3 idiomas, 1.000 euros

PABLO CALVO

TRAS un viaje reciente a Holanda, un amigo destacaba que 'todo el mundo en la calle habla inglés'. No el guía turístico, ni el recepcionista del hotel, ni cuatro palabras el taxista, ni el profesor o el periodista. Todo el mundo. A los españoles aún nos llama la atención porque en lo de hablar otros idiomas, por interés profesional o mero placer intelectual, vamos muy por detrás.

Siempre he creído que en ese retraso ha influido cierto orgullo español, el pensar, y en parte es cierto, que con el castellano vamos a todas partes, o al menos a muchos sitios. Tampoco ha ayudado, claro está, la autarquía que impuso el régimen franquista y el simple desprecio a lo extranjero.

Para solucionarlo, los planes educativos actuales han llevado los idiomas hasta a la más tierna infancia, y a los tres años los escolares ya reciben clases de inglés. Desconozco si el incorporar una segunda lengua desde tan pequeños, cuando los niños aún tienen problemas para decir en español los números de carrerilla, es una apuesta educativa eficaz o un gesto de cara a la galería, pero no implica mal alguno.

No basta, sin embargo, con que el sistema educativo prime el interés por los idiomas si el mercado profesional al que se van a incorporar luego esos alumnos que estudian inglés desde la infancia no valora este tipo de conocimientos.

Este fin de semana salía publicado un anuncio de trabajo para un puesto de auxiliar administrativo en una empresa de índole cultural, a cuyos aspirantes se le exige 'un mínimo de tres idiomas'. A cambio, un extraordinario salario bruto anual de 12.000 euros, menos de 1.000 euros netos al mes, sin pagas extras.

Vamos, que ves el anuncio y te dan ganas de dejar la academia de idiomas, ahorrarte el recibo y montar un puesto de flores, que son los que mañana, 14 de febrero, van a ganar realmente dinero.

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