Andalucía aprueba la clonación terapéutica para crear órganos destinados a trasplantes

La ley prohíbe expresamente la clonación humana y obliga a destruir en el plazo de 14 días los ovocitos El Gobierno central también prepara una ley de Bioética

FERMÍN APEZTEGUIA

Andalucía dio ayer un paso de gigante para situarse en la vanguardia de la investigación científica a nivel internacional. El Gabinete de Manuel Chaves dio luz verde a la primera ley que autoriza en España el uso de la clonación terapéutica para la obtención y desarrollo de células madre con fines curativos. Las técnicas de estudio que posibilita la norma están llamadas a paliar, por ejemplo, la actual falta de órganos para trasplantes que padece el sistema sanitario. Por supuesto, la mera aprobación de la ley no garantiza el éxito de las investigaciones, pero abre las puertas a un nuevo y amplio campo de estudio donde, según los principales científicos de todo el mundo, se encuentra el futuro de la medicina. Y, por tanto, el de la salud humana.

El texto aprobado ayer en Sevilla, que se ha adelantado a la ley de Bioética que prepara el Gobierno central, llega precedido de una larga polémica en la que pesan las razones morales y religiosas. La Iglesia católica y los sectores más conservadores rechazan este tipo de investigaciones porque, a su juicio, chocan con el derecho a la vida. Por contra, los impulsores de la iniciativa defienden sus beneficios: se podrá utilizar el material genético de una persona para crear órganos que no generen rechazo en el trasplantado.

¿En qué consiste la ley aprobada por la Junta de Andalucía? Lo que la nueva norma regula, en realidad, es algo que los científicos llaman «investigación biomédica mediante técnicas de reprogramación celular con fines terapéuticos», pero que popularmente se conoce como clonación terapéutica. La realización de esta técnica requiere el uso de células madre, que tienen la capacidad de multiplicarse indefinidamente hasta convertirse en células especializadas, como las de la sangre, los huesos, los músculos o cualquier otro tipo de tejido.

Las hay de dos tipos. Las células madre adultas, que se encuentran en el cuerpo humano, fundamentalmente en la médula ósea, el cordon umbilical y la placenta. Y las células madre embrionarias, el origen de la controversia: están presentes sólo en los embriones, pero tienen muchísimas más posibilidades de diferenciación que las anteriores.

La clonación terapéutica consiste, básicamente, en retirar el núcleo de un óvulo y colocar en su lugar el de una célula de tejido adulto, por ejemplo, del corazón. Esta operación permitiría, según se cree, obtener células madre capaces de generar órganos sanos, mediante técnicas de laboratorio que están en desarrollo y que son precisamente las que quiere potenciar la legislación andaluza.

La principal ventaja de este proceso es que los tejidos obtenidos serían compatibles con el donante de esa célula adulta, algo que resulta de enorme importancia para las personas que requieren un trasplante de órganos o que padecen leucemia. ¿Por qué? porque se evita el problema de rechazo que, a menudo, tira por tierra la intervención más esperanzadora. El equipo de trasplantes de un hospital busca el hígado téoricamente más compatible con el paciente y, después, el sistema de defensas del enfermo recibe ese órgano como un intruso y lo destruye.

El proyecto de ley andaluz, presentado por la consejera de Salud, María Jesús Montero, se ha cuidado de prohibir expresamente el empleo de técnicas de reprogramación celular con fines reproductivos, para evitar «aberraciones» como la clonación humana, que es otra cosa muy distinta. Para evitarlo, además de la creación de un comité de bioética que evaluará los proyectos de investigación y velará por su buen desarrollo, la técnica se ha «blindado» a los fines terapéuticos y el texto recoge la obligación de destruir todos los ovocitos en el plazo de catorce días.

¿Es lícita esta nueva vía de investigación desde el punto de vista ético? Los investigadores lo tienen claro. Dicen que la energía nuclear puede utilizarse tanto para acabar con la Humanidad como para luchar contra el cáncer. Depende del uso que se haga de ella. El Parlamento andaluz tiene ahora la palabra.