El futuro de Cáceres y de Ibarra

EL arranque de Rodríguez Ibarra en su discurso del acto institucional del Día de Extremadura, celebrado en Cáceres en la noche del jueves, pudo inducir a algunos a pensar que el presidente extremeño iba a referirse a su futuro político. «No sé si el ciclo político de algunos de nosotros se está agotando», fueron sus palabras iniciales. Pero lo siguiente fue afirmar que los políticos pasan y los hechos permanecen; que Cáceres -y Extremadura, porque hoy Cáceres somos todos- ha heredado un rico patrimonio arquitectónico, al que los extremeños de hoy hemos de sumar nuestro «patrimonio ético y cultural», una cultura basada en valores como la libertad, la solidaridad, la convivencia, la hospitalidad... Esos serán, llegado el momento, los mejores argumentos para que Cáceres sea designada «Capital Europea de la Cultura» en el año 2016. De eso se trataba.

Sin embargo, el tema de la continuidad o no de Rodríguez Ibarra está en la curiosidad y el interés general. De ahí que las declaraciones hechas ayer en la cadena SER se comenten y se analicen, aunque no creemos que permitan ninguna conclusión clara. Lo que Rodríguez Ibarra ha venido a decir es que todavía no ha hecho una reflexión seria sobre el tema, que la continuidad estará supeditada a que su estado de salud le permita afrontar un nuevo mandato a pleno rendimiento y que, en último término, hombre de partido como es, tendrá que hablarlo con Rodríguez Zapatero. En limpio, 'no, pero sí' o 'sí, pero no', como ha hecho siempre, porque cada mandato iba a ser el último y luego no lo era.

Tampoco la respuesta sobre un posible sucesor creemos que signifique nada. Si se le pregunta sobre el tema, lo normal es que diga que al PSOE le sobran candidatos capacitados para optar a la presidencia de la Junta. Y si se le apunta un nombre, como el del actual consejero de Sanidad, es natural que diga que es una persona muy cualificada, que lo es, pero diría lo mismo o parecido si se le hubiera sugerido el nombre de cualquier otro consejero, porque a ninguno iba a minusvalorar y menos a descalificar públicamente. Nos parece, por tanto, que todas estas cábalas y lucubraciones no pasan hoy por hoy del puro entretenimiento. Habrá que esperar unas semanas todavía para que se aclare el futuro político regional.

Volviendo a la celebración del Día de Extremadura, permítasenos decir que Cáceres y su alcalde se comportaron como un perfecto anfitrión. Quienes vienen siguiendo este acto año tras año, con atención a los asistentes habituales, advertirían ausencias notables, que habrá que interpretar como disidencias partidistas. La posición más radical y las críticas más duras han sido las de Pedro Acedo por el hecho de que el acto institucional se celebrara en Cáceres. Con todo el respeto que nos merece el alcalde de Mérida, hemos de decir, sin embargo, que su actitud nos parece exagerada y fuera de lugar. Ni el hecho es una afrenta para Mérida ni se priva a la capital extremeña de ningún derecho legítimo, por cuanto no conocemos ninguna ley que establezca la celebración en Mérida de un acto institucional con motivo del Día de Extremadura. Tras celebrarse varios años, primero en Guadalupe y luego en Trujillo, Mérida ha sido luego el lugar elegido y a todos les pareció bien. Si una razón tan concreta como la aspiración cacereña a la «Capitalidad Cultural» en el 2016 aconsejó variar el emplazamiento, no se debería hacer de ello un drama. ¿Que se podía haber hecho el año que viene o el otro o el 2012? Cierto. ¿Y qué variaría? ¿Las intenciones o los fines políticos que cada partido quiere ver en las acciones de gobierno? Sería bueno serenarse, actuar con altura de miras y superar políticas localistas. Y más cuando, como en este caso, algunos han querido dar una bofetada a Ibarra, pero en la cara de Saponi. Y eso tiene que doler, y más si se es alcalde de Cáceres.

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