Licenciado en Filología Hispánica

El traductor del hospital Campo Arañelo es el único contratado por el Servicio Extremeño de Salud

ELOY GARCÍANAVALMORAL DE LA MATA
El traductor Elghali Elhamid en una consulta de traumatología en pleno desempeño de sus funciones con una paciente marroquí. / E.G.R./
El traductor Elghali Elhamid en una consulta de traumatología en pleno desempeño de sus funciones con una paciente marroquí. / E.G.R.

Elhamid nació en Rabat (Marruecos) en 1962, cursó el Bachillerato en la misma ciudad y la carrera en la Facultad de Filología y Letras de la Universidad Mohamed V. Tras contraer matrimonio llegó a España en 1999 en busca de mayores posibilidades laborales para la pareja. Un año más tarde se trasladó a Navalmoral de la Mata y comenzó a ejercer como traductor. Actualmente tiene tres hijos (dos niñas y un niño). Dice que se encuentra muy cómodo en Navalmoral, donde afirma respetar y sentirse respetado. Jamás pensó en trabajar en Navalmoral de la Mata y mucho menos en la sanidad pública. Sin embargo, las necesidades intrínsecas de la región -con un alto porcentaje de inmigrantes- y tal vez el destino hizo que este licenciado en Filología Hispánica haya fijado su residencia en Extremadura. Elghali Elhamid Elbazgui lleva siete años trabajando como traductor en el Área de Salud de Navalmoral, después de que el Servicio Extremeño de Salud (SES) se decidiese a crear esta figura ante la barrera idiomática existente entre los médicos y algunos pacientes, en su mayoría procedentes de Marruecos. El de Navalmoral es el único traductor contratado por el SES.

Esta barrera se hizo especialmente patente con la práctica del reagrupamiento familiar, gracias al cual los inmigrantes comenzaron a trasladar a España a sus familiares, en muchos casos con serias dificultades para leer y escribir, lo que hacía urgente la implantación del traductor.

Difíciles traducciones

En el transcurso de la entrevista mantenida con HOY, Elghali reconoce que en un principio sus amplios conocimientos de árabe, francés y español no fueron suficientes para abordar esta tarea y debió adquirir nuevo vocabulario de manera paralela al ejercicio de su profesión. «En muchos casos se trata de unos términos médicos muy específicos cuya traducción al árabe es muy difícil ya que son palabras que prácticamente no se usan», aclara.

No obstante, recuerda que el frenético ritmo del principio le sirvió para ponerse al día de forma más rápida. «Los primeros días no paraba. Incluso había momentos en los que me reclamaban en tres consultas de manera simultánea, que iba atendiendo como podía», rememora.

Desde entonces el propio Elhamid se ocupa de coordinar su jornada laboral, sabiendo dónde y a qué hora se precisará de sus servicios, ocupándose de redactar informes, consentimientos y otros documentos en varios idiomas, etcétera, siempre con prioridad en caso de urgencias. «Te van llamando y más o menos te organizas según la necesidad de cada aviso: consultas externas, quirófano, urgencias...», explica. Para ello desarrolla su jornada entre las nueve de la mañana y las dos de la tarde y está localizable entre las tres y las nueve para posibles imprevistos.

Su labor, con todo, no se circunscribe únicamente al recinto hospitalario, sino que cuando se le requiere se traslada a poblaciones cercanas o a la consulta de psiquiatría del centro de salud de Navalmoral.

Asistir a partos

Sobre sus vivencias y anécdotas en estos siete años de servicio, el traductor esboza una sonrisa: recuerda perfectamente una de las situaciones que más le ha impactado y que aún le conmueve cuando la evoca. «La verdad es que lo pasé muy mal. Al poco de llegar me dijeron que subiera al quirófano, donde había una mujer embarazada de gemelos a la que tal vez habría que practicar una cesárea, pero los médicos iban a intentar evitarlo. Entonces entré en el quirófano y me encontré con aquello, sin haber visto nunca nada de esto. Dos horas estuvimos allí, con un calor insoportable, la mujer suplicando en árabe que le hicieran la cesárea, los médicos diciendo que no, que había que intentar un parto natural y yo allí, traduciendo... ¿Empuje,... no, ahora no, respire, más, no empuje...! Finalmente todo salió bien, fue un parto natural. Los niños tendrán ya seis o siete años», apunta. A esta singular escena el traductor une otra serie de experiencias que también le quedarán en el recuerdo, con la satisfacción de haber colaborado a la cura de los enfermos.

El lado más amargo

Sin embargo no todo son simpáticas anécdotas en su día a día. En el lado más amargo se encuentra la necesidad de ser portavoz de noticias fatales: graves enfermedades, muertes inminentes o asistir a los médicos encargados de cuidados paliativos. «Entre las cosas más duras que me han sucedido está el decirle a un hombre que su madre se iba a morir en 15 o 20 días, ya que se la detectó un cáncer muy avanzado. El médico te lo transmite a ti y no tienes más remedio que decírselo. Es duro, muy duro», lamenta.

Además, en otras ocasiones, los pacientes, provenientes, en muchos casos, de zonas rurales y sin formación, desconocen qué es un cáncer. «Entonces te tienes que ocupar de explicarle que se trata de una grave enfermedad de difícil cura», explica cabizbajo.

Tras siete años de experiencias, reconoce que «algo cambia en ti, aprendes a valorar más las cosas e incluso a tener miedo de todo, a preguntar que será ese grano que te ha salido en la espalda y que no sabes qué podrá ser».

Figura imprescindible

A tenor de lo vivido, Elhamid asegura que la figura del traductor en los centros sanitarios es «útil y necesaria». De no ser así, se pregunta cómo se le explicaría a un hombre que ingresa en urgencias que, por ejemplo, hay que operarle, que debe firmar un consentimiento o lo que se le va a hacer en el quirófano. «A veces traen a familiares que entienden el castellano, pero otras no. Además, aunque dejes formularios, cartas y consentimientos escritos, hay muchas veces en que el paciente no sabe leer ni escribir, por lo que sirve de poco y entorpece la agilidad de las consultas», afirma.