Un testamento ejemplar

De que Francisca Borrella González, la recientemente fallecida conserje del Colegio General Navarro, era una mujer cabal da cuenta su testamento para quienes no la conocieron. Paca no tenía muchos objetos materiales que dejar a su familia y, tras 55 años como conserje del Colegio General Navarro, dejó escrito en su testamento que la casa que habitó en el recinto del colegio debía ser devuelta a la comunidad. Paca encomendó a los suyos que una de las llaves la diesen al colegio y la otra fuese entregada al Ayuntamiento.

Además, Paca encargaba a sus hijos que diesen las gracias por todo a los profesores del colegio con los que había convivido y hasta les encomendó que les regalasen flores.

Ayer, uno de sus once hijos visitó la casa del conserje en unión de la directora y garantizó que las llaves serán devueltas, aunque aún hay en el interior objetos de su madre que habrá que sacar. El hijo, que también es funcionario municipal, recordó que la vivienda fue construida por la Dirección Provincial a fines de los años 70 y entregada a su madre, que había sido limpiadora del colegio y que crió aquí a sus once hijos. Esta casa ha sido un poco el corazón de la familia, hasta el punto de que una de las hijas de Paca, interna en un colegio a causa de una disminución de sus facultades, tiene la casa del conserje como punto de referencia para pasear por el barrio sin perderse cuando vuelve a Badajoz.