Cáceres, al Guinness de los botellones

J. R. ALONSO DE LA TORRE

SI alguien pensaba que por prohibir las fiestas multitudinarias de los jóvenes se iban a acabar los problemas de ruido, estaba muy equivocado. El ansia de diversión es más fuerte que cualquier disposición y a los 20 años, la imaginación funciona mucho más aprisa que la ley para encontrar maneras de festejar que la vida es joven. En Cáceres está sucediendo lo que ya ha pasado en otras ciudades universitarias: se elimina el botellón de las calles y éste se atomiza y multiplica en decenas de guateques particulares mucho más difíciles de atajar. Desde hace dos años, basta echar un vistazo a los partes de la policía municipal de cada viernes para comprobar que desde los barrios juveniles de los alrededores de Colón, Moctezuma y Antonio Hurtado llegan multitud de denuncias por fiestas en pisos con el consiguiente escándalo que hace imposible dormir. La juventud es así... Siempre ha sido así... Son especialistas en organizar movidas, fiestorros, orgías, barrilones alrededor de la cerveza o botellones en torno al kalimocho. Cuando yo era joven sólo recuerdo el caso de un compañero que se divirtiera en silencio: hacía yoga. El resto preferíamos el escándalo: música, gritos, palmas, coros, risotadas. Ahora también hay algunos que tienen bastante con el tai-chi, pero lo normal, ya digo, es el despendole decibélico.

Lo del hípico no funciona, no enrolla, no mola y el jueves, al atardecer, los 'Secretos' y los 'Consumer' están 'petaos', o sea, hasta arriba de pandillas haciendo la compra: dos de ron, tres de cola, cuatro de 'fantalimón', tres cartones Don Simón, 'birras', patatas fritas y a casita. Cada jueves toca en un piso distinto para que los vecinos no revienten y la policía no sepa de antemano dónde va a estallar el escándalo. A veces cometen errores de organización como el jueves pasado, que se juntaron varias pandillas en un piso de Antonio Hurtado y batieron el récord Guinness de los guateques: 75 personas entre el salón y la alcoba. Todos los sábados se repiten noticias semejantes en la prensa local de Salamanca, Sevilla, Santiago o Valladolid. Sólo se salva Granada, pero es que allí siguen permitiendo el botellón al aire libre.