«La responsabilidad me hace disfrutar muy poco del teatro»

El escritor, un clásico del Festival de Mérida, entiende que el gran objetivo de una representación es «hacer pensar a la gente divirtiéndose»

CELESTINO J. VINAGREMÉRIDA

El veterano Manuel Martínez Mediero recibió ayer noche el homenaje del Festival de Teatro Clásico de Mérida y, poco después, contempló la reposición de su 'Lisístrata' con Miriam Díaz-Aroca como principal punto de referencia. Hace 27 años Victoria Vera fue la protagonista.

-Lisístrata, 27 años después. ¿Ha cambiado algo esta representación?.

-No. No ha cambiado nada, si acaso he reducido algunas cosillas, pero el texto se mantiene. Lo curioso es que haya pasado tantos años y el texto se mantenga prácticamente sin quitar ni poner nada. Lo que dicen las lechuzas es lo que decían en 1980.

-Es decir, ¿ha hecho un clásico de un clásico?.

-Bueno, bueno...a mí me da mucho miedo eso de tirarme flores. Eso que lo digáis vosotros, los periodistas. Se ha mantenido la obra y la dirección del Festival ha creído que, después de tantos años, coincidiendo con mi jubilación como funcionario de la Consejería de Cultura, recuperarla para el propio Festival.

-¿Y cómo la ideó para el Festival?

-En 1980 se nos enciende la bombilla de hacer esta Lisístrata, aunque hacer versiones de Aristófanes no es fácil porque empieza muy bien, tiene mucha gracia al principio y después se va diluyendo, y el teatro, además, se ha complicado mucho a lo largo de los años. Cuando se hacía con Aristófanes vivo, la gente no tenía otra cosa que hacer que ir a ver teatro y aguantaban lo que le echaran. Hoy, hay que hacerlo todo un poquito más sofisticado, hay que trabajar un poco más las cosas, hay que pensar por qué lo haces, para qué y, después, hay que tener la suerte de que salga un producto medianamente aceptable.

Polémica

-En 1980, 'Lisístrata', según las hemerotecas, tuvo gran acogida de público pero tampoco faltó la polémica. En un artículo publicado en este diario por el ex alcalde Antonio Vélez dice que usted recibió amenazas de muerte.

-Eso fue el día del estreno pero prefiero no tocar mucho este tema porque es desagradable y si tengo que volver a pensar que ahora, tras el estreno, voy a tener a dos energúmenos detrás mía con una pistola... pues no, mejor no hablar.

-Supongo que eso hay que circunscribirlo muy concretamente a una etapa convulsa de la historia de España que ahora parece no va a repetirse.

-Entonces también era inconcebible estas amenazas, producto de la intolerancia, que obligaron a ponerme de escolta a dos guardias civiles durante los nueve días de la función. Entonces no se decía nada para alarmar a nadie. Estábamos ya en democracia, bien es verdad que a las puertas de un golpe de estado.

-El caso es que usted, a partir de esa fecha, fue más famoso. Se puede decir, permítame que le diga, que le vino bien la polémica.

-La polémica, en realidad, no fue tanta. El diario HOY se volcó con la función, hubo una crítica impresionante de Teresiano Rodríguez Núñez (ex director del periódico) y de José María Pagador en la Hoja del Lunes. Las malas noticias estaban, digamos, un poco ocultas., aunque no dejo de reconocer que las cosas estaban entonces en España un poco tensas porque había algunas cosas que no estaban solucionadas y hoy felizmente sí. A mí, lo que realmente me importaba era la función.

-Ahora, ¿qué puede ver el público ahora con su 'Lisístrata'?

-El público va a ver a una 'Lisístrata' que defiende a las mujeres, que demuestra que la mujer es un ser que puede ser violado, que puede ser ultrajado, y tiene una cierta fragilidad que le pierde en algunos momentos, fragilidad aparente que después tiene, al menos tiempo, una fortaleza muy grande.

-La obra, por lo que se ha dicho, parece que su mayor pretensión es la de divertir, no la de inculcar un mensaje. ¿Es así?

-El mensaje es que hay que pasarlo bien y llevarse a casa algún pensamiento que otro. Yo no pido más. Con que la gente se divierta y si después tiene un periodo de reflexión...pues hacemos pensar divirtiendo a la gente, como decía Bertold Brech.

-Dice que le da reparo tanto halago, tantas alabanzas, pero, en los últimos meses y, sobre todo, en los últimos días han sido continuas por parte de las instituciones y actores.

-Eso es porque ya soy viejecito. Cuando uno se hace viejecito, llegan estos halagos, aunque a muchos viejecitos no le hacen alabanzas ninguna. En realidad, yo soy partidario de que simplemente por andar por la vida te tienen que dar un homenaje (risas).

-¿Piensa que este homenaje quiere decir que ya no se va a estrenar otra versión suya en el Festival?

-La verdad es que ya no es que me cueste más trabajo escribir, sino que cada vez es más la responsabilidad de escribir. La responsabilidad es la que a mí me hace disfrutar muy poco del teatro porque pretendo hacer algo medianamente bien hecho.

Fotos

Vídeos