Sexto viaje en el tiempo de las tablas del teatro romano

La icónica carrera de cuadrigas en la adaptación de Ben-Hur. :: e. d./
La icónica carrera de cuadrigas en la adaptación de Ben-Hur. :: e. d.

La localidad disfruta un año más de tres obras como extensión del Festival de Mérida

ESTRELLA DOMEQUE

Es solo una vez al año y en lo efímero de un fin de semana, pero Medellín sabe exprimir al máximo la ocasión de disfrutar del teatro clásico en el mágico enclave que posee. Su teatro romano, escondido durante siglos, volvió a ceder las tablas de su escenario para repetir como extensión del Festival de Mérida. Una delirante versión de la historia de Ben-Hur, el humor irreverente y mordaz de Rafael Álvarez 'El Brujo' y la tragedia con pinceladas cómicas de Hipólito fueron los platos principales de un festival que siempre parece más un aperitivo por su brevedad.

Si bien es cierto que el público fue de más a menos. De un teatro abarrotado el viernes a uno algo más desangelado el domingo, que suele ser siempre la jornada más débil en cuanto a la afluencia. Pese a ello, han sido tres días en los que las piedras romanas volvieron a recuperar la función cultural que acostumbraban a tener en la época de Metellinum como colonia romana.

Con 'La loca, loca historia de Ben-Hur' se alzaba el telón de esta sexta edición y lo hacía con el aforo de 1.700 personas casi completo. También con algo de retraso debido a las largas colas en el acceso. Cautivados por un cartel en el que sobresalía el extremeño Agustín Jiménez, fue finalmente Elena Lombao la que conquistó al público. La madrileña conectó con los asistentes y su '¿Sí o no?' aún resuena como el eco en los asientos del teatro. También el británico Richard Collins-Moore logró arrancar al unísono las carcajadas de los presentes. Y como momento icónico, sin duda, la representación de la carrera de cuadrigas.

Del humor colectivo al duende del Brujo llenando en solitario el escenario con su particular reinvención de los clásicos. Acompañado únicamente por los juegos de luces y los toques musicales de Javier Alejano. Con una cómoda vestimenta en color morado y una escenografía sencilla, Rafael Álvarez se dirigió al público de Medellín con referencias a la actualidad, sobre todo política, y a su forma de ver el teatro.

Apenas una tinaja y una mesa con varios libros decoraban la escena. Entre ellos, 'Muerte de la tragedia', de George Steiner, las obras completas de Eurípides, y 'El Nacimiento de la tragedia', de Friedrich Nietzsche, «Nombre que Rajoy sería incapaz de pronunciar», decía entre las risas de un público que alternó carcajadas y aplausos durante las dos horas de espectáculo.

Intenso fue el cierre de la edición con Artemisa justificando la ansiada perfección de Hipólito y Afrodita defendiendo los sentimientos de Fedra hacia su hijo. Con algunos cambios respecto al reparto original, la producción extremeña no pierde electricidad y también dejó buen sabor de boca al público para despedir tres días en los que Medellín viaja en el tiempo también fuera del teatro romano, pues toda la localidad se deja seducir con pasacalles y otras actividades que la convierten en un pequeño oasis cultural.