que se prolongó durante todo el día. Tras el pasacalles, se repartieron (y agotaron) 1.500 raciones de patatera con pan entre los asistentes. Y, después, la acción volvió a la plaza, donde se instalaron dos discotecas móviles. La lluvia hizo entonces acto de presencia.

José Polo y Toño Pérez, dueños de Atrio, han sido galardonados con el premio 'Patatera de honor'

«Para nosotros la Patatera es el día más grande de Malpartida. Antes no se celebraba tanto pero ahora es una fiesta que va a más», presumía Isabel Lancho, de 60 años.

La familia de la periodista Laura Sánchez es de Malpartida, donde ella ha fijado su residencia desde hace varios años. «Para los malpartideños esta es una fiesta intergeneracional. Lo más bonito es que la compartimos con nuestros familiares, amigos y vecinos. La disfrutamos todos», resumía.

Reconocimiento

La fiesta puso el broche a una semana gastronómica dedicada al embutido estrella en la localidad. El lunes se entregó, por tercer año consecutivo, el premio 'Patatera de honor', que este año ha recaído en José Polo y Toño Pérez, propietarios del restaurante-hotel Atrio de la Plaza de San Mateo. Con este galardón, Malpartida ha querido agradecer el lugar que Atrio reserva a la patatera en sus menús de dos estrellas Michelín. En concreto, la propuesta de Toño Pérez consiste en una berlinesa rellena de crema de patatera y velo de tocino.

«La patatera siempre ha sido la hermana pobre de la cocina, pero hoy por hoy está muy bien considerada», zanjaba José Manuel Galán, presidente de la asociación de Amigos de la Patatera, colectivo que trabaja para que este producto sea reconocido como especialidad tradicional garantizada (ETG).