El Palacio entra en su recta final

Aún no hay fecha definitiva, pero la inauguración del Palacio de Congresos de Badajoz es cuestión de días. Tanto por la repercusión económica que esta infraestructura tendrá en la ciudad, como por el diseño del edificio y su céntrico enclave, estamos ante un hito en la historia reciente de Badajoz.

J. LÓPEZ-LAGOBADAJOZ

Aún no hay fecha definitiva, pero la inauguración del Palacio de Congresos de Badajoz es cuestión de días. Tanto por la repercusión económica que esta infraestructura tendrá en la ciudad, como por el diseño del edificio y su céntrico enclave, estamos ante un hito en la historia reciente de Badajoz. No hay que olvidar que las obras se iniciaron en diciembre del 2001 y el edificio ha ido creciendo a la vista de todos, por lo que las expectativas han ido aumentando en los últimos meses. Su aspecto exterior ya resulta familiar, pero el interior es prácticamente desconocido. Traspasada su entrada, más de un visitante lo calificará de espectacular cuando pueda contemplarlo en su totalidad.

Su acceso cuesta abajo para preservar la continuidad de los cilindros de poliéster que envuelven al edificio se aprecia desde la Ronda del Pilar hace ya semanas. Una vez dentro, sobre el suelo anaranjado de la entrada, una combinación plástica de materiales alterna con paredes de hormigón visto conformando así la personalidad interna de los espacios secundarios. El diseño es de la pareja de arquitectos madrileños Lucía Cano Pinto y José Selgas Rubio, que además son matrimonio.

Actualmente se están ejecutando remates por cada rincón de este edificio concebido en círculos concéntricos. Las 1.040 butacas de su auditorio estaban siendo colocadas ayer y aún queda pendiente que el arquitecto decida qué mecanismo tapará, cuando sea necesario, el gran ojo de la cubierta y que, abierto, aporta un impresionante chorro de luz natural al patio de butacas.

Los fluorescentes que iluminan artificialmente el auditorio ya funcionan prácticamente en su totalidad detrás de las láminas semitransparentes de policarbonato que componen las paredes curvas de la estancia central. En la entrada, ya sólo falta cubrir los bancos encastrados para descansos puntuales de los asistentes y limpiar suelos y restos de obra.

Desde la última planta del auditorio se aprecia tanto la escena como el falso techo, compuesto con cientos de láminas de madera y policarbonato transparente suspendidas por cables de acero, una idea original del arquitecto que podrán observar de cerca quienes presencien desde allí arriba cualquier evento, pues no se descarta que este espacio extra permita seguir algunos espectáculos de pie, lo que aumentaría el aforo en unas cien plazas aproximadamente cuando la ocasión lo requiera.