El berrocal sigue esperando protección

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El Ayuntamiento inició el proyecto para que el entorno cuente con la figura de corredor ecocultural

TRUJILLO.

Valor medioambiental, patrimonial e, incluso cultural. Así lo destacan los entendidos. Otros lo dicen de una forma más llama. Es un espacio idóneo para andar, correr o montar en bicicleta por la naturaleza alrededor de grandes y llamativos canchos, junto a chozos, pozos y otros elementos históricos. Se trata del berrocal trujillano, que sobrevive en el tiempo, a pesar de algunas acciones de la mano del hombre. Ante esas posibles amenazas, el Ayuntamiento inició a finales de 2015 un proyecto para que este entorno, lleno de vías pecuarias, caminos y callejas, cuente con una figura de protección. Los primeros pasos ya se dieron, aunque todavía falta un fuerte empujón.

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La persona que comenzó esta iniciativa fue el ingeniero técnico forestal Ismael Fuentes, con la ayuda del quien fuera técnico de Medio Ambiente, Abraham Muñoz, y de los alumnos de taller 'Interpretación y Educación Ambiental' de la antigua escuela taller 'Taryalah III'.

La idea era elaborar un informe para que el berrocal trujillano contase con la figura de protección llamada corredor ecocultural. Fuentes recuerda que se eligió esa fórmula porque es la que mejor se adapta al entorno trujillano, ya que el 80 por ciento de la superficie es privada. Por tanto, se pretendía proteger sus callejas, vías pecuarias y caminos, todo ello vinculado a la fauna y la flora, así como a los elementos vernáculos y su arquitectura. Con esta propuesta, se consigue un equilibro de los usos ya existentes en el terreno con la protección.

Muchas callejas están cegadas por zarzales y las zonas aledañas al castillo que el Ayuntamiento limpió están llenas de maleza

La primera parte del proyecto terminó con una amplia recogida de datos del entorno, que tiene más de 8.000 hectáreas. Ahora, falta hacer un análisis y plasmar esa información en papel para solicitar la protección. Uno de los expertos que apuesta por la continuidad del proyecto es el biólogo Francisco Hueso, quien fuera monitor de esa escuela taller. Asegura que «Trujillo es lo que es por su berrocal».

Fuentes, asimismo, explica que, con esta iniciativa, se aportaría, además, un recurso más al turismo de naturaleza, ya que se detallaría, de forma documental, los elementos existentes en cada zona, con situación. Cree que también sería una buena forma para acabar con algunos abusos que se están dando, como la tirada de cascotes o basura.

Estudio

Esa necesidad de protección siempre está presente cada vez que se habla del entorno trujillano. Ejemplo de ello es el estudio que dirigió el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Rafael Matas, sobre el paisaje. Fue promovido por el Ayuntamiento para el Plan General Municipal. En este documento, se especifica la necesidad de una figura integradora de los valores naturales y culturales del paisaje. En uno de los apartados de este estudio, se apunta la importancia de «promover un modelo de ciudad respetuosa, integrada y enaltecedora de los valores del paisaje del berrocal, del que forma parte indisociable».

En esta misma línea lo destaca Álvaro Casanova, integrante del Seminario del Paisaje, del quien también forma parte el Ayuntamiento, junto con Adenex y la Fundación Xavier de Salas. Recuerda que una figura de protección no solo es una regulación, sino también puede suponer un reclamo. «La lectura de Trujillo se enriquece cuando se incorpora el berrocal, ya que multiplica su atractivo». A partir de ahí, se pueden abrir nuevas oportunidades, añade.

También tiene claro que es necesario crear órganos de participación para que la población conozca y haga suyo el proyecto. Por ello, uno los primeros pasos es que se conozca y reconozca sus valores. «Es imposible conservar aquello que no se conoce», apunta.

Más allá de esa protección, se debería aumentar el conocimiento que tiene la población del propio berrocal. Así opina Adolfo García, integrante del club de senderismo Trujillo en Marcha, que se ha 'pateado' todo tipo callejas y caminos por la zona. Cree que es un recurso para la ciudad allá por donde se camine y no siempre está valorado. También sostiene que tiene sus puntos negros, puesto que hay muchas callejas que están cegadas por zarzales, escobas y chaparros. En muchos casos, «la conservación es nula». En otras, como en zonas aledañas al castillo, reconoce que el Ayuntamiento hizo un trabajo de limpieza, pero que, a los pocos meses, se llenó de nuevo de maleza.

Este gran conocedor del entorno avanza que está realizando un mapa o esquema del berrocal para detectar las callejas existentes y cuáles son transitables. El gran problema es que es «un trabajo de chinos».

El biólogo Hueso también apuesta por la relevancia de un mayor conocimiento del berrocal y mostrar para qué servían muchas de sus callejas y elementos históricos.

No hay que olvidar que los primeros asentamientos en Trujillo se producen en el berrocal. Fue desde la Edad de Bronce' hasta la Edad Media, señala el cronista oficial de Trujillo, José Antonio Ramos. Destaca, de este modo, su importancia histórica. Ejemplo de ello son algunos de sus hallazgos, como restos del convento de los Arcabuces, del siglo XVI, así como molinos de viento del siglo XVIII y otros restos de una basílica visigoda del siglo XVII.

 

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