La UP convierte una finca de la Ribera en un huerto de ocio para jubilados

La Universidad Popular ha hecho extensivo el proyecto a los escolares para que tomen contacto con el campo La parcela está situada en la Ronda de Puente Vadillo

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCÁCERES

Una pared de piedra y una discreta puerta metálica marcan el límite. Es la barrera que separa el mundo del asfalto de la naturaleza en estado puro. Al otro lado del muro, una cigüeña sobrevuela el horizonte mientras un grupo de hombres enfundados en mono azul se aferran a sus aperos de labranza.

La imagen corresponde al huerto de ocio, un proyecto levantado por la Universidad Popular de Cáceres sobre un terreno de la Ronda de Puente Vadillo, en la Ribera del Marco. Hasta aquí se desplazan tres veces por semana Felipe Borrella, Tomás Jiménez, Juan Manzano, Juan Donaire, Juan José Durán, Pedro Romero y Manuel Izquierdo.

Cada uno gestiona su propia parcela de 100 metros cuadrados como mejor puede o le parece. Hay quien planta ajos; quien se empeña en adecentar la tierra y quien se las apaña para idear su estrategia con el fin de ahuyentar a los pájaros. Hasta ahora, ellos eran los únicos inquilinos de la finca.

Pero desde hace tres semanas la huerta recibe la visita de los alumnos del colegio público Prácticas. La AMPA de este centro educativo ha sido la primera en responder al llamamiento de la Universidad Popular, que quiere hacer extensiva la iniciativa a los escolares cacereños. «Es un proyecto pedagógico. Se trata de que las transferencias entre los conocimientos de los abuelos y los escolares se hagan en el terreno, en la tierra, fuera del aula, el sitio donde se trabaja. Y de que los jóvenes aprendan los valores fundamentales que llevaron a los abuelos a aprender a cultivar la tierra para alimentarse y nutrirse y, al mismo tiempo, que los abuelos se enriquezcan con las aportaciones de los jóvenes», explica a pie de campo el director de la Universidad Popular, José Antonio Pérez.

De momento, el encuentro intergeneracional no se ha producido. Los abuelos van los días laborales en horario matutino. Y los chavales acuden los miércoles por la tarde y los sábados por la mañana. La maquinaria se está engrasando.

El huerto de ocio es un proyecto joven. Tanto es así que comenzó a dar sus primeros pasos hace exactamente un año. «Comenzamos a funcionar con el grupo de la tercera edad en febrero del año pasado. Empezamos con un monitor y un mayor, con mucha ilusión y muchas ganas. Esto estaba todo abandonado», rememora Luli Durán, la responsable del área de Medio Ambiente.

Doce meses después, el panorama es bastante diferente. El terreno parece mimado y en lugar de uno, son ya 14 los jubilados que participan en el huerto de ocio.

El primero en llegar fue Felipe Borrella, un pintor retirado de 71 años. «Vinimos aquí el monitor y yo. Y luego empezó a venir más gente», recuerda mientras prepara el suelo para plantar patatas. Felipe no es profano en la materia. «Yo sabía algo porque he tenido un huerto anteriormente en Malpartida», reconoce al tiempo que alude a la labor social del huerto de ocio. «Es una distracción que tenemos aquí y, además, nos mantenemos en forma. Me encanta, disfruto mucho y me lo paso muy bien con los compañeros», apostilla. Se echa mano a la boina marrón, a cuadros, con la que cubre su cabeza y continúa con la faena.

Para hacer amigos

Las alabanzas de Felipe se repiten en boca de Tomás, los dos juanes, Juan José, Pedro y Manuel. En realidad, las palabras de Manuel responden a primeras impresiones. Es el primer día de este maestro de escuela jubilado en el huerto y aún está tomando contacto con su parcela y con los compañeros.

«Yo era maestro en Valdesalor y a mí los jardines me gustan mucho. Así que sigo yendo casi todos los días al colegio para cuidar los jardines. De momento, aquí estoy estupendamente. Hay un compañerismo estupendo».

Fue en los jardines de la escuela donde conoció a Pedro, que le animó a sumarse a la iniciativa hortelana. «Yo el campo lo conozco muy bien porque he sido mecánico agrícola y, además, mi padre fue hortelano de la Ribera. Y quieras o no, a nosotros se nos pegó algo. Esto siempre lo tenido como afición», apunta Pedro. A continuación, levanta su brazo y señala su porción de terreno. «Mira, mi huerto es ese y lo tengo muy 'apañaete'. Tengo puerros, cebollas, ajos, zanahorias, lechugas y remolacha, de esa 'coloraita' que está muy buena. Y ahora en febrero empezaré con las patatas porque cada cosa hay que sembrarla en su época», explica.

El proyecto del huerto de ocio es totalmente gratuito para los pensionistas que están inscritos en él. Cuando llega la época de la cosecha, Pedro, Tomás, Manuel y el resto de compañeros de faena vuelven a casa con bolsas de pimientos, pepinos, tomates o calabacines. Lo que dé la tierra. A cambio, la Universidad Popular les pide compromiso con la causa y colaboración con sus proyectos. De momento, la institución municipal planea hacerse cargo del cuidado de los jardines escolares en épocas de vacaciones. «Los jardines se pierden porque no tienen quien los cuide. Y queremos que los mayores se encarguen de mantenerlos y de regarlos», avanza Luli Durán.

A las dos de la tarde, la actividad cesa en esta huerta del barrio de San Blas, conocida como Finca de los Carvajales. La pequeña puerta de metal vuelve a abrirse. Esta vez para dar paso al mundo del asfalto y del ladrillo. El silencio se rompe. Regresa la urbe.