Si no tiene padrino...

JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ

LA mirada del niño tenía esa compostura tierna que alimentan la penuria y la inocencia. La fotografía nos la había enviado la oenegé como testimonio del apadrinamiento.

Por Navidades solíamos recibir su felicitación con dibujos que año tras año demostraban mayor destreza y madurez. Mis hijos le escribían a veces cartas y su imagen, enmarcada, acabó siendo igual de cercana que la de cualquier otro miembro de la familia. Yo bromeaba en ocasiones sobre la posibilidad de poner fin al apadrinamiento y mi hija siempre me hacía desistir con otra broma: «Si retiras la ayuda a Mario Hubert», así se llamaba el niño, «prepárate para acabar tus días en la residencia de mayores más barata del país...»

Mario Hubert creció y yo no cumplí mi amenaza de darme de baja en la oenegé. Dejamos de recibir algunas felicitaciones navideñas. Pero seguí contribuyendo.

El pasado día 7 de febrero, la oenegé me remitió una carta anunciándonos que ese niño del Tercer Mundo había superado la etapa de escolarización primaria y que nos enviaban a casa la foto y los datos de una niña, Marlin Isabel, de la que más adelante nos harían llegar «trabajos escolares». Y la advertencia de siempre: «Si queréis, podéis escribirle, pero por favor, no enviéis paquetes. No es bueno que unos niños reciban regalos y otros no».

Los últimos acontecimientos han dejado malparada mi confianza en la solidaridad a distancia, y he puesto fin a la contribución económica. Ayer desmonté la fotografía de Marlin Isabel del marco y en su lugar coloqué un recorte de prensa sobre las auditorías a que están sometiendo a la oenegé. Confío en que cuando mi hija se dé cuenta del cambio no sucumba a la tristeza de esa mirada infantil, ajena a verificaciones contables, y tome una decisión que tenga que lamentar -quien suscribe- al doblar la esquina de los años.

http://blogs.hoy.es/Juandomingofernandez

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