Las fiestas en pisos elevan las quejas vecinales a la Policía los fines de semana

Las llamadas telefónicas al 092 se disparan las noches de los jueves y sábados por molestias de ruido La erradicación del botellón de la Plaza Mayor ha multiplicado las reuniones juveniles en las viviendas

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCÁCERES

No deja lugar a controversias. Todas las opiniones apuntan hacia la Ley de Convivencia y Ocio de la Junta de Extremadura. Su entrada en vigor -en marzo del año 2003- se tradujo en la erradicación del botellón de la Plaza Mayor de Cáceres y, a su vez, multiplicó las fiestas en pisos. Sobre todo, durante las noches de invierno en las que el frío aleja a los jóvenes del ferial.

El aumento de reuniones juveniles en las viviendas, muchas de ellas alquiladas por estudiantes, suscita el enfado de los vecinos y el incremento de las llamadas a la Policía Local durante los fines de semana. La noche de los jueves es las más 'movida' para los agentes, seguida de la de los sábados. En ocasiones, se han llegado a recibir hasta 14 quejas telefónicas, aunque la media se cifra en las diez llamadas, según reconoce Santos Parra, concejal delegado de Policía Local.

Basta revisar los partes policiales para ilustrar esta realidad de la noche cacereña. El pasado jueves, sin ir más lejos, los agentes tuvieron que desalojar a 75 personas de una vivienda de la avenida Antonio Hurtado. «Durante la noche fueron atendidas varias llamadas por molestias de ruidos por la celebración de fiestas en distintos puntos de la ciudad, destacándose la celebrada en la avenida Antonio Hurtado, donde se desalojó del inmueble a un total de 75 personas, realizándose el correspondiente informe por el escándalo de la fiesta y comparecencia en Comisaría por insultos a esta policía», revela el documento.

El insomnio de Guadalupe

Fue un jueves, precisamente, cuando Guadalupe Moreno, de 82 años, descolgó el teléfono a las tres de la mañana y marcó el 092. Curiosamente, reside desde hace más de tres décadas en un bloque de la avenida Antonio Hurtado. Hasta esa noche, nunca se había visto en la necesidad de llamar a la Policía. Los ruidos de sus vecinas le impedían conciliar el sueño. Se metió en la cama sobre las doce, después de ver un rato la televisión, como de costumbre. Tres horas más tarde, Guadalupe no había logrado pegar ojo.

«Ya estaba harta, me entraron unos nervios...-describe la anciana-. Estaban bailando y dando palmas; pensé que se caía la casa. Así que llamé a la Policía y vinieron rápido», relata. Pero la cosa no va a quedar ahí, avanza esta mujer que ostenta en la actualidad el cargo de presidenta de la comunidad. «Voy a ponerlo en conocimiento de la administración de fincas para que contacten con los dueños del piso y pongan orden», asegura. Sus vecinas son estudiantes. Condición que, a juicio de Guadalupe, no tiene por qué traer aparejada molestias para la comunidad. «El año pasado había otros estudiantes y nunca me dieron guerra», concluye Guadalupe Moreno. María Eugenia Calvo llamó en dos ocasiones a la Policía Local, «un jueves y un sábado», concreta. Las paredes del apartamento donde residía, en la calle Camino Llano, colindaban con los muros de una vivienda ocupada por estudiantes. Las molestias generadas por sus vecinos la llevaron, en primer lugar, a darles varios toques de atención. «Se solían callar a la media hora», recuerda. Ante la persistencia de las fiestas, optó por recurrir a la Policía Local. Pero las noches de ruidos continuaban repitiéndose.

Harta de las molestias, optó por dejar el apartamento (estaba en régimen de alquiler) y buscar otra vivienda con vecinos más silenciosos.

Desde el Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Extremadura se recuerda que está en vigor el bando del silencio, orden dictada en 1984 por el entonces alcalde Juan Iglesias Marcelo que establece que el nivel de ruidos no puede superar los 30 decibelios entre las doce de la noche y las ocho de la mañana. En verano, el bando se extiende a la franja horaria comprendida entre las tres y las cinco de la tarde.

«Siempre ha habido molestias entre vecinos, pero a raíz de la supresión del botellón los estudiantes, que en un porcentaje muy alto residen en viviendas particulares, empezaron a utilizar los pisos para hacer el botellón. Eso produjo un montón de quejas y, habitualmente, los lunes y viernes por la mañana este despacho recibe las llamadas de los vecinos indignados. Está claro que fue, fundamentalmente, a raíz de la supresión del botellón», explica Reyes Caballero, presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Extremadura.

Su experiencia a la hora de abordar esta problemática con sus clientes le ha llevado a formular un 'catálogo' para buscar posibles soluciones. La vía judicial -contemplada en la Ley de la Propiedad Horizontal- debe ser, asegura, la última opción barajada. «Cuando se entabla cualquier demanda es preciso acudir con las pruebas suficientes para demostrar las molestias y ruidos. Y en estos casos suele ser complicado», apostilla Caballero.

«En primer lugar, lo que debe hacer cualquier vecino que soporte molestias es comunicar a las personas que las provocan que corrijan su actitud. Si no lo hiciera, debería llamar a la Policía Local en el momento que se están produciendo los hechos y, a ser posible, solicitar la presencia del presidente de la comunidad. Y, si persistiese, solicitar del presidente la convocatoria de la Junta de propietarios para que ésta se manifieste al respecto», describe Reyes Caballero. «En el 99 por ciento de los casos son inquilinos y, generalmente, estudiantes», concluye.