Tranquilos, queda Menorca

Cala Rafalet, en Menorca./
Cala Rafalet, en Menorca.

Playas de ensueño y paisajes paradisiacos y, sobre todo, mucha paz son la seña de identidad de esta preciosa isla, situada en el corazón del mar Mediterráneo

ÁLVARO ROMERO

Menorca se levanta en el corazón del Mediterráneo para ofrecer naturaleza, historia, tradiciones y playas de ensueño. Pero sobre todo, y al contrario que otras islas de las Baleares, le invade la tranquilidad. Es el destino perfercto para parejas, solteros o familias enteras que buscan un paréntesis de relax en sus vidas.

Como si del Caribe se tratara, sus playas paradisiacas de agua cristalina rodeadas de naturaleza son la seña de identidad de la isla. Una isla dividida en dos partes bien diferenciadas, la costa norte y la costa sur.

La zona norte ofrece arena oscura, en algunos casos rojiza, con relieves accidentados que en ocasiones complican el acceso a las calas, algunas de ellas vírgenes y otras que ofrecen barros para aplicarlos en la piel. Destacan Cala Pilar, Cala Morell, La Vall, Cavallería y Cala Tortuga, entre otras. La parte sur se muestra mucho más regular, con calas más accesibles y arena blanca, suele ser el lugar más cotizado por los turistas. Destacan Trebalúger, Macarella y Macarrelleta, Turqueta, Cala en Porter y Cala Binibequer, entre otras.

Ciudadela y Mahón son los dos grandes puntos neurálgicos de Menorca, cada uno en una parte de la isla, les separan tan solo 50 kilómetros, longitud que tiene la isla de este a oeste. Por lo tanto, las distancias son cortas y en poco tiempo se puede cambiar de zona y disfrutar al máximo de Menorca.

En el punto central se levanta el monte Toro, la zona más elevada de la isla, desde donde se puede apreciar casi todo el litoral. Parada obligatoria es la Cova den Xoroi, desde donde se puede disfrutar del atardecer más bonito de la isla en una cueva incrustada en medio del acantilado, a los pies de Cala en Porter, al sur.

Binibeca, pueblecito de pescadores

Si visitas Menorca, no puedes dejar de ver Binibeca, un pueblecito blanco de pescadores, con casas regulares y decenas de barcas en sus orillas. Otros rincones perdidos muestran la belleza de la isla en su máximo esplendor, Cala NBrut, al oeste de la isla y el Rincón des Rafalet, al este son claro ejemplo de ello. Lugares perfectos para los amantes del buceo, donde se pueden divisar diferentes especies marinas, animales y vegetales.

Para los más atrevidos, amantes del senderismo, existe un camino que rodea la isla pasando por los lugares naturales más destacados, el conocido como Camí de Cavalls, también se pueden realizar rutas a caballo por parte del sendero.