Plasencia homenajea a las 12 vecinas de la calle Ancha

Acto de homenaje para descubrir la placa. :: David Palma/
Acto de homenaje para descubrir la placa. :: David Palma

Estas mujeres placentinas fueron las primeras en atender a los soldados repatriados de la guerra de Cuba en el año 1898

LUCÍA SEMEDO PLASENCIA.

Los nombres de las 12 mujeres de la calle Ancha que organizaron las primeras ayudas a los soldados repatriados de la guerra de Cuba ya son visibles en una placa conmemorativa ubicada en la plaza de Isabel la Cabrera. Estas vecinas de la ciudad, de origen humilde, se coordinaron para prestar ayuda a estos hombres en 1898, antes incluso de que Cruz Roja habilitara un hospital de campaña en la propia estación de tren.

Se trata de un homenaje por parte del Ayuntamiento en nombre de los ciudadanos y que responde a la petición de los familiares de estas mujeres.

Su acción, realizada de forma totalmente altruista sirvió para que la localidad obtuviera el título de 'muy benéfica ciudad', otorgado por la reina regente María Cristina en 1901.

El alcalde, Fernando Pizarro, manifestó que se trata de un gesto para honrar la labor de estas mujeres de origen humilde y cómo su hospitalidad y solidaridad sirvió para alentar a los placentinos a ofrecer asilo y ayuda a los soldados de la guerra de Cuba.

Una de las presentes e impulsoras del acto ha sido Pepita Platero Rovira, quien se puso en contacto hace unos meses con el Ayuntamiento para solicitar que se pusiera en valor la figura de las mujeres, entre las que estaba su madre, Leandra Rovira. Así, los nombres de Dionisia la Mana, Eduarda Bordallo, Isabel Moreno, Isabel Pérez 'La Cabrera', Leonor Conejero, Leonarda Melo, Leandra Rovira, María Cano, María Gómez, Rafaela Calderón, Sandalia Pérez y Victoria Adamo quedan recogidos en esta plaza en una placa elaborada con azulejos en la que se pone en valor su acción solidaria.

La 'muy benéfica'

«La distinción de 'muy benéfica ciudad' la tienen muy pocas ciudades» explicó Pizarro, quien aseguró que «muchos alcaldes de aquel entonces, por miedo a las epidemias y enfermedades que podían traer consigo los soldados no querían ni siquiera que el tren parara en las estaciones».

«Al principio solo querían llevarles agua, hasta que vieron cómo estaban», explicó Pepita Platero. Cuando percibieron las necesidades de los soldados decidieron poner a su disposición sus recursos y buscar ayudas para atender sus necesidades hasta que pudieran partir a sus hogares.

Platero aseguró que «fue difícil» porque «tuvieron que pedir mucha ayuda» pero que lograron dar muestra de su «solidaridad y valor». Después Cruz Roja tomó el relevo y comenzó a atender a estos hombres. Cabe destacar que gran cantidad de los soldados llegaban por Vigo y el tren los llevaba hasta Plasencia sin pasar por Madrid, según narró Platero, por lo que muchos de ellos llegaban sin haber sido prácticamente tratados por médicos.

Según explicaron, estas vecinas de la ciudad acudieron también a otros colectivos, como la Cámara de Comercio de Plasencia y, poco a poco, fueron logrando la implicación de la ciudadanía y las instituciones locales. Reunieron no solo comida y agua, sino también artículos como vendas y enseres de aseo. Gran cantidad de ellos sufrían infecciones y enfermedades propiciadas, en muchos casos, por la falta de medios de la época.

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