El 18 de Julio resiste

La calle más emblemática del franquismo se mantiene en el callejero por el rechazo de la familia de Manuel Amado a que lleve su nombre

P. CALVOCÁCERES

El 18 de de Julio se ha salvado por un «problema técnico». La calle más representativa del franquismo, cuya huella en el callejero se ha propuesto borrar el Ayuntamiento con la unanimidad de los grupos políticos, resiste a la modificación de nombres que aprobó el último pleno municipal, y que sí se ha llevado por delante a personajes como General Yagüe, Capitán Luna o Queipo de Llano, entre otros.

El problema técnico, como lo define el concejal Santiago Pavón, presidente de la comisión municipal de Cultura y concejal de Izquierda Unida, partido que ha promovido desde 1999 el cambio de denominación de una decena de calles alusivas a la dictadura o la Guerra Civil, ha sido la negativa de la familia de Manuel Amado a que la vía del 18 de julio cambiara su nombre por el de este vendedor de cupones fallecido en el 2002.

«He hablado varias veces con su viuda, pero no ha habido manera de convencerla», asegura Pavón, quien reconoce que la situación les ha sorprendido y les ha hecho ver lo erróneo del planteamiento que ha seguido la Corporación: iniciar primero un procedimiento administrativo sin contar con el beneplácito de la persona implicada, en este caso, su familia.

El concejal sí ha comunicado ya a Ciriaco Benavente, anterior obispo de Coria-Cáceres y ahora al frente de la Diócesis de Albacete, que una calle (la actual General Yagüe) llevará su nombre, lo que ha sido aceptado por el prelado.

Homenaje a los mayores

La solicitud para que Manuel Amado diera nombre a una calle de la ciudad fue hecha en el Ayuntamiento por el propio José María Saponi cuando era alcalde, el pasado mes de abril. Saponi recogía, así, el sentir del colectivo de mayores, que aún recuerda en el Hogar de la Plaza Mayor la humanidad y el optimismo con el que vivía Amado, pese a su ceguera, ocasionada a los 16 años por un disparo de escopeta, y la alegría que transmitía siempre con su acordeón, del que le examinó en el Conservatorio el propio Esteban Berzosa.

De hecho, el exalcalde lo anunció durante una reunión con el colectivo de la tercera edad, cuando se iniciaba la pasada campaña electoral, como un «homenaje a todos los mayores».

La propuesta coincidió con el proceso de cambio de nombre a las calles franquistas que aún existen en el callejero cacereño, después de una primera batida que tuvo lugar a finales de los años ochenta, así que se consideró oportuno desde el Ayuntamiento unir el nuevo nombre con la sustitución de la huella franquista.

La viuda de Manuel Amado, Fidela Izquierdo Regodón, vecina de la calle General Margallo, ha asegurado a este diario que la negativa no tiene que ver con la circunstancia de que les haya 'tocado' la actual calle 18 de julio.

«No es por eso. Es porque Manuel siempre fue una persona muy humilde y si él viviera, no aceptaría de ninguna forma que le pusieran su nombre a ninguna calle. Nosotros sí aceptamos porque creemos que se lo merece, pero ya nos parece excesivo que además sea reemplazando el nombre a otra calle, sea la de Pepe, la de Juan o la del 18 de Julio», afirma la viuda en tono amable.

Fidela reconoce que preferiría que su marido bautizase una nueva vía, en algunas de las zonas de nueva creación de la ciudad.

¿Mantendrá entonces Cáceres el nombre de 18 de Julio? «No, creo que no», responde Santiago Pavón. «Va a ser muy difícil que se quede ese nombre... todavía sí fuera otra calle... ha surgido un problema técnico pero se resolverá», señala el concejal.

Mientras tanto, la calle, junto a la Plaza del Alcalde Antonio Canales, antes Plaza de Italia, mantiene su tranquilidad habitual, con pocos vecinos en las aceras y muchos conductores buscando sitio donde aparcar, dada su relativa cercanía a las zonas comerciales. Una placa en la que el nombre del 18 de Julio ha sido garabateado con un espray puede dar a entender el pasado terrible al que hace alusión la fecha, inicio de una Guerra Civil, pero sólo es una impresión. «Para nosotros, el cambio es un trastorno grande», afirma una vecina cuyo marido casualmente también se apellida Amado.

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