Saponi nos lleva al huerto

J. R. ALONSO DE LA TORRE

DEL monte en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto... ¿Ay el huerto! Paraíso de Virgilio, sosiego de Fray Luis, escondite de enamorados... En Cáceres aún quedan huertos de verdad. Todavía nos podemos acercar a las feraces orillas de la ribera del Marco para comprarle unas acelgas o unas lechugas recién sacadas del surco a Regino y a Telesforo. Los hermanos Acedo aún mantienen la producción de este huerto que su padre compró hace más de cien años. Muy cerca, su primo Marino también cultiva calabacines y puerros en el vecino huerto del Moral. Pero lo bueno se acaba, que llega la piqueta, los camiones ya están asfaltando los terrenos aledaños a la Huerta del Cura y pronto, toda la ribera será un primor de adosados, una delicia de parque fluvial supermono de la muerte. En otras ciudades, los huertos son un tesoro. Aquí, son terreno urbanizable y todos tan contentos porque ya se sabe que en la ciudad feliz, si la construcción progresa, todos progresamos. Me decía Josefa, la matriarca de los Rebollo, ancestrales cultivadores de huertas más abajo de la facultad de Empresariales: «Si quieren pasear por un parque, que se vayan a Cánovas». ¿Y un pimiento (del Marco)! Habrá parque con su cementito, sus farolitas y sus banquitos de forja porque en Cáceres, quien urbaniza gana.

Pero eso sí, se mantendrán algunos huertos didácticos y otros huertos para jubilados. Como en Dusseldorf y como en Don Benito porque en la ciudad feliz a didácticos y a cariñosos con la tercera edad no nos gana nadie. Saponi nos lleva al huerto para aprender a escardar cebollinos desde niños aunque luego, cuando seamos mayores, nos los tengamos que traer de los viveros de Almería. Las huertas quedarán para que las visiten los niños y las enseñen los mayores. También para que algunos jubilados se entretengan. Y todo eso es muy loable si no fuera porque dentro de nada, ya no podremos ir a comprarle zanahorias a Regino ni encontraremos sus berenjenas relucientes en el mercadillo de Aldea Moret. Muy pronto, donde Cáceres se hacía huerto, habrá paseos alicatados y urbanizaciones espléndidas. ¿Qué guay!