«Todo empezó con los conjuntos»

Rafael Ramos acaba de relevar a Francisco Javier López de Lerma como presidente regional de la confederación católica de asociaciones de padres de alumnos (CONCAPA). Admite que las familias participan «poco» en el proceso educativo de sus hijos y el compromiso en ese sentido es «escaso».

El problema no es de motivación, les gustaría poder hacerlo pero «falta tiempo». Es consecuencia de los actuales modos de vida en que los dos cónyuges trabajan fuera de casa, los horarios y las exigencias laborales son cada vez más amplios, y el contacto personal con los hijos es menor.

Una vez todos en casa, el padre enciende la televisión, los chicos se encierran en la habitación con su ordenador o se entregan también a la tele, y la madre hace frente a su otro trabajo, el doméstico. La mujer, que antiguamente no trabajaba fuera, cumplía antes ese papel educador que ahora se echa en falta.

Para Rafael Ramos puede precisarse el momento en el que todo empezó a cambiar. «Fue con la matemática de los conjuntos». De la aritmética y geometría tradicionales se pasó a los conjuntos, esos círculos que se cortaban unos a otros. «Los padres no lo entendían y dejaron de ayudar en los deberes».

En las ciudades se cortó ese contacto padres-hijos que en el medio rural era aún mayor según Rafael Ramos.

La relación diaria dentro de la familia es absolutamente necesaria a su juicio porque hay aspectos morales de la educación «que corresponden sólo a las familias».

«El Estado sí puede dar algunos toques, convenientes en el caso de los padres con escasa formación, pero los valores debe transmitirlos la familia».

El interés por la marcha de los estudios es además beneficioso para el éxito de los mismos. «El chaval que ve que sus padres se preocupan, se siente reconfortado y apoyado; por contra si el joven se ve abandonado, sus sentimientos se devalúan».

Por eso este programa de la Junta de implicación de todos es bienvenido en la Concapa. «Hay que retomar algunas costumbres del pasado como cuando la familia se reunía a leer; esto de la lectura en familia fomenta la convivencia y la implicación».

Sería conveniente por otro lado ampliar el contacto de profesores con los padres a base de más tiempo para las tutorías. Los docentes, opina Ramos, son cada vez más reticentes a la relación porque generalmente no están encontrando el apoyo familiar.

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