Reinstalan dispositivos de ultrasonido en La Isla para el control de los topillos

La campaña se reforzará la semana que viene con una veintena de trampas a la salida de las galerías Los ejemplares que se capturen se trasladarán a zonas de ribera y fincas con un hábitat similar

PILAR ARMEROPLASENCIA

La Concejalía de Medio Ambiente ha retomado la captura de topos y topillos en La Isla. Lo primero que se ha hecho ha sido instalar medio centenar de dispositivos de ultrasonido, que se clavan y camuflan en las zonas afectadas con el fin de que emitan un pitido que ahuyenta a estos animales de tan fino oído. El siguiente paso se dará la semana que viene, con la colocación de una veintena de trampas a la salida de las galerías que excavan en la tierra, para capturarles cuando salgan.

El Ayuntamiento está llevando a cabo esta tarea con la colaboración de la empresa concesionaria del servicio de mantenimiento de parques y jardines, Cespa Magenta, y de la Sociedad Zoológica de Extremadura. Los primeros están instalando los instrumentos de apresamiento mientras que los segundos se encargarán de trasladar los ejemplares capturados a otras zonas en las que disfruten del mismo hábitat.

Así lo indicó ayer a este periódico el Concejal de Medio Ambiente, Miguel López Bueno, que explicó que esta campaña se va a mantener hasta después de verano y que se reforzará inmediatamente antes de la época estival, en la que el parque registra un incremento de visitantes que multiplica con creces el número de quienes lo frecuentan el resto del año. «Tanto el ultrasonido como las trampas se pueden mantener porque no representan ningún tipo de riesgo para la población».

En este sentido, el edil quiso hacer un llamamiento «a quienes se dedican a quitar las pilas de los aparatos de ultrasonido, para que dejen de hacerlo». Lo cierto es que este dudoso entretenimiento causa un perjuicio importante en el desarrollo de esta campaña con la que se pretende erradicar del parque a la población que le causa daño.

Ultrasonido y trampas han sido, por tanto, los métodos elegidos de nuevo por los gestores municipales para solucionar los daños que estos animales producen en La Isla desde hace años. Se ha optado por ellos frente al veneno, otra de las posibilidades para frenar a la población que se ha desestimado «porque en ningún momento queremos matar a los animales». De esta manera, a los capturados se les trasladará a zonas de ribera y de fincas próximas en las que encontrarán un hábitat similar al que tienen en el parque placentino. «Lo hacemos así porque no queremos romper la cadena trófica de esta población», señaló López Bueno.

El concejal reiteró que se trata de sistemas eficaces para reducir la población, a pesar de que no se haya conseguido con todos los ejemplares. «El ultrasonido que aplicamos el año pasado consiguió alejar a más de la mitad de los topos, pero permanecieron los topillos que se reprodujeron y son los que más abundan en el parque».

Entre uno y otro animal hay diferencias. Según la Sociedad Zoológica frente a los topos insectívoros, los topillos son roedores cuya alimentación es esencialmente hervíbora (tallos, hojas rizomas, tubérculos...), necesitan suelos con cierta humedad y lugares abiertos, al tiempo que evitan los que aparecen muy encharcados o muy pisoteados. Estos animales figuran en el catálogo regional de especies amenazadas. «Tan solo dos de las tres especies que pueden vivir en nuestra región se encuentran dentro de ese catálogo». En este sentido, señalan que están a la espera de que se produzca alguna captura para poder determinar a qué especie pertenece el que vive en La Isla. «Cuando alcanzan altas densidades pueden constituir plagas», apuntan al tiempo que señalan que son contrarios a la utilización de veneno para controlarlos «porque son alimento de diversos carnívoros de pequeño y mediano tamaño, así como de lechuzas y otras rapaces nocturnas».

La Sociedad Zoológica tampoco cree que el ultrasonido sea eficaz para ahuyentar topillos «porque el parque de La Isla es un sitio acotado y el sistema solamente servirá para hacer divagar la población por ese espacio». Su propuesta «son las trampas en vivo para capturarles y llevarles a otras zonas naturales del río, donde realmente no lleguen a causar tanto daño».