Cenar entre autobuses

Crepe de marisco servido en el Martina Bistró de la estación de autobuses de Plasencia./E. R.
Crepe de marisco servido en el Martina Bistró de la estación de autobuses de Plasencia. / E. R.

La estación de Plasencia se convierte en referencia gastronómica

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Somos un desastre en trenes y casi nada en aviones, pero en cuestión de autobuses, somos una potencia nacional. La estación de autobuses de Cáceres fue la primera en contar con una página web y su equipo de dirección era invitado estelar en los congresos del ramo. Lo que no habíamos visto hasta ahora era que una estación de autobuses extremeña se convirtiera en referencia gastronómica. Pero ha sucedido ese prodigio en la estación de autobuses de Plasencia.

A nadie se le ocurre ir con sus hijos y sus padres a comer a una estación de autobuses, esos lugares de imagen algo sórdida y poco familiar. Sin embargo, las cosas están cambiando y quien enarbola la bandera de la regeneración gastronómica es la estación placentina. Su apuesta por la dignidad y la calidad en el servicio, las instalaciones y la cocina ha convencido a la estación de autobuses de Cáceres de que ese es el camino a seguir y ya está convirtiendo su oscura cafetería en un local luminoso con terraza y, se supone, tan buena cocina y tan magnífico servicio como el que disfrutamos el pasado sábado en la estación de autobuses de Plasencia.

Las paredes de la cafetería placentina son cristaleras que permiten entretenerse con el ambiente de los andenes y la tranquilidad de la terraza, bien puesta y a punto de tener una zona ‘chill out’ con césped y música. Vajilla, cubertería y cristalería son modernas y de calidad, la presentación de los platos se mima y la atención del maitre, Miguel Ángel, es excelente.

En un ambiente así, es natural que el salón-restaurante de la estación de autobuses se llenara el sábado de familias que venían a tomar un buen menú del día servido como si de una comida a la carta se tratara. El local se llama Martina Bistró y ofrece menú a la hora de comer (10.90 a diario y 11.90 sábados y festivos). El sábado pasado se podía elegir entre crema de vegetales, salpicón de merluza y langostinos, risotto de hinojo y cabrales o plum-cake de verduras con crema de salsa de ostras de primero. La carta de segundos, llamada ‘Segunda Parada’, incluía bacalao dos salsas, solomillo de cerdo glaseado con cítricos, crepe de mariscos o huevos fritos con patatas chip y jamón. De postre: mousse de frambuesa, crema catalana o tarta de chocolate.

Es un menú muy correcto. Nos gustaron la crema de vegetales y la catalana y todo lo que tomamos superaba el aprobado. Pero donde la cocina del Martina Bistró brilla incandescente es a la hora de la cena. Así, la selección de quesos (14 euros) es de Granadilla, que a mí me parecen la sorpresa quesera del 2017. Las conservas son de primera división. Tienen unas cocas para ir haciendo boca muy apetitosas de verduras y gambas (5.90), sardina ahumada de Santoña (7), bacalao (6) o foie (7.20). El carpaccio (14.50) es de buey angus.

La carta de entrantes hace la boca agua. Sirva de ejemplo una pequeña antología: salmorejo y polvo helado de idiázabal (7.90), huevos a baja temperatura reposando sobre patata asada, foie y duxelle de hongos (11.50), tartar de atún toro con mahonesa de salsa kimchi (14)…

En los platos principales, tienen varios preparados de atún rojo, calamar de potera asado, presa ibérica de bellota D.O. (13.90), carrilleras (13.50), lomo de ternera black angus de 400 gramos (27) o mollejas de cordero (12). Al acabar la cena con un baozi de chocolate (4.50), una espuma fría de yogur y coulís de mango (4.50) o un helado de algodón de azúcar (4.50), uno llega a la conclusión de que no tendremos AVE ni vuelos low cost, pero en ninguna estación de tren ni aeropuerto internacional se cena como en la estación de autobuses de Plasencia.