Vivir entre paja es posible en la región

Miguel y Luisa ya han pasado un invierno y un verano sin calefacción ni aire acondicionado | Iniciaron la construcción de esta casa en 2012 en Torremayor y concluyeron la obra el año pasado

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

En el año 2012 los habitantes de un pequeño pueblo de las Vegas Bajas, Torremayor (Badajoz, 1.013 habitantes) vieron levantarse una casa fabricada con paja. La primera noticia la hizo correr un vecino de aquella parcela que vio que al lado se almacenaban pacas y pacas y pensó que le iban a traer vacas a sus dominios. Hasta que le explicaron que aquello era el material de construcción del futuro hogar de Luisa Gil y Miguel Estribio, donde no hay un solo ladrillo ni rastro de cemento, como comprobó con asombro un albañil que pasaba a diario por el lugar y terminó trabajando de peón en la obra.

Primero hicieron la estructura de madera, después los muros fueron creciendo, se terminó el tejado y se lució el interior, proceso del que HOY dio cuenta en un anterior reportaje. Pero por problemas económicos sus propietarios no pudieron rematar aquella casa que despertó la curiosidad de todo el pueblo. El año pasado terminaron de ponerle el suelo, las ventanas y la cocina de mampostería, de modo que pudieron mudarse en diciembre. Debido a que la paja hace de aislante el plan era no instalar ni calefacción ni aire acondicionado, todo un desafío en una tierra de temperaturas tan extremas. Ya ha pasado un invierno y un verano y Luisa y Miguel están encantados.

«En invierno la temperatura ha sido muy agradable, en torno a 22 grados. Tenemos una estufa de pellet en el salón, y la encendíamos más porque nos gustaba verla encendida que porque se necesitara. Este verano ha sido muy caluroso y los peores días, cuando en la calle hacía casi cuarenta grados aquí estábamos a unos 27 o 28 grados. Como mucho he puesto el ventilador algunos días, pero mi yerno va a corregir algunas cosas para que el próximo verano se esté mejor».

Han de perfeccionarla, pero en invierno y en verano la temperatura ronda los veinte grados

Es el novio de su hija Rosalía, Álvaro Rodríguez, el que lo ha ideado todo. Carpintero de profesión y en la actualidad estudiante de diseño industrial en Mérida, cuenta su suegra que ella había visto un documental con este tipo de casas y le preguntó quién podría construirlas. «Yo mismo, le dije, pues en aquella época tenía un socio que sabía hacerlas», relata el joven. No hay que olvidar que la paja es un material de construcción milenario que mezclado con barro da lugar al adobe, presente en viviendas de todo el mundo. Por otro lado, tampoco es nueva la capacidad de la paja como aislante, la cual se usaba para envolver y transportar el hielo durante la travesías marítimas.

En este pueblo extremeño las paredes de tan singular casa están hechas de pacas de paja de una finca de Esparragalejo, la arcilla para compactarla llegó de La Zarza y la cal de La Garrovilla, empleada también para matar los bichos que pudiera traer el material pues se trata de los restos de una cosecha.

Al tomar como medida cada paca de paja, los muros salen de más de medio metro de ancho, igual que el tejado, mucho más voluminoso por la carga de pacas de paja que soporta, clave para conseguir un aislamiento térmico y también acústico. «Cuando estás dentro no se oyen ni los perros ladrar», afirma Luisa encantada con la tranquilidad que han conseguido.

La casa en cuestión es de dos dormitorios, tiene en torno a noventa metros cuadrados construidos y dispone de un amplio porche de entrada más un patio trasero de más de cien metros cuadrados donde ya crecen varios naranjos, un limonero y un mandarino.

Otro alarde técnico ha sido el uso de la madera pues toda la estructura encaja, no hay ni un solo clavo o tornillo y la casa se sujeta sola, explica el constructor Álvaro Rodríguez, quien a grandes rasgos ha seguido una técnica basada en colocar las pacas de paja y ensamblarlas mediante un trenzado especial antes prensarlas unas contra otras para finalmente lucirlas con una argamasa artesanal. Internet está lleno de tutoriales sobre este tipo de construcciones.

Cada paca de paja costó un euro, hay 1.200 de ellas y Miguel calcula que su nueva vivienda, con un lógico acabado rústico de color tierra, le ha salido en total por unos 70.000 euros, algo más barata, aunque no mucho más, que si la hubieran levantado con ladrillos y cemento.

Facturas de 40 euros

En lo que sí han empezado a ahorrar es en facturas. «Tenemos placas solares para calentar el agua porque es lo máximo que te permiten instalar y la única electricidad que se gasta es la de la cocina y las bombillas porque gracias a la orientación que tiene y a las cristaleras se aprovecha al máximo la luz natural. En resumen, si en la otra casa pagábamos más de cien euros de factura de luz vivir aquí sale por unos cuarenta euros», cuenta Luisa.

Otra cuestión por la que se pregunta mucha gente es por el riesgo de incendio. Según explica Álvaro, al comprimirse tanto la paja apenas queda oxígeno en el interior, lo que dificulta que se origine el fuego.

«A todo el mundo le gusta, pero nadie da el paso porque estamos inmersos en la cultura del ladrillo» Álvaro Rodríguez

El matrimonio cuenta que su vivienda bioclimática aún puede perfeccionarse. De hecho, una de las mejoras pendientes de cara al próximo verano es poner en marcha otra idea de su yerno Miguel. Consiste en aprovechar el frío de la tierra, de manera que enterrando un tubo que hace serpentín en combinación con un ventilador se puede instalar un sistema de aire acondicionado. Esto se denomina pozo canadiense y es un sistema empleado en las bodegas para mantener siempre la misma temperatura. La otra corrección que hay que hacer es abrir una ventilación en el salón, ya que al ser los techos muy altos se concentra el aire caliente en verano, explica Álvaro Rodríguez.

Pese a todo, según cuenta, su reto de conseguir lo que se denomina 'casa pasiva', que es la que gasta menos de 45 euros al mes para mantenerse, ya está conseguido. Lo que no ha sido posible es dar continuidad a esta idea sostenible por la que el principal material de una casa sean los restos de una cosecha de trigo. «En estos años ha venido mucha gente a ver la casa. A todo el mundo le gusta y dicen que les gustaría hacerse una. En muchos países las hay, pero aquí al final nadie da el paso, supongo que porque aún estamos inmersos en la cultura del ladrillo».

 

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