La Parra vuelve a vivir con fervor las Fiestas del Cristo de las Misericordias

Ambiente durante las fiestas:: /HOY
Ambiente durante las fiestas:: / HOY

Vecinos y parreños llegados de otras localidades regionales y del país abarrotan la plaza de España

MARCOS GARCÍA REBOLLO

La localidad volvió un año más a echarse a la calle a celebrar las Fiestas del Cristo de las Misericordias, su gran fiesta, con el fervor que le caracteriza. Esta solemne tradición que, de manera oficial nació en 1906, aunque sus primeros pasos se pierden en el tiempo, como todo los años ha sido masiva la afluencia y participación de feligreses, venidos de toda España, durante todos los actos programados tanto festivos como religiosos.

El gran día es el catorce de septiembre, el más relevante del año para la comunidad parreña. Todos reservan ese día en su agenda anual para no faltar a su cita con este festejo de fe e historia. También, un año más, no faltó la presencia de las autoridades municipales de Collado Villalba de Madrid con su alcalde a la cabeza y la Casa Extremeña de la misma. La anécdota vino de una vecina de esa localidad madrileña, que cantó una colombiana dedicada al Cristo que llenó la iglesia de sentimientos.

El día 14 comienza con la solemne misa de doce con la iglesia abarrotada. Por la tarde es el momento de la procesión. Se prepara la talla del Cristo, se decoran las andas con flores naturales (gladiolos blancos, rosas y claveles rojos), componiendo una estampa radiante. Las familias se engalanan con sus mejores vestidos y trajes para acompañar la imagen por las calle de la localidad.

Son multitud los parreños que peregrinan desde sus lugares de residencia (Madrid, País Vasco, Cataluña, Andalucía, resto de Extremadura) para compartir la alegría, pasión y las lagrimas con los hermanos de la villa. Ese día, La Parra, cuadriplica su población.

La lluvia respetó

Durante la tarde los truenos hicieron temer lo peor. Ya el año pasado se tuvo que suspender y aplazar la procesión por temor a que la talla sufriera algún daño. No obstante, el tiempo fue respetuoso y se pudo celebrar sin contratiempos. La plaza y calles aledañas se llenaron de feligreses para recibir con un respetuoso silencio en las escalinatas de la coqueta plaza de España, la icónica imagen del Santísimo Cristo de la Parra, uno de los momentos de mayor emoción junto con su entrada en la 'iglesia, 'la levantá final', que estremece cada centímetro de La Parra.