Las orugas amenazan el Valle y La Vera

Cientos de hectáreas de roble han sido desfoliadas y la plaga se extiende a los cerezos. Los agricultores toman sus propias medidas ante las promesas de las Consejerías

JUSTO J. PÉREZPLASENCIA

La voz de alarma saltaba la pasada semana. El lunes 15 de mayo, Pedro Marcos Sánchez, agricultor piornalego con una parcela de seis hectáreas en término municipal de Jaraíz remitía un escrito urgente a Medio Ambiente advirtiendo de su impotencia ante la plaga de orugas que acechaban sus cerezos desde el robledal colindante. En el fax solicitaba la determinación de la especie así como los daños y perjuicios causados en sus árboles frutales -la finca contempla alrededor de 1.000-. Hoy más de cien se encuentran desfoliados y otros muchos dañados, además de en sus hojas, en el pedúnculo de las cerezas.

El insecto, la limantria dispar, es conocido por su apariencia como 'lagarta peluda'. Corresponde a una especie autóctona en la zona y aunque no sea de los ejemplares más habituales como las procesionarias o las orugas de la ortiga o la cigarrera -que también ataca a los robles enrollando sus hojas- «ya ha arrasado hectáreas de árboles silvestres tanto en el Valle del Jerte como en La Vera», comenta Ángel Rama, presidente de la Mancomunidad de Municipios jerteños. En total son una decena los afectados en ambas comarcas. Con una tónica común, la ubicación en las laderas menos umbrías. Así, Garganta la Olla, Gargüera, Cuacos de Yuste, Jarandilla, Arroyomolinos o Jaraíz en la parte de La Vera y Barrado, Cabezuela, El Torno y Rebollar por el Valle del Jerte están dentro de los términos municipales «más devorados».

Sin explicación lógica

El problema, pese a no ser nuevo, nunca había presentado tal virulencia. Según Ángel Rama, «desde hace cuatro años la cadena trófica está fallando en algo que resulta imposible ajustar de forma natural y urge conseguirlo de alguna manera». En este sentido, a nivel de Ayuntamientos se intenta presionar a la Consejería de Medio Ambiente así como a la de Agricultura en la toma de decisiones eficaces para frenar el proceso. «En la temporada pasada ya se preveía un aumento del número de estos lepidópteros y sus respuestas se basaban en la confianza sobre las aves depredadoras de los mismos», señala Gonzalo Mateo desde la cooperativa agrícola San Pablo, de Arroyomolinos de la Vera. Él mismo asegura sorprenderse de esta solución al ver el rastro del insecto sobre la piel humana, «escuece y segrega una sustancia irritante».

Comienzan los recuentos

En Barrado ya se ha iniciado un recuento de las parcelas afectadas, si bien hasta finales del verano será imposible tasar las pérdidas. Entonces habrá que tener en cuenta más de un árbol seco.

En estos días, muchos agricultores contemplan con tristeza el paisaje que la plaga está dejando en la sierra. «Parece otoño en lugar de primavera», comenta el cabezueleño José Gándara ante los desolados esqueletos de robles visibles en la subida al Puerto de Honduras por la carretera a Hervás. Su indignación es mayor cuando recuerda las primeras reacciones institucionales asegurando la no afectación de los árboles frutales. La realidad es bien distinta y las promesas de «fulmigados con avionetas» no parece que vayan a cumplirse.

Soluciones a corto plazo

El período de producción hace imposible los mismos y dificulta el uso de otros productos fitosanitarios. Desde el servicio de plagas de la Consejería de Agricultura no hay nada confirmado al respecto y, ni siquiera, está declarada una campaña de plaga oficial. Para el próximo año ya se preparan medidas de trampeo por feromonas. El objetivo, atraer al macho hasta quedar pegado y no pueda copular con la hembra. Ello contribuiría a disminuir pero no a erradicar la población.

Las alternativas de los agricultores les lleva a diseñar métodos para evitar el acceso de las larvas a las copas desde los troncos. Cinturones de sanidad hechos de polvos de Malafin o Dipagrel son algunas opciones. No paran las que llegan directas desde los robles. Otras rodear el tronco de cinta de embalaje y grasa consistente o papel adhesivo y liga; dejan el rastro de cientos de orugas muertas a sus pies. Eso dentro de las fincas. Fuera, algunos hablan de utilizar el fuego para detener a otro casi igual de abrasador.