Pizarro, el referente extremeño del PP

Pizarro, el referente extremeño del PP

Fernando Pizarro anuncia su última etapa como alcalde tras ganar durante tres legislaturas consecutivas con mayoría absoluta en Plasencia

Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Es inevitable pensar que su futuro, si apuesta por continuar en política, está fuera de Plasencia, la ciudad que le ha convertido en un referente indiscutible del PP en Extremadura. Porque ningún otro dentro de la formación que hoy lidera Pablo Casado ha logrado gobernar un ayuntamiento de más de 20.000 habitantes en la región durante tres legislaturas consecutivas. Y hacerlo no solo con mayoría absoluta, sino, además, con más votos esta última vez que la anterior.En un momento, precisamente, con el viento claramente en contra del PP. Sin embargo, Fernando Pizarro, que agarra con firmeza el timón del partido en la capital del Jerte, que lidera con autoridad, y que se mantiene anclado al centro, –«yo no me escoro»– ha dicho en más de una ocasión, no ha notado esa marea roja que ha cubierto con claridad Extremadura, de la mano de Guillermo Fernández Vara, y también en buena parte España.

Fernando Pizarro, más que el PP, ha logrado tras ocho años al frente del Gobierno local, convertirse en una marca propia, situarse por encima de las siglas de su partido. Las cifras lo avalan. En los comicios del pasado 26 de mayo ha obtenido 10.292 votos, unos 1.600 más que los que logró hace cuatro años y muchos más que los 6.556 conseguidos por José Antonio Monago. De hecho, los placentinos han votado de forma mayoritaria al PSOE de Guillermo Fernández Vara para el Gobierno regional. Pero no para el Ayuntamiento. Aquí ha ganado una vez más con absoluta claridad Fernando Pizarro, porque ha logrado posiblemente el principal objetivo de cualquier político, situarse por encima de las ideologías y aglutinar en torno a su persona a gentes de diversas convicciones.

No solo porque, como él dice, «yo no soy ni de izquierdas ni de derechas», sino porque esa percepción ha calado entre los ciudadanos, posiblemente porque una mayoría, cuando menos una buena parte de ellos, ha tenido la oportunidad de hablarlo con él directamente. Y es que es más que complicado encontrar hoy a algún placentino que no haya cruzado alguna palabra con el alcalde en alguna ocasión. Porque la frenética agenda que desde hace ocho años lleva a cabo Fernando Pizarro hace que esté, casi literalmente, en todas partes. Allí donde haya una obra de teatro de un colegio, una entrega de premios de una asociación de un barrio, una reunión de antiguos alumnos, una asamblea de un colectivo social... Es seguro que el alcalde estará y que no solo acompañará a los protagonistas, sino que además dejará constancia del encuentro en las redes sociales, esas que maneja mejor que ninguno de sus compañeros y oponentes. Y a buen seguro que continuará haciéndolo, contando su agenda diaria en Facebook, subiendo las noticias que le gusten de su ciudad a Twitter y dejando constancia de su actividad a través de su cuenta de Instagram. Y lo continuará haciendo porque está convencido de que la popularidad es un factor muy a tener en cuenta en política. A pesar de que quienes le critican, por esa exposición continua, digan que tanto aparecer en las redes sociales solo pone de manifiesto su desmesurado afán de protagonismo.

Pero la realidad no solo es que el alcalde utiliza las redes sociales para comunicarse con sus vecinos y atender en buena parte las demandas e inquietudes que le trasladan jóvenes y mayores, sino que solo quien está en los actos puede retratarse en ellos y publicar esas imágenes. Y lo cierto es que Pizarro ha sido alcalde y, muy posiblemente seguirá siéndolo, casi las 24 horas del día casi los 365 días del año. Los que le conocen aseguran que su capacidad de trabajo parece no tener límites, que su compromiso con la responsabilidad adquirida está fuera de toda duda y que sus tareas de gobierno las lleva a cabo con firmeza y autoridad.

No debe confundir ni su talante moderado ni su carácter afable ni sus cuidadas maneras. En este caso las formas no modifican el fondo y es Fernando Pizarro, y nadie más, el que dirige al PPy al Ayuntamiento de Plasencia. Es decir, que poco o nada deciden de motu propio quienes le acompañan en el equipo de gobierno. La iniciativa que tenga cada cual se le debe plantear a él y cuando dé el visto bueno, entonces sí el concejal de turno podrá ejecutar lo acordado como mejor considere. Pero no antes. Solo una vez el jefe, porque el alcalde de Plasencia ejerce de tal, diga por donde.

Por esto se pudiera entender que, por ejemplo, en la última edición de los San Fulgencio más de la mitad de los galardones los entregara él o que, en la presentación de su nuevo equipo de gobierno, los que lo forman aparecieran a través de fotografías en una pantalla y solo Fernando Pizarro estuviera allí en persona hablando desde un atril. Quizás ejemplos más de ese afán de protagonismo que le critican sus detractores. Pero también claras manifestaciones de un liderazgo demostrado. Porque, a fin de cuentas, quien se la ha jugado durante tres legislaturas consecutivas en unas elecciones ha sido él. Y nadie más. Y, por eso, el que ha ganado también ha sido él. Y nadie más. Porque en caso contrario, el que hubiera perdido también hubiera sido él. Y nadie más.

Por eso son muchos los que desde el pasado 26 M, de dentro y fuera de Plasencia, se preguntan cuál es el futuro de un hombre que tendrá sobre su espada 12 años de alcalde y muchos más como político. Especialmente después de que él haya dejado claro que estos cuatro, que ayer comenzó, son los últimos al frente del Ayuntamiento placentino. Por eso muchos le ven como uno de los posibles sucesores de José Antonio Monago al frente del PP de Extremadura. A su favor tiene no solo una brillante trayectoria, sino una constatada experiencia política más allá del gobierno. Porque Pizarro ha atravesado años de oposición y crisis internas y ha logrado lo más difícil, salir reforzado tras cada etapa. Por dos cualidades fundamentalmente, también según quienes le conocen bien. Tiene paciencia y es leal al partido, al PP. «Porque me ha dado todo lo que soy en política y, por eso, yo no abandono el barco cuando zozobra», ha dicho en más de una ocasión.

Casado desde el año 2008 con Mercedes Orantos Sánchez-Rodrigo, también licenciada en Historia del Arte, Pizarro es un gran apasionado de la música. Durante varios años dirigió el coro de cámara placentino Ars Nova, y su carrera profesional hasta convertirse en alcalde se había desarrollado, precisamente, como profesor de música en los colegios públicos Inés de Suárez y Escuela Hogar Placentina. Ahora mismo tiene su plaza en propiedad en el colegio Miralvalle, y siempre ha dicho que la ocupará más pronto que tarde, porque no quiere, y no necesita, vivir de la política hasta la jubilación.

Cuándo tenga pensado hacerlo es la incógnita y, de momento, no ha querido desvelarla. Sin embargo, es posible que más pronto que tarde no tenga otro remedio. Monago ha perdido las elecciones y, dentro y fuera del partido, son mayoría los que creen que no repetirá como cabeza de lista a la presidencia de la Junta y también que el alcalde placentino es uno de los posibles candidatos a sustituirle. Nadie parte en una posición mejor. Tres mayorías absolutas convierten a Fernando Pizarro en el referente del PP en Extremadura. Quizás por eso Pablo Casado eligió Plasencia para dar su único mitin en la región.