Fin de curso en Robledillo de la Vera

Su colegio no abrirá sus puertas el próximo curso, pese a que en el pueblo hay niños en edad escolar

Los cuatro alumnos del centro durante una clase con su profesora de Religión. :: ANDY SOLÉ/
Los cuatro alumnos del centro durante una clase con su profesora de Religión. :: ANDY SOLÉ
JOSÉ M. MARTÍN

Las instalaciones se encuentran en perfecto estado, está dotado con todo el equipamiento necesario e, incluso, hace un par de años se instalaron unos columpios en el patio. Sin embargo, el colegio San Miguel Arcángel de Robledillo de la Vera cerrará sus puertas al finalizar el presente curso escolar.

Mateo, Irene, Álvaro y Aitana van a ser sus últimos alumnos. Al menos de momento, porque en el pueblo no se pierde la ilusión de que en algún momento se vuelvan a impartir clases en la localidad. Algo que no parece fácil si se tiene en cuenta que en los últimos cinco años solo ha habido un nacimiento, que se produjo en 2018, según confirma Lucas Martín, alcalde del municipio, que añade que el año pasado fallecieron trece personas, por lo que la pérdida de población fue notable.

«La despoblación es nuestro principal problema, solo ha habido un nacimiento en los últimos cinco años», apunta el alcalde

En la actualidad hay 288 habitantes, según el censo del INE. «Hace cuatro años rondábamos los 350 vecinos», informa Martín, que es consciente de que la despoblación es el principal problema al que se enfrenta como primer edil local. «En mi quinta éramos once muchachos», indica Juan Sánchez, de 84 años, mientras se toma un café en uno de los dos únicos bares que tiene el pueblo. Hasta hace no mucho había seis establecimientos y varias tiendas. «Ahora, para las compras grandes hay que desplazarse a Jarandilla o a Losar», comenta María Vera, que recuerda que en su barrio había más de 20 niños. «Todos se han ido a estudiar fuera y a buscar trabajo lejos del pueblo», apostilla.

Como otros muchos pueblos de la comarca de La Vera, Robledillo vive de la agricultura. El tabaco y el pimiento son los principales sectores productivos y la reducción de la mano de obra necesaria, ya sea por la mecanización o por el descenso de la superficie cultivada, hace más difícil encontrar trabajo en la zona.

Parece una incongruencia, pero precisamente el empleo es una de las razones que están detrás del cierre de la escuela. «Aquí no hay opción de que haya comedor escolar y algunos padres prefieren llevar a sus hijos al colegio de Losar de la Vera porque tienen que trabajar y necesitan hacer uso de este servicio», aporta el alcalde.

Y es que en Robledillo hay once niños en edad escolar, aunque solo cuatro de ellos acuden al colegio en el pueblo. El resto van a Losar por expreso deseo de sus padres. «No podemos obligar a nadie a llevar a sus hijos a un determinado centro», comenta María Luisa Guillén, delegada provincial de Educación en Cáceres. «Apostamos por no cerrar ningún colegio; la única razón por la que lo hacemos es porque nos quedamos sin alumnos», insiste.

«Me da mucha pena, nunca es bueno que desaparezca un colegio»

«Me da mucha pena, nunca es bueno que desaparezca un colegio» CRISTINA DELGADO, MAESTRA

«Tengo 84 años y en mi quinta había once personas, entre chicos y chicas»

«Tengo 84 años y en mi quinta había once personas, entre chicos y chicas» JUAN SÁNCHEZ, VECINO

«En mi barrio había más de 20 niños y todos se han ido fuera»

«En mi barrio había más de 20 niños y todos se han ido fuera» MARÍA VERA, VECINA

De los escolares actuales, el próximo curso tres pasarán al instituto, que también se encuentra en Losar de la Vera. Así, solo Aitana se quedaría en el colegio, por lo que sus padres han preferido que vaya a clase con más niños. «Me hubiera gustado que siguiera en el pueblo, pero no sola y como le ponen transporte gratuito hasta su nuevo colegio creo que va a ser mejor», señala Mariví Ibáñez, su madre. Además, Aitana estudiará sexto de Primaria el año que viene, por lo que al siguiente curso debería desplazarse para ir al instituto.

Colegio unitario

Las clases en los colegios como el de Robledillo están formadas por alumnos de diferentes edades. «Normalmente van juntos los niños de Infantil y los de primero y segundo de Primaria, por un lado, y los de segundo a sexto, por otro», explica Cristina Delgado, que está por segundo año consecutivo como única profesora de este centro, al que también acuden en su horario correspondiente los docentes de Religión, Música y Educación Física.

La división de los estudiantes en dos aulas motivó que una de las niñas que ahora acude a Losar se quedara sola en la clase de los más pequeños, por lo que sus padres también optaron porque dejara el centro de Robledillo. «Igual de importantes que las asignaturas son las relaciones con compañeros y la socialización, así como compararse a nivel educativo», reconoce la delegada de Educación.

Este sistema organizativo es otra de las peculiaridades de los centros de este tipo. Hay padres a los que no les gusta, pero otros lo ven como una gran oportunidad de tener clases muy personalizadas. «Prefiero que estudien aquí, es más cómodo y el nivel es bueno; me parece mejor evitar que mis hijos tengan que coger un autobús todas las mañanas», dice Ángela Martín, madre de uno de los alumnos que sigue en el San Miguel Arcángel. «Los estudiantes que salen de aquí suelen tener muy buenas notas cuando pasan al instituto», remarca Ibáñez.

«Creemos que en un par de años no va a haber ningún otro cierre», según la delegada de Educación

En este sentido, la profesora destaca que los alumnos que tiene están acostumbrados a ser muy autónomos en sus tareas y a aprovechar el tiempo que ella dedica a un compañero de otro curso. «Tenemos un ordenador y una tableta digital para cada niño y muchos libros en la biblioteca a su disposición», cita entre las ventajas que ella detecta para los pequeños.

Todo este material será recogido por la Consejería de Educación una vez que finalice el curso, porque el año que viene no se usará en Robledillo. «Se destinará a otro centro que lo demande», afirma Guillén, que también apunta que este cierre será el único de cara al próximo año académico, pero en lo que va de legislatura ya ha pasado en localidades como La Garganta o Alonso de Ojeda. «Me da mucha pena, cerrar un colegio siempre es una lástima», remarca Delgado, que es interina y el año que viene tendrá obligatoriamente otro destino.