Riña

JOSÉ JAVIER ESPARZA

Como en el cuadro goyesco, Cuatro y La Sexta se han liado a palos por el Mundial. No por la emisión, que esa ya se la han repartido en buenas migas, sino por la promoción. La Sexta ha acusado a Cuatro de competencia desleal por esos anuncios en los que el canal de Sogecable dice que él dará los partidos. Primero, porque en realidad los partidos de «interés general» los van a dar los dos: no ha habido cesión de los derechos de emisión, sino acuerdo para compartirlos. Después, porque el conjunto de los partidos -los sesenta y cuatro- sólo podrá verse, efectivamente, en La Sexta, cuya señal digital está en Digital +, pero esta plataforma, aunque pertenezca también a Sogecable, no es Cuatro. La Sexta tiene razón: uno ve Cuatro y tiene la impresión de que ya no es preciso «antenizarse», es decir, que uno puede vivir sin La Sexta. ¿Pero qué otra promoción podía haber hecho Cuatro para comunicar a los espectadores que habrá Mundial en esa cadena, sin hacer publicidad al mismo tiempo de La Sexta? Por otro lado, tampoco falta quien dice que este rifirrafe entre los dos canales del zapaterazgo -porque ambos han nacido en la actual coyuntura- es un paripé, para que no parezca que todo estaba arreglado de antemano. Cualquiera sabe. La verdad es que, si nos tomáramos esto a la tremenda, la situación podría ser de guerra civil virtual en el mundo de la tele: Antena 3 y Telecinco, que ya echaron pies por alto -con razón- cuando la apertura de Cuatro, denuncian a La Sexta por competencia desleal; La Sexta, a su vez, denuncia a Cuatro por publicidad engañosa; Cuatro, por su parte, debería denunciar a los demás por alguna otra cosa para plantear batalla, y mientras tanto, Montilla, que es la autoridad reguladora, de miranda. La maraña de las hostilidades se ha enredado tanto que, si estuviéramos ante un asunto de otro género, lo natural sería anular todos los acuerdos entre las cadenas. Pero eso, en este caso, supondría dejar a los españoles sin Mundial de Fútbol, y nadie desea un motín de Esquilache, ¿verdad? Al final, los intereses de las cadenas siempre se subordinan a la producción de circo -el pan ya nos lo ponemos nosotros solos-, y nada ni nadie parará la fiesta. Lo que nos va a quedar es la viscosa impresión de que las cosas no se han hecho como era menester. Hay un recurso clásico para enseñar a los niños a dibujar sus primeros garabatos: «Con un seis y un cuatro, hago la cara de tu retrato». Con el seis de La Sexta y el cuatro de la homónima, nos ha salido un dibujo en el que más de uno se va a retratar. Nota, por cierto, para cabalistas: los partidos del Mundial son sesenta y cuatro; seis, cuatro. Graciosos azares.