Cerveza artesanal en Cataluña

Cerveza artesanal/
Cerveza artesanal

Está de moda, porque ya los monjes la elaboraban entre las paredes de los monasterios y la degustaban entre rezo y rezo, aunque la bebemos desde el neolítico, cuando los humanos aprendimos a cultivar. En la península Ibérica la relación empezó entre el 5650 y el 5450 a.C., cuando fermentamos granos de cereal por accidente, y Cataluña ha sido el epicentro de la efervescencia (literalmente hablando) de la que se elabora de manera artesanal

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Hay un hecho irreprochable: la cerveza es, por antonomasia, una de las bebidas preferidas de nuestros aperitivos. Pero también supone (permítanos este inciso en cifras que tomamos de la asociación Cerveceros de España) un negocio muy importante para el país porque: casi 90 % de la cerveza que consumimos es de fabricación nacional; somos el cuarto país productor de la Unión Europea (solo después de Alemania, Reino Unido y Polonia) y tenemos un club de Beer Runners, una Birrapedia y un concurso internacional para encontrar la mejor cerveza artesana.

Dicho esto, además de las grandes marcas, hay iniciativas más pequeñas (que ya empiezan a pisar fuerte) que ponen en valor una producción manual, con bebidas sin filtrar ni pasteurizar, que prescinde de aditivos químicos y cuyo resultado es un producto vivo, como el vino, que se conserva de manera natural gracias al alcohol y al lúpulo, que es antiséptico y antibacteriano.

El punto de partida que se sigue es el mismo que el de una cerveza de gran marca. Se parte del agua, la malta (entiéndase cualquier cereal que ha sido malteado, es decir, tostado y secado para obtener azúcar), el lúpulo y la levadura que se ponen a hervir y a fermentar.

Las diferencias, nos explica Txema Millán, del equipo de Birrapedia, es que las artesanales son de alta fermentación en otras palabras, que las levaduras trabajan a más temperatura y en la superficie y que las marcas industriales funcionan con extractos de lúpulo, por ejemplo, y usan cereales que dan más rendimiento como el arroz o el maíz.

Cataluña ha sido el punto de partida del este boom cervecero que nació en esa Comunidad Autónoma y que, bien por negocio, como emprendimiento durante la crisis o por afición, ha ido ramificándose a otras regiones del país.

Una de las fábricas más veteranas es Montseny, que nació en Barcelona, en 2007, elaborando cervezas de la familia Ale con cuatro referencias. Hoy suma 11, incluyendo la primera con certificación ecológica de Catalunya.

Ese mismo año surgía, en Gerona, la Societat Birrart, que comercializa la Moska de Girona, que cuenta con un nutrido grupo de entusiastas consumidores y el apoyo de muchos restaurantes de la zona.

Fácilmente reconocible por su simpática etiqueta, Rosita es ya una referencia en Tarragona en sus tres variedades: la original (densa, de color miel y turbia); divori (rubia y ligera, ideal para el aperitivo); y la negra con avellanas de Alcocer (con un marcado predominio de frutos secos que son un buen acompañamiento de los postres con chocolate negro).

A pesar de que el volumen de venta de las cervezas artesanales ronde el 1 %, Millán nos da un tres datos relevantes y esperanzadores: Prácticamente cada semana nace una fábrica de cerveza en España, en la Birrapedia hay unas 3.500 y cerca de 728 empresas (incluidas las grandes marcas) y la cerveza artesanal está relacionada con la proximidad, con tomar un producto de la zona. Por ello está naciendo el concepto slow beer, un slow food estrictamente cervecero. ¡Salud!