Reeditan 'Transcantábrico', crónica de un viaje en el tren 'hullero' León-Bilbao

Su autor, el escritor Juan Pedro Aparicio, es el actual director del Instituto Cervantes en Londres

TOMÁS GARCÍA YEBRA. COLPISAMADRID
El autor en la estación de León y comiendo en el 'Hullero'. / COLPISA/
El autor en la estación de León y comiendo en el 'Hullero'. / COLPISA

Juan Pedro Aparicio estudió en un colegio de León. El patio del colegio estaba pegado a la estación del tren. Durante los recreos, el pequeño Juan Pedro se quedaba mirando la máquina de vapor que había en una de las vías muertas. Observaba el trajín de los operarios y cómo los vagones se llenaban de carbón. «Me parecía imposible que aquel trenecillo, que parecía de juguete y al que llamábamos 'el hullero' porque se llevaba el carbón leonés y palentino a la siderurgia vasca, fuese capaz de atravesar la cordillera y llegar a Bilbao».

Un recuerdo de infancia que nunca se borraría. Al contrario: los años acrecentaron ese deseo de saber cómo sería aquel viaje y los lugares por donde transitaba. El sueño se fue fraguando en su cabeza hasta que lo hizo realidad. En junio de 1980 el escritor lo cumplió. «Me subí en la estación de Bilbao porque era un tren que tenía dos cometidos: de León a Bilbao transportaba carbón, y de Bilbao a León gente». Concluido el trayecto, Aparicio contó su experiencia en un libro, 'El Transcantábrico', unas crónicas viajeras que fueron muy leídas y que ahora ha reeditado Rey Lear.

El Transcantábrico

«Para mí es un orgullo que el actual Transcantábrico, un tren turístico que enlaza Santiago de Compostela con Bilbao, tomara el nombre de mi libro», manifesta el escritor leonés. Por las páginas del volumen desfilan un sinfín de vidas grises y anónimos, hombres y mujeres cuyas existencias se confunden con el monótono traqueteo.

Uno de ellos es el maquinista Oslé, con quien comparte conversación y un sabroso 'puchero ferroviario'. Y al otro lado de la ventanilla pueblos cargados de historia, como Valmaseda, Espinosa de los Monteros, Salinas de Pisuerga, Cistierna o Boñar, y los imponentes paisajes de las provincias de Vizcaya, Santander, Burgos, Palencia y León.

Aquel tren, cuyo billete de Bilbao a León costaba 670 pesetas, era «un ágora, una especie de plaza mayor donde cabían todas las conversaciones». Para Aparicio los tiempos han cambiado y no siempre a mejor. «El placer de la lentitud, que es uno de los mayores placeres de esta vida, se está perdiendo con los aviones y los trenes de alta velocidad; lo único que ganas con ellos es estrés».

Versiones

Entre las muchas anécdotas del viaje, Aparicio recuerda 'el puchero' al que les invitó el maquinista (hizo el viaje acompañado del fotógrafo Fernando Díez). «No teníamos mucho apetito, pero para no desairarle comimos todo lo que nos pusieron. Luego el maquinista fue contando por ahí que tanto el fotógrafo como yo íbamos muertos de hambre y que casi les dejamos sin comer».

La anécdota le hizo reflexionar. «Si de un hecho tan nimio como ése hay versiones tan diferentes, qué no ocurrirá con lo que nos cuentan de las cuestiones importantes de la vida». Convertido en un clásico de los libros de viajes, esta nueva edición del 'Transcantábrico', primorosamente cuidada, incluye cien acuarelas a color pintadas por José S.-Carralero y Maribel Fraguas. «Ha quedado precioso», reconoció el escritor.

Actual director del Instituto Cervantes de Londres, Juan Pedro Aparicio (León, 1941) se dio a conocer con 'Retratos de ambigú', novela galardonada en 1989 con el premio Nadal. Tras varios años de silencio ha vuelto al género narrativo con la novela 'Tristeza de lo finito', que ha editado recientemente la editorial palentina Menoscuarto.