Un guiño a la historia sobre cuatro ruedas

José Tomás Carrero y José Luis Íñigo conducen dos de los Seat 600 que todavía circulan por Cáceres; el coche que motorizó a los españoles cumple cincuenta años

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCÁCERES

«El día que los españoles se subieron al 600 empezaron a alejarse de su pasado e iniciaron una excursión de fin de semana de la que aún no han vuelto». La frase la firma el desaparecido periodista y escritor Manuel Vázquez Montalbán. De ese día han transcurrido ya cincuenta años. El Seat 600 cumple medio siglo de vida y todavía se deja ver sobre el asfalto. José Tomás Carrero y José Luis Íñigo conducen dos de los modelos que todavía circulan por Cáceres.

José Tomás es mecánico y profesor de Formación Profesional. Tiene 35 años, uno menos que su Seat Abarth, la versión deportiva del 600. Es del año 1971 y su matrícula es M-6826-B. Llegó a sus manos después de cambiárselo a un amigo por su Renault 5. Un trueque en toda regla. De eso han transcurrido ya «siete u ocho años», recuerda sin precisión el mecánico. Pero su historia con los 600 no queda ahí. Su primer coche también fue un diseño del ingeniero Dante Giacosa.

«Mi primer coche fue un 600, que me compró mi padre. Lo vendí y en aquella época me lo pagaron bien. A los 18 años un 600 te parece poco coche. Por entonces, se veía más. Era un coche económico que estaba ya cayendo en el desguace. Mi padre también es mecánico y se lo compró a un compañero suyo por 17.000 pesetas. Lo preparamos y lo pintamos. Lo tuve durante dos años y, después, lo vendí. Yo trabajaba en una gasolinera y tenía un cliente que se enamoró del coche. Me dio 90.000 pesetas por él», relata José Tomás Carrero. «Me arrepentiré siempre de haberlo vendido», apostilla. El negocio fue redondo.

Las primeras 2.586 unidades que Seat sacó al mercado en 1957 se vendieron por 65.000 pesetas. El éxito del coche que motorizó a los españoles fue de tal magnitud que los plazos de entrega de vehículos llegarían a prolongarse hasta cuatro años. En 1958, un año más tarde, la producción se multiplicó por seis, según recoge la casa Seat en el capítulo que dedica en su página web a los 50 años del Seat 600. El 3 de agosto de 1973 salió de la cadena de montaje el último Seat 600, al que los empleados de la fábrica despidieron con una pancarta en la que se podía leer: «Naciste príncipe, mueres rey».

Del año 1973 es el coche que José Luis Íñigo quiere dejar en herencia a sus dos pequeños, Patricia y Álvaro. Tras la matrícula SA-6141-A se esconde toda una cadena familiar. Íñigo tiene una empresa de componentes de aire acondicionado para vehículos y es el presidente de Club de Automóviles Clásicos de Cañaveral, del que José Tomás es socio. El Seat 600 no es el único coche con historia que duerme en el garaje de Íñigo.

De mano en mano

Aunque reside en Cáceres desde hace 15 años, José Luis es de Salamanca, como su Seat 600. «El coche lo compró mi padre de segunda mano a una profesora de gente adulta. La mujer se compró el 600 para ir a los pueblos y enseñar a las amas de casa a leer y hacer las cuentas. Cuando dejó de viajar, se desprendió del coche. Mi padre lo compró por 76.000 pesetas en el año 1975. Fue el primer y único coche de mi padre», narra bajo la mirada despierta de los pequeños.

Cuando su padre falleció, el coche pasó por las manos de sus hermanos y, después, por las de sus primos. «Le perdimos la pista durante unos ocho años. Pero, indagando, me dijeron que estaba abandonado en una finca. Fui a buscarlo y lo volví a comprar por unas 50.000 pesetas. Pero estaba hecho polvo. Tardé dos años en recuperarlo», detalla José Luis Íñigo. Eso fue hace diez años. Por cierto, presume de tener uno de los dos únicos Seat 600 con aire acondicionado que hay en España. «El otro está en Alicante», añade.

José Tomás Carrero también sometió a un proceso de transformación al Seat 600 que llegó a sus manos tras cambiárselo a su amigo por el Renault 5. «Lo desguacé entero», recalca, hasta cobrar el aspecto deportivo actual.

Concentración

Ni José, ni José Luis saben cuántos kilómetros tienen sus vehículos. Sólo hacen viajes largos sobre sus cuatro ruedas para asistir a las concentraciones que se organizan por toda España. La próxima cita está prevista para el 16 de septiembre. Para ese día, el Club de Automóviles Clásicos que preside Íñigo ha organizado una ruta por Cañaveral, Monroy y Trujillo. «Viene gente de todo el país», avanza el presidente.

Se dejan ver con poca frecuencia, pero cuando lo hacen no pasan inadvertidos. Y ellos son conscientes. «Me siento el rey del mundo porque todo el mundo te va mirando y te sonríe. Yo digo que es el coche de las sonrisas porque te paras en un semáforo y la gente te señala y se sonríe», comenta, a modo de anécdota, José Tomás. José Luis asiente. «Pienso que transmitimos envidia sana. A todo el mundo le gusta porque es un coche muy coqueto, de toda la vida. Es el coche de todos los españoles», añade.

Cuando se les preguntan por la trascendencia que tuvo en 1957 la salida al mercado del Seat 600, ambos coinciden en resaltar la gesta del automóvil. «Hasta entonces, la gente se movía en moto», recalca el mecánico, quien, de vez en cuando, recibe la visita de un Seat 600 en su taller de la Charca Musia.

Tener un 600 en el año 2007, o lo que es igual, hacer un guiño a la historia sobre cuatro ruedas no resulta un capricho caro, reconocen. Se pueden encontrar por 3.600 euros como precio de salida, indica José Luis Íñigo. Y no pagan impuesto de rodaje, ya que el Ayuntamiento de Cáceres exime de esta tasa a los vehículos clásicos con más de 25 años.

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