La educación de las hadas

ALEJANDRO PACHÓN

No cabe duda de que Jose Luís Cuerda es ante todo un productor. Un productor que escribe y dirige estupendamente, pero que piensa en los gustos del público. Por eso desoye el viejo consejo de 'nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton' e insiste en la infancia como portadora de un lenguaje simbólico, tal como hizo en 'La lengua de las mariposas' o 'El bosque animado'.

'La educación de las hadas' es una alegoría sentimental contemporánea pensada como un cóctel de ingredientes que ya han tenido éxito comercial. Por un lado está ese toque argentino cargado de una excesiva prosa poética cuyo icono más representativo es Ricardo Darin en un papel similar al que hiciera en 'Kamchatka', en esta ocasión componiendo un personaje al que no vemos dar ni golpe en toda la película pero que vive en una preciosa masía en los Pirineos catalanes. Este personaje está atribulado porque su mujer (Irene Jacob), una ornitóloga francesa con un hijo excesivamente modélico y redicho, ha decido dejarle por causas que conoceremos en un precipitado 'flashback' al final. Su idílico mundo en los encantadores bosques se derrumba y la solución puede que proceda de una chica argelina (Bebe) que trabaja como cajera en un centro comercial. Y ahí está el segundo ingrediente del cóctel: la temática social de la inmigración, el machismo y la precariedad laboral.

Oponiendo el mundo de los privilegiados de la sociedad al de los desfavorecidos, Cuerda elabora una metáfora acerca de las distintas escalas de valores y de la educación sentimental. Un acercamiento entre dos mundos distantes, tan sólo reconciliables a través de la fábula y la inocencia.

A pesar de la excesiva carga literaria y de unos diálogos retóricos y largos, Cuerda demuestra su buen hacer como director, especialmente cuando se mueve en escenarios naturales, resaltando el valor simbólico de la naturaleza.

A destacar por un lado el subrayado emotivo en la banda sonora de un Lucio Godoy en su mejor momento y la fuerza expresiva de una Bebe que demuestra que es, ante todo, una gran actriz dramática de amplios registros. Ambos, músico y actriz/cantante se funden al final en un precioso tema para los títulos de crédito, 'Tiempo pequeño', que condensa el espíritu de la película y demuestra dónde reside lo mejor de esta producción.