Mérida es la ciudad extremeña con más inmuebles Bien de Interés Cultural

En la actualidad cuenta con 29 recintos catalogados, que gozan de una protección especial El último entorno que recibió esta declaración fue el de San Andrés

CELIA HERRERAMÉRIDA
El Convento de San Andrés, en la plaza de Santo Domingo, fue el último inmueble de la ciudad en ser declarado Bien de Interés Cultural, en el año 1.997./
El Convento de San Andrés, en la plaza de Santo Domingo, fue el último inmueble de la ciudad en ser declarado Bien de Interés Cultural, en el año 1.997.

Mérida es en la actualidad la ciudad extremeña que cuenta con más inmuebles catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que están integrados en el Patrimonio Histórico Español y gozan de una protección especial regulada por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Según el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura, en la ciudad de Mérida y su entorno están catalogados con esta declaración 29 bienes inmuebles, incluyendo la iglesia parroquial de Santa Marina, de Valverde de Mérida, y el dolmen del prado de Lácara.

En Extremadura constan un total de 253 inmuebles declarados como Bien de Interés Cultural, 28 de los cuales se encuentran en Cáceres y su entorno; 12 en Plasencia; nueve en Trujillo; nueve en Badajoz y cinco en Guadalupe.

Diez años en blanco

A pesar de que el patrimonio monumental y arqueológico de Mérida no hace más que crecer de año en año, según van sucediéndose las excavaciones, la última declaración como Bien de Interés Cultural se produjo en 1997, sobre el entorno del convento de San Andrés, cuyo edificio ya contaba en algunos de sus elementos con la protección.

En la actualidad, y según confirma la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, no existe ningún expediente abierto para realizar ninguna nueva declaración como BIC en la zona de Mérida. El único caso pendiente de resolución que pudiera afectar al entorno emeritense es el de la Vía de la Plata.

Desde 1913

A pesar de que la preocupación por la protección y conservación del patrimonio histórico es un fenómeno prácticamente reciente, Mérida tuvo la suerte de que la espectacularidad de sus ruinas romanas ya llamó la atención de los responsables del patrimonio nacional a principios del siglo XX, lo que ha garantizado su protección total ante cualquier felonía urbanística que se hubiera querido emprender posteriormente.

Así han llegado intactos hasta nuestros días los principales tesoros de Mérida: el Teatro, el Anfiteatro y el Circo Romanos, que fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1913.

En ese año se catalogaron con el mismo título el Dolmen de Lácara, el Puente Romano del Guadiana y el del Albarregas, el Acueducto de San Lázaro, el Acueducto de Los Milagros, los pantanos de Proserpina y Cornalvo, el Arco de Trajano, el Templo de Diana, los restos del Templo Romano de Marte (reutilizado como Hornito de Santa Eulalia), los Columbarios Romanos, Santa Eulalia (iglesia y basílica) y la Alcazaba Árabe.

Como curiosidad, destacar que aunque el propio Ministerio de Cultura define como bien inmueble «cuantos elementos puedan considerarse consustanciales con los edificios y formen parte de los mismos o de su entorno», la riqueza arqueológica de Mérida ha propiciado que se declarara en 1973 Bien de Interés Cultural el «Conjunto Histórico-Arqueológico», lo que engloba a diversas zonas de la ciudad, no especificadas.

Este tipo de declaración tan amplia sobre el conjunto histórico-arqueológico, que puede englobar tanto lo conocido en la actualidad como lo que esté por descubrir en el futuro, fue el que se utilizó cuando la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a Mérida en el año 1993.

Mecenazgo prioritario

Además de la larga lista de Bienes de Interés Cultural, hay que destacar que el conjunto arqueológico de Mérida y la Concatedral de Santa María están considerados Bienes Culturales Prioritarios de Mecenazgo.

Ello significa que se ofrecen incentivos fiscales a las empresas, instituciones y particulares que quieran realizar donativos y aportaciones para la restauración, conservación y mejora de los bienes que formen parte del Patrimonio Histórico.

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