El hallazgo de un puente renacentista abre la puerta a la existencia de uno romano

Los pilares encontrados, junto al puente de Felipe IV, y de fondo el castillo de Medellín. :: e. domeque

Los próximos estudios revelarán si parte de la edificación pertenece a la época de Metellinum

ESTRELLA DOMEQUE

Medellín sigue demostrando que es un iceberg dentro de lo que fue el Imperio Romano. No se sabe aún con certeza qué papel jugó como colonia dentro de Lusitania, pero los últimos hallazgos vuelven a invitar a soñar con todo lo que puede esconder aún ese iceberg arqueológico bajo la superficie. Los últimos trabajos han sacado a la luz los restos de un puente de época renacentista, sin embargo, la estructura de esta edificación presenta un proceso de reforma y la construcción sobre otra más antigua aún por determinar.

Algunos estudios ya apuntaban a la existencia de este puente, que llevaba más de 400 años colmatado de grava y sedimentos del río, después de ser destruido durante una riada en 1603. «Los estudios siempre habían sido preliminares, pues nunca se había podido constatar cómo era la planta del puente», indica Santiago Guerra, arqueólogo de la Junta de Extremadura encargado de los trabajos que se han llevado a cabo desde noviembre.

Los restos encontrados determinan además que hubo un proceso de reforma y la construcción sobre otra estructura y ahora habrá que determinar si se trata de pilares que se llevó el río en anteriores riadas o son restos del puente romano que se cree que existió en la antigüedad. «Medellín era una de las cinco colonias importantes que tenía Lusitania y los vestigios que hemos encontrado muestran que esa colonia tenía realmente una gran importancia y que tenía que tener un puente para cruzar el río Guadiana», subraya convencido el arqueólogo.

Retirar la grava

El primer paso fue retirar los niveles de grava, que han dejado ver los siete pilares que se conservan en la margen derecha del río. Dos de ellos están volcados, lo que ha permitido que los trabajos de expolio de diferentes épocas, pues en esos dos pilares se conservan más estructuras que en el resto. «Hemos hecho un trabajo de topografía, en uno de ellos se conservan nueve metros de altura que permiten sacar cómo podía ser en alzado ese puente, además se han recuperado sillares de los que se rompieron durante la riada», afirma Guerra, que añade que los trabajos no han concluido.

Según Guerra, los sillares parecen ser de época romana y apunta a ciertas similitudes de este puente con otros como los de Alcántara o Alconétar. Fuentes históricas apuntan a que este puente tenía 28 arcos, era algo más bajo que el actual y con la misma longitud, apunta el arqueólogo que explica que en el puente de Felipe IV elevaron la plataforma central por la que va el cauce para que el agua no llegase a la parte de arriba del tablero y evitar así las grandes riadas.

«Creemos que quedan más restos de estos pilares, pero están colmatados de grava y se conservan más vestigios de los que actualmente tenemos exhumados», añade. En ese sentido, destacan algunas curiosidades, como una inscripción del año 1632 que parece indicar que fue la fecha en la que finalizó la construcción del puente de Felipe IV. Además, durante los trabajos ha aparecido una segunda inscripción, en este caso de la Segunda República.

Falta de inversión

Estos trabajos se han llevado a cabo gracias a la colaboración conjunta del Ayuntamiento de Medellín y la Junta de Extremadura, coincidiendo con el Año Europeo del Patrimonio Cultural.

«Medellín sigue escondiendo mucho patrimonio y necesita inversiones para descubrir nuevos elementos y mantener los que ya se tienen. Esto es una muestra más de que la localidad es una fuente inagotable de recursos patrimoniales y buenas noticias», destacaba Antonio Parral, alcalde de la localidad, «supone un añadido más a ese patrimonio y un valor esencial para conocer algo más la historia de la localidad y la de todos.»

En la visita participó también la consejera delegada, Leire Iglesias, que al igual que el alcalde destacó la apuesta por el patrimonio de la región por parte de las administraciones con el fin de poner en valor la riqueza de los yacimientos arqueológicos de Extremadura. Sin embargo, ha sido el Consistorio el que ha aportado la mayor partida económica para esta parte inicial del proyecto, pero ahora debe parar la inversión. «Nos gustaría que fuera una apuesta más continua, aunque a veces las circunstancias no lo permiten, pero Medellín va a seguir deparando hallazgos sorprendentes», concluye.

 

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