«La vida del artista circense no es ni mejor ni peor, sólo diferente, muy diferente»

J. J. P.PLASENCIA FOTO: PALMA

'El mayor espectáculo del mundo' ha llegado de nuevo a Plasencia, de la mano de quienes nos visitaran el año pasado. No está Fofito, pero Alberto Arriola y casi 40 artistas están dejando el pabellón de su carpa más que alto. No duda en asegurar que sus hijos serán la sexta generación en dedicarse a este circo familiar, es más, «sus nietos, la séptima». A sus 60 años, este ciudadano del mundo -ha recorrido cuatro continentes,- considera «un accidente de la naturaleza» nacer en un lugar, y «una anécdota» sentirse de un país. Hoy se despiden, con una triple sesión a las 12.00, 17.00 y 19.30 horas.

-¿El motivo de vuestro regreso?

-La satisfacción que nos devolvió el público en el pasado año. Ellos siempre son los primeros y seguro que serán los primeros en volver. Extremadura es zona de paso, pero hemos querido pararnos, divertir y divertirnos. Hacemos lo que, en principio, sabemos hacer: provocar la risa -algo que es muy sano- y la felicidad, ajena y propia.

-¿Por qué el circo y no otra forma de actuar?

-Somos artistas circenses. Es algo que va en la sangre. Y en una tradición que nos lleva a interpretar, con dotes 'teatreras' y haciendo al público partícipe de cada momento. Nuestra vida no es ni mejor ni peor, sólo diferente, muy diferente.

-Una idea romántica en la sociedad actual...

-Y masoquista. El gasto es enorme: en cada pueblo el terreno, en cada desplazamiento combustible, neumáticos,... aquí no existe el día libre. Eso sí, nos gusta trabajar en ello, como un espectáculo digno y profesional al cien por cien. Y nadie nos obliga a nada.

-Tras tanto viaje, ¿su caravana, se ha convertido en una torre de Babel?

-Hasta mis nietos, con cuatro años, balbucean tres idiomas ya. Cualquiera podemos hablar cuatro o cinco. Así, no nos consideramos extranjeros en ningún sitio.