La historia de un pueblo guardada en una cochera

Juan Sánchez Huertas, en mitad del museo que tiene abierto en Campanario. :: fran h./
Juan Sánchez Huertas, en mitad del museo que tiene abierto en Campanario. :: fran h.

Juan Sánchez Huertas tiene abierto al público desde 2000 el Museo Arte-Naturaleza y Etnográfico de Campanario | Su colección consta de numerosos aperos de labranza y pastoriles, pero también de utensilios de los distintos oficios de antaño

FRAN HORRILLO

En el número 20 de la calle Labradores de Campanario se sitúa una cochera, con un salón anexo, que entre sus cuatro paredes esconde y resguarda auténticos tesoros de la historia de este pueblo de La Serena.

Su propietario es el maestro jubilado Juan Sánchez Huertas, conocido por sus paisanos como Juan 'Conejero', que lo bautizó con el nombre de Museo Arte-Naturaleza y Etnográfico de Campanario.

El mismo se abrió al público en octubre del año 2000 y con el paso del tiempo el museo se ha vuelto pequeño por la ingente cantidad de objetos y material que sigue acogiendo. Es raro el día que no sume una nueva adquisición.

La mayor parte del material ha sido donado por vecinos, amigos y familiares

Y aunque se trata de un museo privado, su dueño deja claro que «tiene clara vocación pública, ya que tiene abiertas sus puertas a todo aquel que quiera venir a verle». De hecho, anualmente los escolares de Campanario e incluso de otras localidades de la comarca, visitan este espacio con tanto encanto. Además, en periodo de vacaciones abundan las visitas de vecinos de diversos puntos de la geografía española, la mayoría emigrantes campanarienses.

Juan recuerda que su padre fue agricultor y, por tanto, con los años fue guardando en casa numerosos aperos agrícolas, que cuando caían en desuso se solían olvidar en el 'doblao' de las casas y que su hijo se resistía a tirar a la basura.

Así, fue acumulando numeroso material, no sólo relativo al campo, sino también otros utensilios empleados en los distintos oficios y facetas de la vida de Campanario.

«Cuando se hacían las obras en las casas, se tiraban numerosas herramientas y aperos. Como yo vivía en casa de labradores, teníamos mucho material de este tipo, que yo decidí guardar en otro sitio, pensando sobre todo en que no se perdieran y así los niños y jóvenes de hoy conocieran la forma de vida de sus abuelos o padres. Cómo la gente sabía de mi afición, me fueron dando cosas y así, con las donaciones de amigos, familiares y vecinos, ha ido creciendo esto con los años», afirma.

Nada más entrar en la cochera, los ojos se van hacía una bonita imprenta antigua. Sus cajoncitos siguen intactos y llenos de las letras que servían para hacer folletos y todo tipo de documentos. Una donación de la Imprenta de Primi, en la que sólo falta la prensa, cuya pérdida lamenta Juan.

En esta zona de entrada, además, también llaman la atención otros cuatro objetos. Un carrito antiguo con el que se paseaba a los bebes, la primera lavadora que hubo en el pueblo, que funcionaba con un pequeño motor y que tenía aspecto de cubo de la fregona, el primer órgano de la parroquia o el utensilio que se utilizaba para tallar a los 'quintos' antes de irse a la mili.

A continuación, se sitúan gran cantidad de herramientas y aperos de labranza, así como utensilios utilizados por los pastores, tan típicos en un pueblo como Campanario de gran tradición ganadera. Éstos se entremezclan con trabajos de artesanía del esparto y la juncia, sobresaliendo entre todos un bonito chozo, que le realizó en su día su amigo José Díaz 'Andapalante'.

Un maniquí vestido de alabardero custodia la estancia más amplia, en donde el proyector del antiguo cine de Diego Gálvez da la bienvenida. Una reliquia que estuvo funcionando hasta 1972 y de la que se disfrutaba en muchas ocasiones con un refresco en la mano como los que se hacían en Campanario y cuyas botellas de marcas como Nik, Dux o La Pochora reposan también en el museo.

En el museo de Juan no faltan los rincones dedicados a las distintas profesiones que más despuntaron en Campanario, como los esparteros, cargueros o tratantes de mulas. Aunque, también se pueden ver las antiguas herramientas u objetos propios del carpintero, del barbero, del cura, del zapatero, de los que se dedicaban a la pesca y, como no, sobresale el rincón dedicado a la escuela.

Las paredes de este museo son testigos de cientos de recuerdos a través de las innumerables fotografías que cuelgan de ellas, aunque si algo llama la atención en esta segunda estancia son las auténticas obras de arte que Juan ha realizado con sus propias manos con materiales recogidos del entorno natural. En las estanterías se pueden ver innumerables formas y esculturas hechas con piedras, raíces, tallos, hojas, frutos .Un complemento ideal para poner la guinda a este museo con tanta vida.

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