Paseando entre aerogeneradores

Aerogeneradores instalados en Plasencia / DAVIID PALMA

El Merengue, primer parque eólico de la región, producirá energía el próximo año

ANTONIO ARMERO

En el corazón del primer parque eólico de Extremadura, lo que más llama la atención de entrada es el aire que hace. Claro. Por algo han puesto aquí estos molinos de viento. Quince mastodontes que se aprecian desde varias decenas de kilómetros a la redonda y que han cambiado el paisaje a las afueras de Plasencia. La foto tomada de lejos, desde la autovía A-66 o la autonómica EX-A1 por ejemplo, es ahora diferente. Y también la imagen a pie de molino. Al lado del aerogenerador número 15, el que ayer visitaron políticos, técnicos y la prensa con sus cascos y sus chalecos fosforitos, todo parece enano: los camiones que pueblan el recinto cabrían en una mochila y las personas son hormigas.

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Ninguno de esos gigantes esbeltos funciona aún, aunque el viento se basta para mover las aspas de los seis que ya se han montado. Otros cuatro están a medio erguir, y los cinco restantes se irán levantando a lo largo de las próximas semanas. El plazo que maneja Naturgy, la multinacional que promueve esta iniciativa, es terminar el parque antes de que acabe este año y que empiece a funcionar a inicios del próximo, una vez legalizada la planta, que tiene cuarenta megavatios de potencia (2,625 por cada torre). Construirla ha supuesto una inversión de 40 millones de euros, y cuando esté en marcha producirá 155 gigavatios a la hora anualmente, es decir, lo suficiente como para abastecer a 44.000 hogares, aproximadamente dos veces Plasencia.

La ciudad es pionera en la región en implantar este tipo de energía renovable, y el proyecto le ha reportado dos millones de euros, la mayor parte de ellos gracias al ICIO (Impuesto de Construcciones, Instalaciones y Obras). Una vez que esté funcionando, el Ayuntamiento ingresará cada año unos 200.000 euros entre el IAE (Impuesto de Actividades Económicas) y el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) de características especiales, una modalidad por la que en la ciudad solo tributa ahora el embalse Jerte-Plasencia. Esa cifra la dio ayer el alcalde, que hizo la visita junto a Olga García, consejera de Economía, y José Luis Navarro, exconsejero y actual presidente de Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos S.A., adscrita al Ministerio para la transición ecológica).

A él, según dijo ayer Fernando Pizaro, le corresponde una parte del mérito de que el parque eólico de la sierra del Merengue sea una realidad. El alcalde placentino agradeció a la empresa su apuesta por la ciudad, y destacó tanto «el diálogo permanente y fluido entre el Ayuntamiento y la Junta» como «el papel tan importante que desempeñó el exconsejero Navarro con su asesoramiento permanente, su conocimiento y su talante».

Pizarro puso al parque como ejemplo de colaboración entre administraciones por encima de siglas políticas, y después empezó junto al resto de la comitiva el recorrido por la planta, a la que nadie puede acceder si no se pasa antes el filtro del puesto de seguridad que hay a la entrada, como es común en las obras públicas. Hay que recordar que el pasado agosto, un trabajador de 58 años murió tras volcar la máquina que conducía.

A partir de la caseta de vigilancia, ante la que ya se ha tenido que dar media vuelta algún que otro ciclista curioso en las últimas semanas, empieza un entramado de caminos bien compactados que llevan de un molino a otro. En total son ocho kilómetros, ahora salpicados de enormes estructuras, como las palas, que son del modelo G126, fabricadas por Siemens Gamesa, detalla Ana Ruiz, responsable de Desarrollo de la filial de renovables de Naturgy en la región. Cada torre tiene 84 metros desde la base hasta el buje, es decir, el equivalente a 48 españoles de estatura media (1,74 metros) colocados uno encima de otro. El diámetro del rotor alcanza los 126 metros. En el buje se anclan las palas, junto a la góndola, que es la caja con el nombre de la empresa. Parece pequeña vista desde lejos, pero es tan grande como una caseta de obra generosa cuando se pasa junto a una de ellas colocada en el suelo, a la espera de ser izada.

Siete de líneas eléctricas

Además de los ocho kilómetros de caminos, el parque tiene siete de líneas de evacuación, entre las aéreas y las subterráneas. Los aerogeneradores producen la energía, que es transportadas por líneas de media tensión hasta la subestación eléctrica del parque, ahora en construcción. De allí saldrá por una línea de evacuación aérea hasta una subestación eléctrica de Iberdrola en Plasencia. La ciudad está tan cerca que se ve desde algún punto del parque, aunque ayer no fue posible llegar hasta ese mirador, por motivos de seguridad. Desde otros, de los varios que hay en el recinto, se ven algunos de las poblaciones de la zona: Carcaboso, Valdeobispo, Galisteo...

Que toda esta sierra es ventosa se conoce desde hace años, con mediciones que lo cuantificaron en su momento. De hecho, la empresa decidió dar el paso de levantar su planta tras certificar que al cabo del año, el aire corre lo suficiente como para que resulte rentable gastarse 40 millones de euros. El dinero y el trabajo de 250 personas han hecho posible que Extremadura vea sus primeros aerogeneradores. Cuando el parque esté acabado, trabajarán en él por turnos cuatro o cinco personas, según detalló ayer Carlos González Sámano, responsable de Desarrollo de Generación de la multinacional, que hizo el recorrido junto a las autoridades, entre ellas Olga García. La consejera anunció ayer en Plasencia que entre este año y el próximo, habrá en la comunidad 1.800 megavatios de energías renovables en construcción, la mayoría de ellos de fotovoltaicas. Entre todos, detalló, la inversión supera los dos mil millones de euros. Este catálogo de nuevas infraestructuras de energías renovables incluye los quince aerogeneradores de Plasencia, que en unas semanas empezarán a girar de verdad.

 

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