El profesorado se rebela

LA concentración de profesores frente al IES de Almendralejo el pasado martes en apoyo de un compañero, las manifestaciones llevadas acabo en otras localidades, la huelga secundada por un buen número de centros de la región, no debiera pasar inadvertida y menos dada de lado por los responsables de la Educación en Extremadura. Lo de menos es si paró el 95 por ciento del profesorado de Secundaria, según aseguró el Sindicato PIDE, o no llegó al 26 por ciento, como afirmaba la Consejería de Educación. Ni siquiera una sentencia recurrible, que condenó al profesor y ha sido la espoleta que ha hecho saltar al profesorado, es lo más relevante. Lo realmente importante es que se está viviendo una situación que resulta insoportable para cientos de profesores y que el martes pasado salieron a la calle a gritarlo en Extremadura, igual que otros muchos lo hacían en Barcelona. Pancartas y declaraciones pusieron claro por qué luchan -por su dignidad y su prestigio- y cuáles eran las razones de la huelga: dar respuesta al deterioro de la convivencia en las aulas, al desprestigio de la profesión docente ante la sociedad y la falta de soluciones reales por parte de la Administración Educativa.

Curiosamente, ese mismo día se firmaba en Extremadura un "Compromiso por la convivencia" entre la Consejería de Educación y los sindicatos CSI-CESIF, CC.OO, FETE-UGT y ANPE. El representante de este último declaraba que con dicho compromiso "se vuelve a recuperar la autoridad del profesorado". Ojalá tenga razón, pero nos parece de un optimismo exagerado, a la vista de las medidas del acuerdo: un protocolo de actuación rápida ante el conflicto, determinar los derechos y deberes de los alumnos, formar un observatorio regional de la convivencia, dotar a los centros de un plan de convivencia, establecer la figura del mediador de conflictos, hacer campaña para la valoración social del profesorado y educar en valores tales como la convivencia y para la resolución de conflictos entre padres y profesores. Recuerda el "ser buenos y benéficos" de la Constitución de 1812. Porque no dudamos de las buenas intenciones, pero a la vista de lo que acontece, es dudoso que con sólo esas medidas los profesores recuperen la autoridad. La cuestión no es tanto solucionar los conflictos, sino evitar que surjan de continuo.

Bastante más concreta y contundente parece mostrarse la Fiscalía del TSJ de Andalucía, cuyo presidente, el extremeño Jesús García Calderón, se ha comprometido ante representantes sindicales de aquella Comunidad a considerar las agresiones, amenazas e insultos a los profesores como atentados contra funcionarios en centros públicos, que por lo mismo serán calificados como delito, pudiendo estar castigados hasta con cuatro años de prisión.

Es cierto que hemos creado una sociedad en la que se respira demasiada violencia; que en el cómputo total de alumnos, son minoría los que agreden o comprometen gravemente la convivencia; que hechos aislados no deben condicionar el clima de trabajo en cientos de colegios; que los profesores debieran ser no sólo enseñantes, sino educadores. Pero no es menos cierto que frente a la agresión que supone toda violencia se tiene que imponer la autoridad, esa que sucesivas Leyes de Educación han ido minando hasta casi hacerla desaparecer de los centros; que basta un grupo de alumnos para hacer imposible la docencia y la convivencia, no sólo en una clase, sino en todo un centro; que cuando los hechos se suceden con demasiada frecuencia dejan de ser aislados y acaban desmoralizando a todo un colectivo; que de poco servirán los intentos educativos del profesorado, si los padres -primeros responsables de la educación de sus hijos- se desentienden de la educación o incluso, en un mal entendido concepto de amor paternal, se colocan por principio del lado de sus hijos desacreditando al profesor. El presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Centros Públicos, a la hora de enjuiciar la huelga y las manifestaciones que venimos comentando, ha dado a entender que la conflictividad en los centros va incluida en el sueldo de los profesores. No creemos que los profesores estén de acuerdo, ni que lo dicho fomente el optimismo sobre la recuperación de la autoridad y el prestigio social.

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